La crisis del pendrive que puso en jaque al régimen


Por Ernesto Buenaventura

La novela fantástica de Manuel Adorni parece estar llegando a su final, ya que la mayoría de los políticos que sostienen al oficialismo se han dado cuenta de que la bronca que esta ha provocado podría convertirse en una pueblada que se los lleve puestos a todos.

Tal es así, que la oposición patronal está impulsando una moción de censura, mecanismo establecido por la reforma constitucional de 1994, según el cual se podría desplazar del cargo a un funcionario, con el acuerdo de ambas cámaras.

En el Senado ya entró un proyecto de resolución movilizado por el peronismo para acortar los plazos de la interpelación a Adorni, mientras que en Diputados hay una sesión pedida para el próximo 23 de junio, en la que distintos sectores de la oposición buscan emplazar a comisión tanto la interpelación como la moción de censura contra el funcionario, para después llevarlas a recinto y solo precisar mayoría simple para aprobarlas[1].

Aunque el PRO de Mauricioi Macri sostuvo públicamente que no va a acompañar esta salida, en los pasillos legislativos muchos aliados del gobierno confiesan que no quieren pagar el costo político de verse obligados a sostener al jefe de gabinete.

A la presión social se le suma la proveniente del “círculo rojo”, cuyos integrantes entienden que la degradación institucional perpetrada por la banda libertaria no favorece a las inversiones. Los capitalistas no quieren pagar impuestos, pero tampoco grandes coimas, que funcionan, en los hechos, como algo parecido.  

La caída de Adorni será un golpe importante para el gobierno, ya que forma parte de su núcleo vital, constituído por los pocos en los que confían Javier y Karina Milei. Por esa razón, su salida podría generar una hemorragia de la que el ejecutivo difícilmente se reponga.

Toda la oposición patronal, incluidos quienes ahora promueven la moción de censura, defienden a Milei y su plan de ajuste. La crisis económica e institucional podría empujarlos, aún si quererlo, a sacrificar algo más que a un alfil, a la mismísima reina.

Patricia Bulrrich, que sabe de esto más que nadie, toma cada vez más distancia de Milei. Se reacomoda para enfrentar la actual coyuntura, pero también para posicionarse como alternativa “seria” y “honesta” para reemplazarlo, en las elecciones o antes, si las circunstancias así lo exigen. 



[1] La Nación 13/06/2026

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