Por Damián Quevedo
La declaración del Frente de Izquierda sobre el fallo contra Cristina y su participación en una reunión con dirigentes del PJ, constituyeron la mayor capitulación de la izquierda trotskista en décadas. Sin embargo, las resoluciones del último congreso del PTS, no solo reafirmaron ese derrape, sino que lo profundizan, a través de una orientación frente populista y pro peronista.
El proyecto de resolución de
este evento, centra su análisis en el fallo contra la ex presidenta, cuestiona
a la dirigencia peronista por no defender a su jefa, y, desde esa ubicación, le
exige que impulse la movilización en todo el país. Lo peor de todo, es que
alienta la posibilidad de avanzar con el PJ, no sólo en ese plano, sino en cuanto
a la posibilidad de plantear “una salida a la crisis”.
Que la posición del PTS-Frente de Izquierda y de sus
principales referentes, rechazando sin especulaciones el ataque antidemocrático
a pesar de ser duros opositores al peronismo, ha tenido una enorme repercusión
política y ha generado simpatía en amplísimos sectores del peronismo que
reconocen nuestro posicionamiento consecuente, dejando
abierto un diálogo muy grande con esos sectores para discutir cómo continuar la
lucha, pero también cómo enfrentar los planes de ajuste y plantear una salida a
la crisis[1].
Podemos discutir si es correcto o no exigirle a la CGT que llame a parar, pero este debate no deja de ser táctico, porque, más allá de las diferencias profundas que tenemos sobre el misma la mayoría de la izquierda, no es una cuestión de principios. Es que, más allá de la mafia que la conduce, la CGT continúa siendo una institución encargada de organizar sindicatos obreros.
Muy distinto es trasladar la exigencia a un partido patronal, una de las herramientas principales que tiene el régimen “democrático” para sostener al capitalismo, aquí y en todo el mundo. Peor aún, cuando se trata del Partido Justicialista, que a lo largo de su extensa historia ha funcionado como garante de la aplicación de los peores planes políticos, económicos y represivos.
El PTS va mucho más allá, porque dice que, con ciertos sectores del PJ, no solo es posible “discutir cómo continuar la lucha…”, sino también, avanzar en acuerdos para “enfrentar los planes de ajuste y plantear una salida a la crisis”. ¡Construir una “salida a la crisis” significa poner en pie un programa de gobierno, algo que los trotskistas combatimos desde siempre, porque constituye un frente de conciliación con los verdugos de la clase trabajadora! .
Las resoluciones del PTS que abonan esta teoría parecen formar parte del realismo mágico, ya que este partido sostiene que la persecución a Cristina es el producto de la presión del imperialismo yanqui, a través de su polea de transmisión, el “partido judicial”. La idea de que podría existir cierto grado de anti imperialismo en el PJ es total y absolutamente equivocada. No existen elementos serios para sostener esa caracterización, ni que la de que el imperialismo yanqui tendría, como línea exclusiva, la extensión continental de gobiernos parecidos a Milei, cuando la realidad demuestra todo lo contrario.
¡Los yanquis, como cualquier otra potencia imperialista, no tienen prejuicios ideológicos o morales a la hora de bancar gobiernos de distintos signos ideológicos o “relatos”, sostienen a quien mejor defienda sus intereses, desde la derecha a la “izquierda”! Por eso, y solo para dar un ejemplo de este pragmatismo, en su “patio trasero” mexicano, EEUU sostiene al gobierno de MORENA, que, ideológicamente, está en las antípodas de la experiencia libertaria.
La idea, más gramsciana que trotskista, de que existen campos burgueses progresistas, empuja a la dirección del PTS a capitularles a la mayoría de los gobiernos latinoamericanos, porque la mayoría de estos son mucho más afines al kirchnerismo que a Milei. Así ocurre en países importante, como México, Colombia, Chile, Brasil y Perú (entre otros), sin contar las dictaduras de Venezuela y Nicaragua.
Una cuestión es disputar la conciencia de los sectores obreros que aún confían en el peronismo -que ya no son la mayoría- otra muy distinta es buscar un diálogo con la conducción peronista. El PJ es un partido burgués, que se apoya en sectores de la pequeña burguesía progre y la “casta” sindical. Una organización contrarrevolucionaria que dedica buena parte de su tiempo a combatir a la izquierda, incluso con patotas armadas, como la que asesinó a Mariano Ferreyra.
El PTS, que, desde hace tiempo viene profundizando su adaptación al régimen democrático burgués, acaba de dar un salto de calidad, votando un documento que lo lleva a perder lo más valioso que tenía, su independencia política con respecto a las organizaciones capitalistas. Este proceso, que es lamentable, debería ser enfrentado y derrotado por su militancia más consecuente.

¡Hola compañeros y compañeras! Les compartimos nuestra visión sobre el tema del fallo judicial contra CFK ¡Buenas noches!
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