El gobierno nacional acaba de firmar un acuerdo de sumisión
y entrega de la soberanía con Estados Unidos, similar al que firmaron Guatemala,
El Salvador y Ecuador, y significa la liquidación de las restricciones para el
ingreso de productos yanquis y la entrega de gran parte de los recursos a las
empresas extractivistas de esa potencia. Todo esto, con el claro propósito de
frenar la penetración de las mercancías chinas, que han ganado una porción significativa
del mercado en el “patio trasero” de Trump.
El anuncio que había sido anticipado sin ningún detalle
el lunes para marcar la apertura de la semana con buenas noticias confirma que
el Gobierno está decidido a hacer las tareas que sean necesarias para obtener
las promesas de inversiones que surgen de ese alineamiento, así como para
cumplir con compromisos ya antes refrendados, sobre todo al momento de recibir
el rescate preelectoral estadounidense.
Por otra parte, exhibe la decisión de los Estados Unidos
de poner pie en la región y hacer algunas concesiones en el plano del
intercambio comercial con aquellos que se alineen, pero que también acepten una
serie de condiciones relevantes. Y, como se interpreta de uno de los puntos de
lo acordado busca complicarles el acceso a productos de origen chinos. Algunas
zanahorias, mientras les muestra el palo a los díscolos. (La Nación, 14 de
noviembre)
Incluso para este diario, que representa y defiende a los
capitalistas más concentrados y a la vieja oligarquía agropecuaria, este
acuerdo no resultará ventajoso para el país. Así lo explica Claudio Jacquelin, uno
de sus editorialistas:
Para empezar, desde lo numérico se puede contabilizar que
la Argentina asume el doble de compromisos que los Estados Unidos, aunque
algunas fuentes diplomáticas más estrictas consideran que la relación es de 5 a
1 en cuanto a obligaciones y que hay un tercio que son compartidas. El Gobierno
justifica esa diferencia en las rémoras de país anti libre mercado heredado
que, como se sabe, incluyen prácticas, leyes y restricciones que conspiran
contra el libre comercio, consideradas como causales centrales de la decadencia
argentina.
Jacquelin y el staff de La Nación tomaron nota de que
Estados Unidos exige demasiado, detrás de una vaga promesa de “realizar
inversiones”. Las exigencias tienen que ver con las denominadas “reformas
estructurales” que intentó llevar adelante el macrismo y Javier Milei pretende
cumplimentar, fundamentalmente un avance en la destrucción de los derechos y
las conquistas obreras.
Los compromisos de uno y de otro país son de distinta
naturaleza. Las asimetrías, así como la necesidad de adecuar normas, políticas
y prácticas, están más que claras. Por un lado, operan como impulso para las
reformas estructurales que el Gobierno debe y quiere encarar, según muchos.
Desde otra perspectiva, son una exigencia ineludible de cumplimiento
obligatorio y de resultado abierto. Manos a la obra, es el imperativo. (La
Nación, 14 de noviembre, 2025)
En ese sentido, una de las aperturas más significativas del
mercado nacional sucederá dentro de uno de los mercados más poderosos del país,
el agroganadero. Esta penetración inédita tiene que ver con la necesidad de
Trump de complacer a sus “farmers” - productores agropecuarios- que cuestionaron
a su gobierno por colaborar con Argentina en vez de atender sus demandas.
En este punto el comunicado resalta que Argentina abrió
su mercado al ganado bovino vivo estadounidense, se comprometió a permitir el
acceso de aves de corral estadounidenses en un año y acordó no restringir el
acceso a productos que utilizan ciertas denominaciones para quesos y carnes. A
su vez, simplificará los procesos de registro para carne de res, productos
cárnicos, vísceras y productos porcinos de EE.UU., y no exigirá el registro de
instalaciones para importaciones de lácteos estadounidenses. Ambos países
colaborarán para abordar barreras no arancelarias que afectan el comercio de
alimentos. (La Nación, 14 de noviembre)
Un sector de la oposición patronal, que incluye a al
peronismo ligado a las fracciones burguesas extractivistas que se beneficiarían
con el acuerdo, se alineará detrás de Milei. El otro, empezando por los partidarios
de Kicillof, se opondrán, no porque vean la necesidad de acabar con la
dependencia, sino porque trabajan para que el país dependa de otro amo, ya que expresan
los intereses de las patronales que ganan fortunas comercializando con el
imperialismo que compite con los yanquis, China.
Unos y otros discuten entre sí, pero coinciden en lo mismo: quieren
ponerse el traje de virreyes de la recolonización, de súbditos de una u otra
potencia. En ese marco, la lucha entre estas bandas de facinerosos dinamizará la
lucha de clases en general y debilitará al régimen de conjunto. Los
trabajadores, sin tomar partido por ninguna parte, deberán aprovechar sus
contradicciones para ganar las calles y luchar de manera independiente.
Uno de los ejes del programa que debe orientar la
resistencia obrera y popular, es la necesidad de acabar con la dominación
imperialista para conquistar la Segunda y Definitiva Independencia, sin la cual
no existirá ninguna posibilidad de industrializar al país y desarrollarlo en
serio. Esta se podrá lograr con una revolución social que dé lugar al gobierno del
único sector social capaz de emprender este cambio, porque es el que más se
beneficiará, la clase trabajadora y el pueblo pobre.

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