sábado, 2 de agosto de 2025

Trump, suba de aranceles, guerra comercial y más crisis

Por Ernesto Buenaventura

Un nuevo paquete de medidas proteccionistas será implementado por el presidente yanqui, Donald Trump, que afectará -en distintos grados- las exportaciones hacia Estados Unidos, de alrededor de 200 países.  

El grupo de países más golpeados por las nuevas medidas de Trump lo completan siete naciones, con aranceles que oscilan entre el 35% y el 41%. Serbia, Irak y Canadá enfrentan un gravamen del 35%, mientras que Siria encabeza la lista con un 41%. Entre ellos destaca especialmente Suiza, que fue sorprendida con un arancel del 39%[1] 

Apenas anunciadas estas políticas, que pretenden apuntalar el proteccionismo, el ámbito estadounidense en el que se expresa el pulso de la economía, Wall Street, mostró un derrumbe de los índices que anuncian las intenciones de invertir de los capitalistas.  

La bolsa de Nueva York se hundió drásticamente el viernes 1° de agosto y sus tres índices de referencia cerraron con números negativos, tras la confirmación de la entrada en vigencia de los aranceles que el gobierno de Donald Trump impuso, en distintos niveles, a los productos que sean importados en Estados Unidos[2] 

Esta noticia vino acompañada de un informe negativo sobre el rumbo de la desocupación, que crece, una expresión más que clara del freno económico. Uno de los sectores más golpeados es el de las tecnológicas, un sector que sufrió una gran caída de sus acciones, como Amazon o Apple, que bajaron 8% y 3% respectivamente.  

Este rubro, que supo ser la estrella del imperialismo yanqui, es el más golpeado por la guerra comercial, ya que su producción está absolutamente internacionalizada. Por esa razón, los aranceles incrementan sus costos productivos, con un mercado que se achica y en el que avanza -ocupando lugares- el imperialismo chino, como es el caso de los microprocesadores.  

Esta guerra comercial, que se transformará en algún momento en guerra directa, profundiza la crisis general del sistema capitalista y esta, a su vez, puede empujar la reacción revolucionaria de la clase trabajadora y los pueblos pobres de todo el planeta, como ha sucedido en otras crisis.    

Los socialistas debemos prepararnos para disputar el liderazgo de este proceso, agitando la necesidad de romper las cadenas de la dependencia, con medidas prácticas y efectivas, como el desconocimiento de los pagos de la deuda externa y la expropiación -bajo control obrero- de los grandes monopolios.

Para resolver las demandas elementales del movimiento de masas, será necesario acabar con el capitalismo y sus agentes locales e imponer un gobierno del único sector social que está en condiciones de avanzar en ese sentido, la clase obrera, con una conducción socialista y revolucionaria a la cabeza.



[1] La Nación 01/08/2025

[2] Ámbito financiero 01/08/2025

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