viernes, 14 de noviembre de 2025

Acuerdo Trump-Milei para profundizar la recolonización ¡Fuera yanquis de Argentina, fuera China y todos los imperialismos!


Por Juan Giglio

El gobierno nacional acaba de firmar un acuerdo de sumisión y entrega de la soberanía con Estados Unidos, similar al que firmaron Guatemala, El Salvador y Ecuador, y significa la liquidación de las restricciones para el ingreso de productos yanquis y la entrega de gran parte de los recursos a las empresas extractivistas de esa potencia. Todo esto, con el claro propósito de frenar la penetración de las mercancías chinas, que han ganado una porción significativa del mercado en el “patio trasero” de Trump.

El anuncio que había sido anticipado sin ningún detalle el lunes para marcar la apertura de la semana con buenas noticias confirma que el Gobierno está decidido a hacer las tareas que sean necesarias para obtener las promesas de inversiones que surgen de ese alineamiento, así como para cumplir con compromisos ya antes refrendados, sobre todo al momento de recibir el rescate preelectoral estadounidense.

Por otra parte, exhibe la decisión de los Estados Unidos de poner pie en la región y hacer algunas concesiones en el plano del intercambio comercial con aquellos que se alineen, pero que también acepten una serie de condiciones relevantes. Y, como se interpreta de uno de los puntos de lo acordado busca complicarles el acceso a productos de origen chinos. Algunas zanahorias, mientras les muestra el palo a los díscolos. (La Nación, 14 de noviembre)

Incluso para este diario, que representa y defiende a los capitalistas más concentrados y a la vieja oligarquía agropecuaria, este acuerdo no resultará ventajoso para el país. Así lo explica Claudio Jacquelin, uno de sus editorialistas:

Para empezar, desde lo numérico se puede contabilizar que la Argentina asume el doble de compromisos que los Estados Unidos, aunque algunas fuentes diplomáticas más estrictas consideran que la relación es de 5 a 1 en cuanto a obligaciones y que hay un tercio que son compartidas. El Gobierno justifica esa diferencia en las rémoras de país anti libre mercado heredado que, como se sabe, incluyen prácticas, leyes y restricciones que conspiran contra el libre comercio, consideradas como causales centrales de la decadencia argentina.

Jacquelin y el staff de La Nación tomaron nota de que Estados Unidos exige demasiado, detrás de una vaga promesa de “realizar inversiones”. Las exigencias tienen que ver con las denominadas “reformas estructurales” que intentó llevar adelante el macrismo y Javier Milei pretende cumplimentar, fundamentalmente un avance en la destrucción de los derechos y las conquistas obreras.

Los compromisos de uno y de otro país son de distinta naturaleza. Las asimetrías, así como la necesidad de adecuar normas, políticas y prácticas, están más que claras. Por un lado, operan como impulso para las reformas estructurales que el Gobierno debe y quiere encarar, según muchos. Desde otra perspectiva, son una exigencia ineludible de cumplimiento obligatorio y de resultado abierto. Manos a la obra, es el imperativo. (La Nación, 14 de noviembre, 2025)

En ese sentido, una de las aperturas más significativas del mercado nacional sucederá dentro de uno de los mercados más poderosos del país, el agroganadero. Esta penetración inédita tiene que ver con la necesidad de Trump de complacer a sus “farmers” - productores agropecuarios- que cuestionaron a su gobierno por colaborar con Argentina en vez de atender sus demandas.

En este punto el comunicado resalta que Argentina abrió su mercado al ganado bovino vivo estadounidense, se comprometió a permitir el acceso de aves de corral estadounidenses en un año y acordó no restringir el acceso a productos que utilizan ciertas denominaciones para quesos y carnes. A su vez, simplificará los procesos de registro para carne de res, productos cárnicos, vísceras y productos porcinos de EE.UU., y no exigirá el registro de instalaciones para importaciones de lácteos estadounidenses. Ambos países colaborarán para abordar barreras no arancelarias que afectan el comercio de alimentos. (La Nación, 14 de noviembre)

Un sector de la oposición patronal, que incluye a al peronismo ligado a las fracciones burguesas extractivistas que se beneficiarían con el acuerdo, se alineará detrás de Milei. El otro, empezando por los partidarios de Kicillof, se opondrán, no porque vean la necesidad de acabar con la dependencia, sino porque trabajan para que el país dependa de otro amo, ya que expresan los intereses de las patronales que ganan fortunas comercializando con el imperialismo que compite con los yanquis, China.

Unos y otros discuten entre sí, pero coinciden en lo mismo: quieren ponerse el traje de virreyes de la recolonización, de súbditos de una u otra potencia. En ese marco, la lucha entre estas bandas de facinerosos dinamizará la lucha de clases en general y debilitará al régimen de conjunto. Los trabajadores, sin tomar partido por ninguna parte, deberán aprovechar sus contradicciones para ganar las calles y luchar de manera independiente.

Uno de los ejes del programa que debe orientar la resistencia obrera y popular, es la necesidad de acabar con la dominación imperialista para conquistar la Segunda y Definitiva Independencia, sin la cual no existirá ninguna posibilidad de industrializar al país y desarrollarlo en serio. Esta se podrá lograr con una revolución social que dé lugar al gobierno del único sector social capaz de emprender este cambio, porque es el que más se beneficiará, la clase trabajadora y el pueblo pobre.

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