Por Ernesto Buenaventura
La olla destapada de las coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad, complica cada vez más al gobierno nacional. No a funcionarios de segunda o tercera línea, sino al corazón mismo del gobierno, el núcleo duro que rodea al presidente, formado por el ministro Caputo y Karina Milei.
Hasta ahora, ha sido imputado Miguel Ángel Calvete, un operador político de siempre, integrante del MODIN de Aldo Rico, más tarde del Kirchnerismo, y, después, funcionario del gobierno de Cambiemos entre 2015 y 2019. Este personaje, que realizaba todo tipo de operaciones entre empresarios y agentes estatales, dirigía en los hechos la ANDIS.
Por
eso, para la justicia, Calvete era una especie de jefe en las sombras de la
agencia, el que daba las órdenes que ejecutaban Spagnuolo y compañía. Entre los
principales engranajes de esta maquinaria coimera estaba su hija, Ornella, que
formaba parte de la plantilla, con un cargo de cierta importancia, en el
ministerio de economía.
La
caída de Ornella Calvete confirmó que el caso no se limitaba a un operador
externo. Con un perfil técnico dentro del Ministerio de Economía, manejaba
expedientes, circuitos de pago y flujos de información interna. Su rol la
convertía en un punto de acceso privilegiado para destrabar fondos y agilizar
decisiones sensibles.
El
hallazgo de 700.000 dólares en efectivo en su departamento, y los chats con su
padre donde se mencionan montos, contactos y porcentajes, la dejó al borde de
la imputación. Su renuncia inmediata fue el reconocimiento político de su
ubicación dentro del esquema, a mitad de camino entre lo administrativo y lo
delictivo. (Clarín,
21 de noviembre)
Junto a la hija del jefe de la banda, apareció la pareja de esta, Javier Cardini, que también es funcionario del ministerio de economía y llegó allí de la mano de Santiago Caputo. Cardini no es un jugador menor, sino un colaborador más que cercano del “mago del Kremlin”.
Este
esquema -con cuadernos de notas donde aparecen empresas, funcionarios de alto
nivel y hasta en narco extraditado, Fred Machado- no podría haber existido sin
el conocimiento de los hermanos Milei, acostumbrados a pedir “retornos” desde que
se hicieron cargo del poder.
La corrupción es un aspecto propio de todos los gobiernos patronales, el capitalismo funciona imponiendo leyes y violando sus propias leyes de acuerdo a las necesidades de las fracciones burguesas que controlan el Estado. Por esa razón, los dirigentes políticos, para garantizarles las ganancias a los empresarios, toman, de maneras distintas, una parte de estas.
Esta “casta”, de la que también forman parte Milei, Karina y demás libertarios, no sostiene los negocios del capitalismo por una mera cuestión ideológica, sino por su propio interés, que es el de enriquecerse, metiendo la mano en las arcas del Estado y recibiendo todo tipo de dádivas de parte del empresariado al que representa o pretende representar.
Las coimas, igual que las ganancias patronales, salen del mismo lado: el trabajo de la clase trabajadora y el saqueo de los recursos. Por lo tanto, para acabar realmente con la corrupción estatal hay que acabar con la causa central de la misma, el capitalismo, reemplazándolo por un sistema más eficiente, humano y transparente: el Socialismo, el verdadero, no su caricatura chavista, stalinista o “nacional y popular”.
Las últimas rebeliones asiáticas, como las de Nepal, Indonesia y Sri Lanka comenzaron como procesos de lucha contra la corrupción gubernamental. En un sentido, la caída en desgracia del peronismo es el producto de este repudio social para con los funcionarios que se enriquecieron de manea obscena, como Cristina y su séquito.
Milei
llegó al gobierno con votos de una parte importante de la sociedad que se cansó
de los chanchullos de la “la casta”, los políticos privilegiados que se meten
al Estado para afanar. De seguir así, tanto Javier, Karina y compañía tomarán
la misma medicina, porque el pueblo puede tener cierto grado de paciencia,
pero, cuando se cansa, explota. La izquierda revolucionaria, que debe ayudar a
que esto suceda, tiene que proponerse como alternativa.

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