Por Musa Arden
A pesar del resultado de las elecciones y el acuerdo con EEUU, el proceso judicial relacionado a las coimas de la banda de Karina y Lule Menem en la Agencia Nacional de Discapacidad, continúa avanzando. Esto es importante, porque, en general, las causas judiciales que implican a funcionarios gubernamentales, no avanzan hasta que cambia el gobierno al que pertenecen.
Esta regla, que se aplicó para las causas que involucraron a Menem y Cristina Kirchner -por las que fueron condenados- no aplica con los Milei, ya que si el fiscal en cuestión profundiza la investigación puede llegar al mismísimo presidente de la Nación, que, además, está manchado por la promoción de la estafa con las criptomonedas, en el “Caso Libra”.
“Las evidencias recolectadas comienzan a confirmar lo que decía Spagnuolo en los audios”, indicó una fuente judicial a LA NACION. Aludía a los audios que salieron a la luz en los días previos a las elecciones bonaerense del 7 de septiembre pasado, en los que el entonces abogado particular del presidente Javier Milei y titular de la Andis detalla cobros de sobornos, el rol de Garbellini como recaudador entre las droguerías, y el envío hacia “arriba” de los retornos, con alusiones explícitas a Eduardo “Lule” Menem y a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei[1].
La situación actual es muy distinta a la que existía en épocas de los gobiernos de Menem y Cristina, que, a pesar de las crisis que tuvieron que soportar, ninguna se compara con la actual. La economía está sostenida con los alfileres del Swap yanqui y el ejecutivo nacional sale de una para meterse en otra.
La burguesía, que es consciente de la extrema debilidad del oficialismo, prepara, por si acaso, alternativas de recambio, para lo cual debe contar con una carta “destituyente”, a través de este tipo de procesos judiciales, que, de llegar hasta el final, pueden tumbar a cualquier presidente, mediante un juicio político u otra variante parecida.
Pero, también sucede, que, en este tipo de situaciones, las divisiones de la burguesía, que se multiplican -porque la torta no alcanza para todos- da lugar a que un sector le pegue al otro con munición pesada. No hay que descartar que la causa contra el núcleo duro de la presidencia, esté siendo motorizada por una fracción capitalista que se siente afectada por el plan Milei-Trump o no recibe lo que cree justo en el reparto de los negociados.
Esta división entre los de arriba, que tiene lugar dentro del círculo libertario, también existe en el principal partido de la oposición, el peronismo, donde las bandas lideradas por Cristina y Kicillof, están metidas en una guerra sin cuartel. La división internacional entre yanquis y chinos, aquí, como en las filas del oficialismo, es otro de los dinamizadores de las disputas, ya que las diferentes fracciones de la burguesía tienden a alinearse con una u otra potencia.
Por todo esto, lo más probable es que la causa de corrupción libertaria continúe avanzando y culmine -antes de lo previsto- con un jaque mate al gobierno, que dinamice la crisis de los de arriba y empuje a los de abajo a ganar las calles. La izquierda debe prepararse para esta perspectiva, jugándose a liderar a los trabajadores en lucha con el programa de la revolución socialista.

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