La crisis del pendrive que puso en jaque al régimen
La novela fantástica de Manuel Adorni parece estar
llegando a su final, ya que la mayoría de los políticos que sostienen al
oficialismo se han dado cuenta de que la bronca que esta ha provocado podría
convertirse en una pueblada que se los lleve puestos a todos.
Tal es así, que la oposición patronal está impulsando una
moción de censura, mecanismo establecido por la reforma constitucional de 1994,
según el cual se podría desplazar del cargo a un funcionario, con el acuerdo de
ambas cámaras.
En el Senado ya entró un proyecto de
resolución movilizado por el peronismo para acortar los plazos de la
interpelación a Adorni, mientras que en Diputados hay una sesión pedida para el
próximo 23 de junio, en la que distintos sectores de la oposición buscan
emplazar a comisión tanto la interpelación como la moción de censura contra el
funcionario, para después llevarlas a recinto y solo precisar mayoría simple
para aprobarlas[1].
Aunque el PRO de Mauricioi Macri sostuvo públicamente que
no va a acompañar esta salida, en los pasillos legislativos muchos aliados del
gobierno confiesan que no quieren pagar el costo político de verse obligados a sostener
al jefe de gabinete.
A la presión social se le suma la proveniente del “círculo
rojo”, cuyos integrantes entienden que la degradación institucional perpetrada
por la banda libertaria no favorece a las inversiones. Los capitalistas no
quieren pagar impuestos, pero tampoco grandes coimas, que funcionan, en los
hechos, como algo parecido.
La caída de Adorni será un golpe importante para el
gobierno, ya que forma parte de su núcleo vital, constituído por los pocos en
los que confían Javier y Karina Milei. Por esa razón, su salida podría generar
una hemorragia de la que el ejecutivo difícilmente se reponga.
Toda la oposición patronal, incluidos quienes ahora
promueven la moción de censura, defienden a Milei y su plan de ajuste. La
crisis económica e institucional podría empujarlos, aún si quererlo, a
sacrificar algo más que a un alfil, a la mismísima reina.
Patricia Bulrrich, que sabe de esto más que nadie, toma
cada vez más distancia de Milei. Se reacomoda para enfrentar la actual
coyuntura, pero también para posicionarse como alternativa “seria” y “honesta”
para reemplazarlo, en las elecciones o antes, si las circunstancias así lo exigen.



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