A través
de un acuerdo de cooperación militar entre el la Armada Argentina y la Cuarta
Flota del Comando Sur, el gobierno de Javier Milei habilitó durante los
próximos cinco años inéditas tareas de vigilancia y monitoreo conjunto en el
mar argentino con los Estados Unidos. Tiene nombre sugestivo: “Programa de
Protección de Bienes Comunes Globales”. (Clarín, 20 de mayo)
Queda cada
vez más claro que Milei considera, igual que su ídolo -Donald Trump- que
América Latina no es otra cosa que el patio trasero de los Estados Unidos. Por
eso, no tuvo ningún empacho en entregar la soberanía del Mar Argentino a los
yanquis, que, de acuerdo a la carta de intención firmada, pasará a ser un “bien
común” con los amos del norte.
Tan lacayo
es el actual gobierno, que ni siquiera se ocupó de informar lo sucedido, tarea que quedó en manos de la embajada estadounidense: “El acuerdo de cooperación
para la vigilancia conjunta sobre la Zona Económica Exclusiva argentina fue
comunicado no por Defensa ni por Cancillería, sino por la propia embajada
estadounidense en Buenos Aires que conduce el embajador Peter Lamelas…”
(Clarín, 20 de mayo)
Esta misma
fuente explica el carácter del acuerdo: “Estados Unidos y Argentina están
lanzando el Protecting Global Commons Program para fortalecer la seguridad
marítima en el Atlántico Sur. La asociación comienza con la entrega de una
cámara especializada a bordo de una aeronave dedicada a patrullar la zona
marítima argentina. Este programa se expandirá durante los próximos cinco años
con equipamiento avanzado, entrenamiento de élite y apoyo para interceptar y
neutralizar amenazas marítimas.
Estados
Unidos se prepara para pasar de la guerra comercial a una contienda directa,
por lo tanto, las amenazas marítimas que habría que interceptar y
neutralizar, serán, en ese momento, las embarcaciones chinas o las de sus
aliados. En función de esta política, Milei está negociando la construcción de
una base militar yanqui sobre territorio argentino para vigilar
el paso interoceánico.
Mientras
esto sucede, los yanquis presionan para que la licitación que permitirá el
control de otra vía navegable clave, la “hidrovía” lleva a los ríos de
la Mesopotamia al Océano Atlántico, no caiga en manos de sus competidores asiáticos,
o de compañías que tenga vínculos con estos. Por allí circula la mayor cantidad
de materias primas que transportan a China, principalmente cereales, que son fundamentales
para su existencia.
“El
ganador operará la vía navegable troncal por los próximos 25 años, con la
posibilidad de extender el plazo por 5 años adicionales.Inversión: El proyecto
contempla inversiones cercanas a los U$S 10.000 millones para el dragado,
mantenimiento y señalización a lo largo del contrato.Impacto: Esta vía fluvial
concentra aproximadamente el 80% del comercio exterior de la Argentina”. (La Nación, 18 de mayo)
En ese
marco, la empresa que se encamina a ganar la compulsa es Jan De Nul, de origen
belga, que picó en punta porque ya ganó la licitación previa, denominada “técnica”.
Los belgas se impusieron sobre otra compañía del mismo país, DEME.
Los directivos de esta última, acusaron a sus rivales de encubrir intereses del
Partido Comunista Chino a través de sus subcontratistas.
El gobierno de Donald Trump citó a Santiago Caputo, que
viajó a Washington para analizar la evolución de este negocio. Además, la estrategia
estadounidense incluye la posibilidad de asociarse con la multinacional Deme, con empresas
propias, como Great Lakes Dredge & Dock, para estar metidos en el control del tráfico marítimo en la hidrovía.
Estos dos
acontecimientos son una nueva muestra de que la guerra comercial, entre EEUU y
China, está metida de lleno en nuestro país. No se pueden entender las internas
políticas, entre oficialistas y opositores, o dentro de cada uno de estos espacios, sin comprender a qué potencia defiende o representa cada uno de los actores
en cuestión.
Los
políticos patronales, libertarios, peronistas, radicales, macristas y demás,
están, de una u otra manera, ligados a los imperialistas que luchan por el
mercado mundial: yanquis, europeos o chinos. No habrá salida a favor de las
masas obreras y populares de la mano de ninguno de ellos, porque, de un lado o
del otro del mostrador, todos están de acuerdo en mantener el carácter
semicolonial del país.
Los y las militantes
de la izquierda revolucionaria somos los únicos y las únicas que luchamos por
la concreción de la Segunda y Definitiva Independencia Nacional, única manera
de poner los recursos al servicio de las mayorías, con un gobierno de los
trabajadores y el pueblo, que acabe con el capitalismo y sus lacayos.

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