Por Juan Giglio
El ex presidente uruguayo, José “Pepe” Mujica, que acaba de fallecer, aunque militó en la guerrilla urbana de ese país, Tupamaros, nunca abandonó las ideas burguesas, que provienen de su militancia dentro del Partido Nacional, que comenzó a principios de la década de 1950. De allí su relación con sectores “radicalizados” de ese partido, como el ex senador Erro, quien estuvo preso en Argentina en el año 75, sospechado de apoyar a la insurgencia tupamara.
Como parte de ese proceso, que empujó hacia la izquierda a este
tipo de dirigentes, a mediados de los 60, José Mujica se incorporó al
Movimiento de Liberación Nacional, Tupamaros, que, a diferencia del PRT-ERP y
otras guerrillas latinoamericanas, nunca bregó por la revolución obrera y el
socialismo, sino por la democratización del régimen y algunas reformas
económicas puntuales.
Desde 1972 hasta 1985, Mujica sufrió la cárcel y la
tortura. Varios años después de haber recuperado la libertad, fundó el
Movimiento de Participación Popular, con el que integró al régimen a un sector
de la vieja militancia guerrillera, que, dentro del Frente Amplio, ganó la
mayoría, a partir de sus críticas a algunos de los aspectos más derechistas del oficialismo. Gracias a esta ubicación, el ex guerrillero ganó
las elecciones presidenciales en 2010, terminando su mandato en 2015.
Desde ese lugar, impulsó la reconciliación con los militares
de la dictadura, a los que caracterizó como “pobres viejitos”. Además, promovió
la puesta en marcha de las pasteras contaminantes, una línea al servicio de la consolidación del carácter primario de la economía uruguaya, que, lejos de industrializarse, se convirtió en proveedora de materia
prima de las multinacionales del sector. Como presidente atacó los derechos
obreros, declarando la “esencialidad” de los trabajadores municipales de
Montevideo, a los que reprimió con tropas del ejército.
Sin embargo, la tarea más significativa de Mujica, fue su prédica constante al servicio de la consolidación del régimen democrático
burgués. Para eso impulsó reuniones, declaraciones, acuerdos y gestos de “unidad”
con los dirigentes patronales, blancos y colorados, como el ex presidente Julio María Sanguinetti. Esa política ha sido y continúa siendo reivindicada por referentes de la política y el periodismo argentino, que convocan a copiar el “modelo” oriental.
Mujica fue un renegado, alguien que, aprovechando su prestigio
-debido a los años de cárcel y tortura que sufrió- atacó a la izquierda y a las
luchas obreras, tratando de aparecer como un político “bueno” y “austero”. El ex tupamaro, fue un defensor consecuente del capitalismo más salvaje, razón por la cual fue criticado por algunos de los viejos militantes tupamaros, que lo acusaron de “traidor”.
Los revolucionarios y las revolucionarias no
lloramos la muerte de este personaje, que, a pesar de haber integrado las filas
de una organización que se alzó en armas contra el régimen, pasó a la historia como lacayo de los grandes capitalistas. Para cambiar la triste realidad que sufre la mayoría de
la población en Uruguay y en todo el mundo, hay que seguir un camino opuesto, que es el de combatir
al capitalismo y a todos sus secuaces.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario