Juan Grabois y algunos sectores del peronismo están
impulsando la construcción de un “frente antifascista”, porque consideran, que,
frente a un gobierno “fascista”, como el que caracterizan, no queda otra que
actuar en conjunto para recuperar las libertades democráticas perdidas. Esto
significa, en los hechos, pelear para que vuelva a tener vigencia un régimen, el
que los marxistas denominamos democrático burgués, que habría dejado de
existir.
El Frente de Izquierda, que, por estas mismas
consideraciones, votó en la segunda vuelta a Massa, mira con simpatía esa
posible construcción. La decisión de sus
partidos, de alentar y acompañar las movilizaciones por Cristina, van para ese
lado. En un posteo público, Gabriel Solano, dijo claramente que prefiere al
“mal menor”, Cristina, frente a la posibilidad de que este gobierno consolide
sus aristas más antidemocráticas.
Esta gente, junto con el Nuevo MAS y Política Obrera,
adhiere, en definitiva, a una variante de la tesis defendida desde siempre por
el fundador del PO, Jorge Altamira, el denominado “Frente Único
Antiimperialista”. Altamira y el líder boliviano Felix Lora plantearon la
necesidad de enfrentar, en Bolivia, al golpe del general Torres y a la tradicional
“rosca” -la patronal minera- con una alianza política que sumara a militares
patriotas y la burguesía industria.
PO, Política Obrera, Nuevo MAS, Izquierda Socialista, PTS y
MST dieron varios pasos en esa dirección, mediante su participación en el “frente
único” que se conformó para repudiar la de Cristina Kirchner. Esto significa la
pérdida de independencia con respecto a los capitalistas, de partidos que se
definen a sí mismo como enemigos de los dueños de los grandes medios de
producción.
Las organizaciones, luchadoras y luchadores de izquierda que
no adhieren a estos planteos, debemos reunirnos rápidamente, no para construir
un partido en común, que, por las diferencias que tenemos, sería muy difícil de
concretar, sino para defender este principio, la independencia de clase, que
pisotearon el FITu y sus aliados. La izquierda consecuente tiene que decirles a
los trabajadores que nada tenemos que ver con quienes se ataron al carro de los
verdugos de la clase obrera.
Además, es necesario explicarles a los trabajadores y al
pueblo, que los y las socialistas pretendemos juzgar y castigar en serio a
Cristina, pero también a Milei, Macri, Massa, Alberto, Bullrich y compañía. No
solo porque metieron la mano en la lata -todos los políticos patronales
hicieron y lo continúan haciendo- sino porque cometieron un crimen mucho más
importante, que no prescribe: el de gobernar para la clase minoritaria que
lucra con el saqueo de los recursos, la destrucción del planeta y la súper
explotación de la mayoría.
Reproducimos a continuación una serie de notas que publicamos frente a la decisión del FITu, en 2023, de votar a Massa contra el "fascista" Milei:
La izquierda compra las mentiras del PJ
Por Juan Giglio
El peronismo sabe mentir, porque toda su vida gobernó
engañando a los trabajadores, diciéndoles que podrían vivir bien dentro de un
capitalismo "humano", gestionado por líderes populistas. Sus
dirigentes pudieron sostener esta gran farsa, cuando las vacas gordas o el
viento de cola chino les permitieron otorgar ciertas concesiones,
insignificantes si se las compara con las fabulosas ganancias que se embolsaron
las grandes empresas gracias a la gestión "progre".
Pero, si en épocas de bonanza esto les resultó relativamente
sencillo, ahora, cuando casi no hay nada para repartir, el peronismo se vio
obligado a perfeccionar su máquina de vender humo. Para eso, Massa y Cristina
inventaron un personaje, al que le prestaron candidatos, fiscales y mucha
publicidad, Milei, que le quitó millones de votos al macrismo. Además, el
libertario sirve para que los modernos sacerdotes del progresismo agiten
catástrofes que azotarán al pueblo si no vota por la continuidad.
La jugada es arriesgada, porque el Frankestein que crearon,
o ayudaron a crecer, podría ganar y enterrar a sus creadores. Sin embargo,
hasta ahora les fue bárbaro con su monstruito, ya que pudieron ganar la segunda
vuelta de la mano del ejecutor de un plan de ajuste brutal. ¡De ganar el
ballotage, la jugada habrá resultado genial para el populismo, que está
tratando de resucitar entre los estertores de su agonía!
Lo dramático del caso es que, esta maniobra, pergeñada para
engañar al pueblo, haya resultado efectiva para buena parte de la izquierda.
Como IS, que resolvió apoyar sin tapujos a Massa, o el PO y el PTS, que, aunque
anunciaron que rechazan a los dos candidatos, se niegan a motorizar una gran
campaña de agitación pública -por el voto en Blanco, Nulo o la abstención- en
contra Massa y Milei.
Lamentablemente esta izquierda sucumbió a los artilugios de
estos modernos émulos de Circe, la bruja que encantó a Ulises desviándolo de su
largo viaje de regreso a Itaca. Sus dirigentes no comprenden que el enemigo de
clase, junto con la represión, recurre sistemáticamente a otra poderosa
herramienta, a través de la cual sostiene su dominio: el arte del engaño,
inventado hace miles de años por los sacerdotes que explicaban el origen divino
de los faraones.
Del mismo modo que estos brujos reciclados invocaban a las
fuerzas ocultas para generar el terror entre sus súbditos, sus modernos
imitadores -ante la falta de recursos materiales para ejercer el populismo-
recurren a representaciones simbólicas que tocan las fibras más sensibles de
una sociedad que no quiere volver al pasado dictatorial.
En este sentido, aunque el fantasma del fascismo no haya
podido obnubilar a los sectores obreros más explotados del país, sí pudo
hacerlo con esta parte de la izquierda. Es una desgracia para la revolución
social, porque cuando estos desposeídos se rebelen contra el ajuste, creerán
que los que hoy por hoy convocan a votar al ajustador Sergio Massa, forman
parte de su tropa.
Milei no saca los pies del plato, porque no lo dejan los
capitalistas que pretende representar
Por Damián Quevedo
En una entrevista con el periodista Jaime Bayly, el
candidato de Macri afirmó que rompería relaciones con Brasil, por el carácter
“comunista y corrupto” de Lula. No es necesario aclarar que el presidente de
Brasil no es comunista, aunque si corrupto, como todos los dirigentes políticos
patronales.
La cuestión de fondo es que, más allá del histrionismo de
Milei, sus delirios metafísicos y su verborragia reaccionaria, al igual que lo
hizo su actual jefe Mauricio Macri, en caso de llegar a la presidencia hará
finalmente lo que los capitalistas locales y el imperialismo le ordene.
Ni los grandes burgueses argentinos, ni las multinacionales
que hacen negocios con Brasil, de cuya industria provienen -en gran parte- los
insumos para la producción en este país, están dispuestos a perder a uno de sus
principales mercados, junto con China, por un capricho libertario.
En materia de importaciones, le compró a China (4.830
millones de dólares), Estados Unidos (2.700 millones de dólares), Rusia (1.020
millones de dólares), Alemania (1.020 millones de dólares) y Argentina (984
millones de dólares).
Pero en el sentido inverso el vínculo es muy trascendente
para la Argentina. Esto se debe a que Brasil es el principal receptor de las
exportaciones argentinas con el 17% en los primeros nueve meses del 2023, según
las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). El segundo
fue Estados Unidos con el 8%, seguido por China con una cifra similar y luego
Chile con el 7%.
En materia de importaciones a la Argentina, también Brasil
ocupa el primer lugar con el 24% desde enero, seguido por China con el 19%,
Estados Unidos 12% y Paraguay con 5 por ciento [1].
Tampoco estas multinacionales están dispuestas a terminar
con el régimen actual, ya que es el sistema institucional que les permitió,
desde la caída de la dictadura, ejercer eficazmente su dominio. Además, no
apuestan, al menos por ahora, por ese cambio, porque saben que sería resistido
por la clase trabajadora y el pueblo, que no aceptarán mansamente perder las
libertades democráticas existentes.
Una cuestión elemental para el marxismo, es que el Estado,
sus instituciones y los partidos que lo administran o intentan hacerlo,
representan los intereses de los capitalistas, que los utilizan como
herramientas propias. Los gobiernos patronales, más allá de los discursos y
formas, son simples administradores de los negocios de los empresarios más
poderosos.
Es por esta razón elemental, que los gobernantes no hacen lo
que quieren o lo que prometen al movimiento de masas, sino lo que sus patrones
les ordenan. Algunos sectores de la izquierda se confunden, porque caracterizan
a Milei solamente por lo que dice, o más bien por lo que ha dicho, porque desde
que cayó en las garras de Macri, modificó bastante su discurso.
En ese sentido, se equivocan profundamente al caracterizar
que un gobierno de la Libertad Avanza, tendría características fascistas o
aplicaría un ajuste mucho peor que el de otro eventual gobierno peronista. Esta
caracterización es, en el fondo, una capitulación a la lógica del progresismo,
que es opuesta al punto de vista del socialismo.
La crisis en Argentina es una de las más profundas en
décadas, la clase obrera, más temprano que tarde comenzará a moverse para
recuperar salarios. Cuando esto ocurra, tendrá lugar en medio de un proceso
fenomenal de politización, ligado a las discusiones electorales, que elevará
las luchas al plano político como nunca antes.
Si la izquierda queda pegada al peronismo -eso es lo que
está sucediendo objetivamente- no estará en condiciones de aprovechar este
contexto para disputar la conciencia de los trabajadores, ya que no aparecerá
como una opción total y absolutamente diferente a lo que, hoy por hoy,
representa Unión por la Patria.
[1]
https://www.infobae.com/economia/2023/11/09/argentina-brasil-una-relacion-bilateral-que-se-consolido-en-las-ultimas-decadas-en-medio-de-vaivenes-politicos/
El Pollo Sobrero, que llamó a Milei fascista, convoca a
votar por Massa ¡Se equivoca!
Por Claudio Colombo
El Pollo Sobrero, dirigente ferroviario y de Izquierda
Socialista, declaró -en una entrevista con Jorge Fontevechia- que Milei es un
fascista que pretende cambiar el actual régimen democrático burgués. ¡No es
así, camarada, el libertario puede tener ideas más que reaccionarias, no lo
dudamos, pero algo está claro, no quiere gobernar en base otro sistema
institucional que no sea el actual, que es el que defiende el conjunto de la
burguesía y su aliado más reciente, Mauricio Macri!
Además, la única manera de cambiar este régimen, por otro de
carácter fascista, sería contar con una fuerza social dispuesta a concretar
este cambio -de manera violenta- como sucedió en la época de Hitler y
Mussolini, cuando sectores de masas -pequeña burguesía, desclasados y una parte
de la clase obrera- se movilizaron contra la democracia parlamentaria, los
sindicatos y los partidos de izquierda, con métodos de guerra civil.
Si este fenómeno existiera, la izquierda, en vez de convocar
a votar a Massa, tendría que impulsar la organización de brigadas obreras y
populares de autodefensa, porque a esta política no se la discute, se la
aplasta con la movilización. ¿Entonces, cuál es la razón por la cual los
compañeros y compañeras de IS optan por Massa, sino la presión del aparato
peronista, que puso en marcha una fenomenal campaña de propaganda para
presentarse como la alternativa “democrática” frente a un supuesto avance de la
reacción?
En las actuales circunstancias es necesario, como nunca, que
la izquierda se presente como una opción clara que trace rayas con las dos
variantes del capitalismo, ya que se aproximan combates obreros decisivos. Para
ganar su dirección, o al menos de una parte significativa de estas luchas, la
izquierda no puede desdibujarse y quedar pegada al Peronismo. ¡Debe hacer todo
lo contrario, de lo contrario, terminará hundiéndose junto al cadáver
maloliente del PJ, que está atravesando la peor crisis de su larga historia de
traiciones y represión contra los y las de abajo!

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