Por Ernesto Buenaventura
La última renuncia de un funcionario de primera,
no es una más de las cientos que tuvieron lugar en estos
dos años de gobierno libertario. Se trata del mismísimo director del INDEC, Marco Lavagna,
agotado por la puja con el ejecutivo sobre los números de la inflación, ya que el nuevo índice, que Lavagna quiso aplicar, fue
boicoteado constantemente por el ministerio de economía.
Lavagna no quería volver a pagar el costo político de retrasar la salida del nuevo termómetro para medir la inflación. Quienes conocen el trabajo de la Dirección Nacional de Estadísticas de Precios del organismo, cuentan que
el nuevo índice estaba listo desde marzo
pasado.
Se postergó por algunas
cuestiones técnicas —ajustes en las canastas de varias provincias—, pero, sobre todo —advirtieron los malpensados—, por las elecciones legislativas. El proceso
de desinflación no podía ponerse en riesgo en las urnas. Lavagna, en
esta vuelta, no estaba dispuesto a no publicarlo. (La Nación 02/02/2926)
El nuevo termómetro inflacionario era una bomba para un año electoral, pero también peligroso para después de estas, porque, de imponerse, pondría en cuestión el “logro” más significativo
de la gestión libertaria: el supuesto retroceso del
aumento de los precios y tarifas.
Milei necesita demostrar
lo contrario y aferrarse a esa patraña, porque la
aparición del índice real dispararía una serie de variables, como el riesgo país y la imposibilidad de seguir endeudándose. En ese sentido, esta renuncia no es
importante por el funcionario que se retira, sino por la olla que destapa.
Los libertarios
están actuando igual que los kirchneristas, a los
que acusaron de mentirosos, manejando arbitráriamento los números del INDEC. Que el pueblo se termine de
dar cuenta de estas maniobras, sería un golpe
mortal para Javier Milei, que hizo toda su campaña diferenciándose de Cristina y sus secuaces. ¡Una demostración práctica de que
son más que parecidos!
En medio de una
situación social catastrófica y a punto de meter en el Congreso la
reforma laboral, esta renuncia abre un nuevo frente entre todas las peleas
internas del gobierno. Cuestiona el relato libertario sobre la baja de la
inflación, justo cuando el gobierno acaba de
habilitar la posibilidad de que se implemente un nuevo tarifazo en los
servicios esenciales.
Si se impone
esta decisión, a partir del 1 de Febrero, aumentarán los precios del gas, la electricidad y la
medicina prepaga, lo cual, junto a la nueva quita de subsidios, será un mazazo tremendo para el bolsillo de buena
parte de la población que votó a Milei y compañía.
Es probable que,
tras la renuncia de Lavagna, el nuevo director del INDEC continúe dibujando los números de la inflación. Lo que no podrá tergiversar es que el plan de ajuste
libertario ataca los derechos y el nivel de vida de la mayoría, una situación que, más pronto de lo que muchos vaticinan, provocará nuevas y más potentes explosiones sociales. Hasta ahora,
esto no sucede, gracias al aporte del peronismo y su mafia sindical, que ha
jugado el papel de bombero del ajuste.
La izquierda y los sectores combativos de verdad, tienen que ponerse al frente de la resistencia, de manera de aparecer como una alternativa capaz de reemplazar a estos gangsters y avanzar hacia la cada vez más necesaria coordinación de las luchas que dé lugar al Argentinazo que eche a todos a patadas.

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