La crisis general del capitalista está haciendo estragos
en todas partes del mundo. Ahora, las señales de alerta provienen de Japón, una
potencia menor, si se la compara con Estados Unidos, China o la
Unión Europea, pero potencia imperialista al fin.
La inyección fue dirigida a subsidiar el transporte y los servicios -como el gas y la electricidad- lo que expresa la existencia de un nivel importante de estancamiento de la economía japonesa, que obliga al gobierno de ese país a meter mano para apalancar el consumo.
Japón volvió a colocarse esta semana en el centro de la escena financiera internacional. El Gobierno de Sanae Takaichi aprobó un paquete fiscal histórico, en medio de un repunte inflacionario, tensiones crecientes en el mercado de bonos soberanos y renovadas presiones sobre el yen. El conjunto de estos factores desató un fuerte reajuste en los mercados y alimentó la percepción de que la economía japonesa ingresa en una etapa de elevada volatilidad con impacto global[1].
Esta intervención financiera fue acompañada con una emisión de bonos por parte del banco central, que hizo que el imperialismo japonés incremente su ya alto nivel de endeudamiento. Esto culminará con una crisis mayor, porque, cuanto más se endeuda el Estado, menos apuestan a la compra de los bonos que emite.
El impacto internacional de la crisis japonesa
El comercio exterior es un elemento esencial de la economía japonesa, pero el país no es totalmente abierto e impone amplias barreras no arancelarias, sobre todo en el sector agrícola. Japón figura entre los mayores exportadores e importadores de mercancías del mundo, razón por la cual su comercio exterior representa el 45% del PIB, según cifras provenientes del Banco Mundial.
El país exporta principalmente vehículos de motor (15,4% de todas las exportaciones en 2023), siendo el tercer exportador mundial de automóviles, circuitos electrónicos integrados (4,3%), piezas y accesorios para vehículos de motor (3,8%), semiconductores y artículos relacionados (3,5%), y máquinas de movimiento de tierras (1,9%). Las principales importaciones del país incluyen aceites de petróleo (10,8%) y gases (7%), carbón (5,6%), circuitos electrónicos integrados (3,9%) y teléfonos (3,7% - datos Comtrade para 2023)[2].
Los principales socios comerciales de Japón son EEUU, China, Corea del sur, Hong Kong y Tailandia. Al mismo tiempo, el imperialismo nipón está metido en una pelea salvaje con buena parte de sus socios, que tiene que ver con la guerra comercial que cruza a todo el planeta, principalmente entre yanquis y chinos.
En este marco, el nivel de entrelazamiento mundial de la
economía, implica que una crisis en un país con las características que tiene
Japón, tendrá repercusiones globales y golpeará duro al resto de las potencias,
que están inmersas en la misma crisis que afecta a todo el sistema capitalista.
Mientras todo esto sucede, el movimiento de masas, con su vanguardia asiática -muy cerca de Japón- comenzó a despertarse, a partir de las rebeliones contra los gobiernos corruptos de Sri Lanka, Nepal e Indonesia, un ascenso, que, combinado con la crisis de los capitalistas, abrirá las puertas a una nueva oleada revolucionaria que pondrá a la burguesía mundial contra las cuerdas.

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