Por Damián Quevedo
El saldo anual
del gobierno libertario parece positivo, sobre todo por los avances conseguidos
en el Congreso, como la última sanción de la ley presupuestaria. Sin embargo, las realidad
no ha sido tan buena para el oficialismo, tal como caracterizan los medios y buena parte de la
izquierda.
Desde los
primeros intentos de ajuste por parte de Milei, hubo grandes conflictos y
movilizaciones, algunas de las cuales hicieron retroceder los planes más reaccionarios del gobierno, como sucedió luego de las grandes concentraciones universitarias,
la salud o la discapacidad.
En lo que va de la gestión de Javier Milei como presidente, en
Argentina se registraron 629 conflictos y cierres de empresas entre 2024 y
2025, según un relevamiento federal realizado
por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), donde se exponen
despidos, suspensiones, cierres, quiebras y crisis productivas en distintas
provincias del país, con impacto
directo en sectores industriales, comerciales y de servicios, y con
trabajadores afectados en todo el territorio nacional. (Perfíl, 01/01/2026)
Estas luchas,
en las que participó activamente la izquierda,
tuvieron lugar a pesar del boicot activo de la CGT y el peronismo en todos sus
envases, por lo tanto, estos conflictos tuvieron un carácter antiburocrático. En ese marco, está desarrollándose una dinámica de autoconvocatorias que se apoyan en mecanismos democráticos, principalmente asambleas de base.
Los números de la economía tampoco son favorables, ya
que se multiplicaron los cierres de empresas, la salida de capitales y los despidos.
A este panorama, hay que agregarle los vencimientos de deuda y los límites para acceder al mercado de capitales, un problema que se agravó debido a la negativa de Donald Trump a seguir enviando
dólares.
Por otra parte, la crisis del régimen involucra a los dos partidos más importantes, La Liberta Avanza y el Peronismo,
que están cruzados por internas feroces, que tienden a crecer y radicalizarse. Esta situación, además de debilitar al gobierno, impide que exista
una alternativa fuerte y creible de recambio en caso de que todo se vaya al
carajo, como en 2001.
La lucha feroz
entre las distintas bandas del peronismo le brindan a la izquierda una nueva e
importante oportunidad para ganar la dirección de sectores significativos del movimiento
de masas, para lo cual debe trazar rayas claras con el PJ y todas sus bandas.

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