Por Damián Quevedo
La reunión en Alaska entre el presidente yanqui y su par ruso, tuvo como aspecto relevante la ausencia del principal damnificado, Ucrania, Pero también, dejó en claro la pasmosa debilidad de Estados Unidos, que, a pesar del intento de Donald Trump de mostrarse fuerte ante el mundo, resultó humillado frente al “zar” Putin.
El
jefe de Estado de Rusis fue el gran ganador de este primer encuentro, porque no
concedió nada, dejó en claro que continuará su ofensiva militar y que solo
aceptará una propuesta de paz si le permiten mantener bajo su dominio a los
territorios ocupados de Ucrania.
El resultado principal de la cumbre
es un vigoroso y grave acercamiento de EE.UU. a Rusia, sin ningún resultado
para las pretensiones de Washington. Una mala noticia para Kiev, con el regreso
al punto de partida, con aplausos de Trump a Putin y la claridad, al revés de
lo que demanda el establishment europeo, de que esta Casa Blanca no está
dispuesta a castigar al líder del Kremlin con una derrota[1].
Este encuentro no solo dejó mal parado a Trump, que no está en condiciones de exigir nada a su rival, también puso en evidencia que las dos potencias imperialistas no piensan incluir en la discusión a los países de Europa, y, mucho menos a la Ucrania de Zelensky, que debe agachar la cabeza frente a la arrogancia de las dos potencias nucleares más poderosas del planeta.
Sin
embargo, los imperialistas de la Unión Europea y los capitalistas ucranianos,
que, en este marco adverso, han fortalecido su acercamiento, no están
dispuestos a ser meros espectadores del “toma y daca” entre EEUU y Rusia. Por
esa razón, los presidentes de Francia, Alemania e Italia quieren reunirse inmediatamente
con Trump, cuando este se vea con Zelensky, para exigir una parte del botín.
Zelensky y Von der Leyen (presidenta de la comisión europea) coincidieron este domingo en la imposibilidad de que Kiev entregue voluntariamente territorios a Rusia como parte de un hipotético acuerdo de paz, durante la visita exprés del mandatario a Bruselas a menos de 24 horas de una crucial reunión con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la Casa Blanca[2].
Las conversaciones entre Putin y Trump apuntan a la balcanización de Ucrania, por eso, mientras el presidente yanqui propone que Rusia se quede con Crimea, presiona para quedarse con una parte de los recursos ucranianos. El drama para Trump, es que está muy presionado para acelerar el fin la guerra, porque necesita concentrar esfuerzos en la principal contienda, que enfrenta a su país con China, que, aprovechándose de la situación, continúa ganando mercados.
Por otra parte, las potencias europeas, que tienen la amenaza rusa mucho más cerca y que pusieron muchos euros y recursos bélicos en la guerra, no aceptan quedar por fuera de las negociaciones relacionadas al reparto de Ucrania. Esto significa, que, en el actual contexto internacional, las potencias europeas y Zelensky son los principales escollos para la lucha del pueblo ucraniano contra el invasor ruso.
Todos, yanquis, europeos, rusos y chinos, de la mano o en contra de Zelensky, coinciden en profundizar el carácter semicolonial de Ucrania, que cambiará positivamente -para los trabajadores y el pueblo de ese país- si estos, los y las de abajo, echan a patadas a Zelensky e imponen un gobierno obrero y popular, apoyado en una amplia y directa democracia. De esa manera, el pueblo podrá debatir y decidir si convierte la guerra en revolucionaria o negocia.

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