Por Juan Giglio
Todavía muchos piensan, que, durante el "Conflicto del
Campo” de 2008, Cristina enfrentó a los grandes intereses relacionados a la
producción agrícola ganadera. Si bien es cierto, que el gobierno mantuvo una
dura pulseada con la Sociedad Rural, la Federación Agraria y otras fuerzas
menores del sector, los grandes monopolios productores de semillas transgénicas
y agrotóxicos y los dueños de pooles de siembra -como Grobocopatel- se
alinearon con el ejecutivo nacional, ya que Cristina les garantizaba la
realización de fabulosos negocios.
En ese sentido, tampoco es casual, que, un año después del
conflicto -en agosto de 2009- la presidenta Cristina Fernández de Kirchner,
haya anunciado, frente a los representantes del Club de las Américas de Nueva
York, un plan del capo máximo de las semillas transgénicas y del glifosato,
Monsanto. Esta multinacional controla el 87 por ciento de las plantaciones
transgénicas de algodón, maíz y soja del mundo, que usan sus semillas y
herbicidas.
Este anuncio, propalado por un gobierno que, a lo largo de
su mandato, entregó amplios territorios a las megaminerías y las petroleras
imperialistas, se da de bruces con el “relato” kirchnerista. Pero, como siempre,
los “nacionales y populares”, hacen como el tero, que, mientras grita en un
lugar pone los huevos en otro, para engañar a sus depredadores.
En ese momento, los altos precios de los granos, fueron,
retenciones mediante, el pilar de la fortaleza del gobierno kirchnerista. Un
punto de apoyo que no fue utilizado para industrializar y diversificar la
economía nacional, sino para profundizar su carácter primario y dependiente.
Una situación, que, con la caída de los precios de los comodities, empujó al
país a la decadencia y la crisis que actualmente sufre.
En junio de 2009, casi al mismo tiempo que la “jefa” de la
banda peronista acordaba con Monsanto, comenzaba en Córdoba el primer juicio
oral y público contra Monsanto por un caso de envenenamiento por fumigación con
glifosato. En un suburbio cordobés -muy expuesto a las fumigaciones- se
detectaron más de 200 casos de cáncer, dentro de una población de 5000
habitantes. ¡Cristina es cómplice de estos envenenamientos!
En ese mismo período sucedió otro hecho trágico, cuando tres
maestras de una escuela rural cercana al río Paraná -cerco de varios campos
fumigados con Glifosato- dieron a luz bebés con TGD (autismo), una situación repetitiva
que estadísticamente es muy improbable. ¡Estas son apenas muestras de lo que
significó la política de entrega del campo de Monsanto y sus secuaces!

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