Por Ernesto Buenaventura
La derrota en las elecciones de la provincia de Buenos Aires provocó un temblor en el gobierno, que había puesto todas sus expectativas en conseguir un buen resultado. Los comicios terminaron siendo un verdadero plebiscito sobre la gestión de Milei, que, para colmo de males, se puso al frente de la campaña y resultó el principal perdedor.
En ese marco, la oposición intensificó su ofensiva parlamentaria. La comisión investigadora del caso libra,
que el oficialismo intentó paralizar, se puso en marcha y resolvió avanzar con
una medida de alto voltaje político: citar a la secretaria general de la
Presidencia, Karina Milei… Si no se presenta, el cuerpo podrá recurrir a la
Justicia para que disponga su comparecencia por la fuerza pública[1].
Si, después de esto, el poder judicial convoca a la hermana del presidente, este será el primer paso en el camino de la destitución de Milei, porque, además del “Criptogate”, luego deberá enfrentar todo lo que tenga que ver con las coimas. No hay que descartar nuevos procesos judiciales, debido a la gran cantidad de chanchullos que involucran a la banda libertaria, y, principalmente, a los secuaces del “Jefe”.
Aunque el FMI haya dado señales de apoyo al gobierno nacional, gran parte de la burguesía local le retiró todo apoyo y decidió ahogarlo políticamente. Este gobierno, sin la posibilidad de imponer decretos, con absoluta minoría en las cámaras y teniendo que afrontar una recesión económica brutal, tiene pocas posibilidades de terminar su mandato.
Los capitalistas tratarán de evitar que Milei, en su caída, se lleve puesto al régimen de conjunto, como está sucediendo en Nepal, donde una rebelión violentísima destituyó al actual gobierno y está saldando cuentas -justicia popular mediante- con varias de sus principales figuras. En ese sentido, el discurso moderado de Kicillof -cuyo contenido comparte toda la “casta”- expresa la intención de evitar otro Argentinazo.
Por esa razón, en vez de alentar la lucha de los jubilados, el Garrahan o los demás sectores en conflicto, la campaña electoral del PJ se centró en pedirle al pueblo que canalice su bronca a través del voto, por lo tanto, dentro de las instituciones del régimen “democrático”. El temor de los peronistas y del resto de los políticos tradicionales, es que, lo sucedido en otras provincias -con el voto en blanco y el ausentismo- se transforme en acción directa.
Ellos ven posibilidades objetivas de una rebelión y saben que no cuentan con ningún partido o dirigente capaz de contener o desviar semejante dinámica. El peronismo, que históricamente ha cumplido el papel de bombero de la revolución social, ya no puede hacerlo. ¡Debe quedar claro, que, a pesar de que gran parte del pueblo haya usado a este partido como herramienta para castigar a Milei, no implica un gran aumento de su popularidad e influencia entre los y las de abajo!
En estas condiciones, en los próximos meses continuarán los cimbronazos políticos, la crisis económica y las luchas obreras se profundizarán. En definitiva, continuarán madurando las condiciones para que las masas irrumpan de forma independiente, como comenzó a suceder en Indonesia y Nepal, vanguardia de la nueva oleada revolucionaria que cruzará todo el planeta y llegará, inevitablemente, a nuestras costas.

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