Las organizaciones más grandes de la izquierda, como el PTS,
PO y el Nuevo MAS, entre otras, salieron, casi unánimemente, a repudiar la
decisión de la justicia de condenar a Cristina. El argumento de las direcciones
de estos partidos es, que, esta resolución forma parte de un ataque en regla a
las libertades democráticas.
Es que estos partidos coinciden en caracterizar al gobierno
como una especie de “fascismo” autóctono, que estaría avanzando sin tropiezos
sobre las libertades. ¡En realidad, y más allá de sus intenciones, Milei no ha
podido ganar demasiado terreno, como lo acaba de demostrar el fallo de rechazo
al decreto gubernamental que iba en contra del derecho a la huelga!
Tampoco, y a pesar del enorme despliegue represivo de los
miércoles, fue capaz de amedrentar a los jubilados y a todos los sectores -cada
vez son más- que se solidarizan con su heroica gesta. El gobierno libertario no
pudo hacerlo, porque, a pesar de haber ganado las elecciones, las relaciones de
fuerza entre su gobierno y el movimiento de masas no le resultan favorables.
La resistencia, que está dando sus primeros pasos, y la
consciencia de la mayoría del pueblo, son las trincheras que impidieron el
avance de la ofensiva libertaria contra los derechos democráticos más significativos.
La clase obrera, que liquidó en pocos años el experimento dictatorial y se
rebeló varias veces contra distintos gobiernos “democráticos”, no está
dispuesta a que la pisoteen.
En ese sentido, la mayoría de los laburantes no considera
que la condena a Cristina sea un ataque contra el pueblo. ¡Más bien todo lo
contrario, porque, de conjunto, han roto con el peronismo, un cadáver maloliente
que la izquierda debería ayudar a enterrar, en vez de considerar que Cristina es
una mártir de la democracia! Las conducciones de las organizaciones socialistas
que embellecen al PJ, con esta línea, se posicionaron como furgones de cola del
populismo.
La militancia de estos partidos que está más pegada al
movimiento de masas, en los barrios y lugares de trabajo, seguramente no mira
con simpatía esta política de adaptación al régimen, que llevan adelante sus
dirigentes, a través del embellecimiento de una de sus patas fundamentales. Estos compañeros y compañeras deben sacar otra
conclusión política: esta capitulación aleja a la izquierda de la clase obrera
y el pueblo, que, de conjunto, ya no quiere a Cristina y a sus secuaces
¡Dejemos que los agentes del capitalismo se maten entre
ellos! Y digámosle a la base obrera, que cuando asumamos el poder vamos a ir
por todos, con tribunales populares que los investigarán, juzgarán y castigarán
de manera ejemplar. No solo por “meter la mano en la lata”, que es algo
habitual entre los políticos burgueses, sino por una cuestión más importante:
son los modernos virreyes de la recolonización, de las multinacionales que
depredan los recursos y súper explotan a laburantes, que cada vez estamos peor.

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