martes, 23 de diciembre de 2025

Detrás de una aparente fortaleza, sigue avanzando la crisis libertaria


Por Damián Quevedo

A pesar del triunfalismo post electoral, el gobierno sigue sin poder mostrar otro logro que no sea la relativa estabilidad cambiaria y el mentiroso descenso de la inflación. La mayoría de la población no para de perder capacidad de compra, conquistas y puestos de trabajo, razón más que suficiente para que aumente la bronca del conjunto.

En ese sentido, el último informe del INDEC -comparando la actividad mensual de este año con la del año pasado- demostró la existencia de un fuertísimo parate de la producción, a pesar de que algunas ramas del capital han crecido, como muchos negocios relacionados a la timba financiera.

El desglose sectorial del EMAE, Estimador Mensual de Actividad Económica, muestra con claridad ese comportamiento desigual. En octubre, doce de los sectores que integran el indicador registraron subas interanuales, pero el crecimiento estuvo fuertemente concentrado en actividades financieras y en servicios asociados a la intermediación y los activos.

La intermediación financiera creció 22,8 por ciento interanual y fue el sector de mayor incidencia positiva sobre el nivel general, impulsada principalmente por la mayor actividad de agentes y sociedades de bolsa. A eso se sumaron las actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler, que avanzaron 3,9 por ciento.

Sin embargo, ese dinamismo no logró compensar la debilidad de sectores clave para el empleo y la producción. La industria manufacturera volvió a mostrar una caída interanual, con una baja del 2,7 por ciento, y fue el rubro de mayor incidencia negativa en el EMAE. También se registraron retrocesos en la administración pública y defensa, y en hoteles y restaurantes, lo que da cuenta de un enfriamiento más amplio que trasciende a un solo sector. (Clarín, 22 de diciembre)

Estas no son las únicas malas noticias para el gobierno, que, después del triunfo electoral, creyó que podía avanzar rápidamente con el presupuesto y la reforma laboral. ¡Tuvo que retroceder en chancletas, no por la buena voluntad de los legisladores peronistas, sino porque estos y otros opositores se dieron cuenta de que la motosierra va perdiendo adeptos y se puede engranar en cualquier momento!

Los peronistas saben, que si el ajuste va demasiado rápido y a fondo, la pérdida de paciencia obrera y popular puede derivar en otra rebelión popular. La misma lectura hizo la burocracia sindical, que convocó a un acto e incluso podría decretar un paro nacional, no para enfrentar los planes del gobierno,  sino para descomprimir y garantizar la gobernabilidad capitalista.

Esta gente, que sabe cómo frenar o desviar movilizaciones y puebladas, se dio cuenta de que la tendencia general no es hacia la estabilización, sino todo lo contrario. Los representantes del “partido del orden” intuyen la proximidad de una gran explosión social -sin su tutelaje contrarrevolucionario- razón por la cual, ya se están dedicando a lanzar litros y litros de agua para apagar el fuego de la rebelión.

Lamentablemente, la mayoría de la izquierda -como el FITU- no se prepara para aprovechar estas circunstancias -más que favorables- para disputar la conducción de los trabajadores y el pueblo, postulándose audazmente como la única alternativa capaz de sacar al país de la crisis. Cuando los combates sociales crezcan y se radicalizan, la consciencia de los sectores en lucha pegará grandes saltos y surgirá una vanguardia dispuesta a abrazar las ideas de la revolución social. 

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