Este miércoles, los trabajadores de Fate se encontraron
con los portones cerrados de la fábrica. Para justificarlo, la empresa emitió
un comunicado en el que aludía a muchas dificultades, entre ellas las cargas
laborales. La realidad es que, al igual que muchas otras compañías locales,
Fate fue perdiendo mercados, un proceso que se aceleró a partir de la apertura
a las importaciones promovida por el gobierno nacional.
El cierre no fue un evento repentino, sino el resultado de una
erosión sistemática de la competitividad que la empresa venía denunciando desde
hace tiempo. Los factores que terminaron por dinamitar la estructura productiva
de Fate se pueden resumir en tres ejes críticos, entre ellos el crecimiento de
las importaciones chinas y la imposibilidad de competir con los precios de ese
origen; el laberinto macroeconómico que combinó carga impositiva, restricciones
cambiarias y falta de incentivos para la exportación[i].
El
mercado externo representaba, hasta hace poco, dos tercios del destino de la
producción de Fate, razó por la cual no se puede separar su crisis -y la del
resto de las fábricas de neumáticos- de la situación crítica que recorrer al
conjunto de la economía mundial, en la cual existe un factor que hoy determina
todas las relaciones comerciales y la producción, la guerra comercial entre
EEUU y China.
Las exportaciones alcanzan casi dos tercios de la producción total
y se destinan a los principales mercados del mundo, tales como Europa y los
Estados Unidos[ii]. Desde que Trump
inició la guerra arancelaria y el acuerdo comercial con Milei ese mercado se
redujo al tiempo que se incrementaron las importaciones, eso significó también
la reducción del mercado local para las empresas nacionales.
En total, en 2025 se importaron 7.800.000 de neumáticos sobre un
mercado que supera levemente los 10.000.000 de unidades anuales. El aumento de
las importaciones de neumáticos fue de un 44% interanual. Hoy, el mercado del
neumático en Argentina está compuesto aproximadamente por un 75% de productos
importados entre los cuales el 60% corresponde a marcas chinas[iii].
Ese
es el factor principal del cierre de Fate, no los costos laborales ni las
protestas gremiales, como argumenta la empresa en su comunicado, a tono con el
gobierno y su discurso de justificación de la reforma laboral. Es más que
probable que Madanes Quintanilla, el dueño de Fate, apueste a contratar a
nuevos empleados bajo las condiciones de súper explotación que le brinde la
reforma en curso.
La
mentira de los costos laborales
La
planta histórica de San Fernando tiene una capacidad de producción de 5
millones de unidades por año. Sin embargo, a raíz de la crisis y la pérdida de
mercados, la producción bajó a 150000 unidades, con neumáticos que oscilan
entre los 100000 y el millón de pesos en el mercado local. Es decir, que, con
una producción media -tirando para abajo- la fábrica podía cubrir los salarios
de un mes con apenas tres días de producción. Esto le permite pagar sueldos
cercanos a los 2 millones de pesos, aunque, de promedio, los de Fate, son menores.
Siempre
los capitalistas se quejan de los costos laborales, aunque la realidad es que
el capital vive y crece a partir del trabajo “vivo” o humano, que es en el
lugar en que nacen -plusvalía mediante- las ganancias empresariales. En tiempos
de crisis, como el actual, estos capitalistas dejan de producir lo que hicieron
siempre, para migrar a otra rama de la industria, a las importaciones o a las colocaciones
financieras.
Puede
que Madanes haga esto, o, como decimos al principio, se juegue a contratar nuevos
operarios que cumplan sus tareas en condiciones casi esclavistas, de manera de “competir”
con los bajísimos salarios y altísimos niveles de súper explotación de las
empresas chinas y asiáticas en general.
Más
allá de esto, los que perderán serán los trabajadores de Fate, los que queden
afuera, la mayoría, o aquellos que tengan la “suerte” de reingresar bajo la
normativa de la Reforma Laboral. Por eso, los operarios de esa empresa, junto a
sus familias, vecinos y el pueblo en general, deben luchar para que la fábrica
se mantenga en pie con los actuales derechos laborales y salarios.
Para
eso, habrá que exigirles a los representantes del Estado, especialmente al de
la provincia de Buenos Aires, que estatice la compañía e invierta los fondos
suficientes para que funcione bajo control de sus propios trabajadores. Con
inversiones estatales se podrán fabricar neumáticos baratos para proveer a las
industrias automotrices locales, algo que también se podría hacer con el resto
de las fábricas autopartistas, que están tan en crisis como Fate.

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