La incursión yanqui en territorio venezolano no resultó sorpresiva, aunque sí su desenlace, o, al menos, el primer capítulo de este verdadero y patético culebrón caribeño. En ese sentido, lo sorprendente fue la falta de
resistencia por parte de la guardia presidencial, que no habría tirado ni un sólo tiro para impedir la captura del dictador bolivariano.
El operativo
fue expeditivo, porque los yanquis lo habrían preparado en una réplica exacta de la casa de seguridad madurista.
¡Sin embargo, es habitual que este tipo de estructuras no sólo tengan habitaciones blindadas y
alarmas, sino cantidades industriales de soldados de “elite”, que aquí brillaron por su ausencia, o, quizá, por su complacencia para con los
integrandes de la “Delta Force” yanqui!
Pareciera que
estos, en vez de luchar cuerpo a cuerpo con los comandos enemigos, “derramando hasta la última gota de sangre para cumplir con su
obligación”, les abrieron
las puertas para que los marines cumplan eficientemente con la tarea de secuestrar a Maduro
y a su esposa.
También llama la atención la actitud de Donald Trump, que, al hablar
del futuro inmediato de Venezuela, descartó la posibilidad de que el partido de María Corina Machado se haga cargo del poder.
Para Trump, quien llevará adelante la “transición” será la vice de Maduro, Delcy Rodríguez.
En la conferencia de prensa en la que Donald
Trump anunció la captura de Maduro, le preguntaron
si había hablado con María Corina Machado. La líder opositora viene de ganar el Nobel de la
Paz, un premio al que aspiraba el presidente norteamericano. Trump no solo negó cualquier contacto sino que la tiró abajo del camión: “es una mujer
muy agradable pero no tiene el apoyo ni el respeto de su país”.
En cambio, admitió negociaciones con Delcy Rodríguez, la vicepresidenta de Maduro que recibió la noticia de la operación en seguridad, como si alguien le hubiera
avisado a tiempo. Qué caro le salió el Nobel a la democracia venezolana. (La
Nación 03/01/2025)
Es llamativo
también, que la vicepresidente estuviera en Rusia
al momento del ataque estadounidense, del cual salió limpia toda la cúpula chavista, incluido Diosdado Cabello, uno
de los principales cuadros de la dictadura.
Si, en palabras
de Trump, la oposición de derecha no es representativa ni tiene
autoridad para poner orden, y, al mismo tiempo, reconoce que estuvo y continuará negociando con un sector del chavismo, lo más probable es que la transición de la que habla la Casa Blanca tenga como
protagonista a la burocracia chavista, pero sin Maduro.
Si hubo
colaboración chavista estaríamos ante una
especie de golpe dentro de la misma dictadura, pero con injerencia directa del
imperialismo yanqui. Gracias a todo esto, Trump habría logrado acercar a la burocracia militar
venezolana hacia sus intereses, volviendo a las raíces, ya que Hugo Chávez siempre tuvo una buena relación con Estados Unidos, especialmente con las
administraciones demócratas.
El ejército venezolano, en vez de prepararse y
preparar al país para una confrontación mayor con los yanquis, declaró el estado de excepción, una medida destinada a evitar la
movilización popular, como la que podrían protagonizar quienes reclamen el reemplazo
de la dictadura por la fórmula
presidencial a la que le robaron el resultado electoral.
Esta decisión se tómó en sintonía con la línea de Trump, que, al mismo tiempo que se dictaminaba una nueva restricción a los derechos ciudadanos, declaraba la “ineptitud” de María Corina y los suyos. El pacto entre Trump y la casta bolivariana podría tener un efecto no buscado por sus protagonistas, empujando al movimiento de masas a enfrentarlo para exigir que se cumpla la voluntad popular, que fue negada mediante el fraude electoral.
La burguesía internacional está preocupada por
el probable pacto entre Putin y Trump, gracias al cual cada uno de estos personajes haría, de acá en más, lo que
quiera con sus respectivos patios traseros o zonas de influencia, Trump en América Latina y Putin en
Ucrania. Xi Xin Ping podría sentirse libre para invadir Taiwan.

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