Por Damián Quevedo
La euforia del oficialismo por el acuerdo con el FMI es una teatralización burda y exagerada para las cámaras, ya que tanto Milei como Caputo saben que esta política económica estalla en cualquier momento. Por eso, contra todos los manuales y “principios” libertarios, salieron a intervenir el mercado para que el dólar y la inflación no se vayan por las nubes.
El gobierno intervino, además y de forma indirecta, con amenazas y pedidos desesperados para que los capitalistas del agro liquiden rápidamente sus stocks para que ingresen dólares y evitar que los especuladores se vuelquen a comprar billetes verdes, de manera que estos continúen planchados, aunque ahora sin el cepo cambiario.
Este lunes, en una entrevista con El Observador, Milei recordó que la baja de retenciones a las exportaciones tradicionales finalizan en junio. "Dijimos que eran transitorias. Avisale al campo que si tiene que liquidar, liquide ahora, porque en julio vuelven las retenciones", dijo a modo de apriete[1].
Tanto el gobierno como el FMI saben que esta política de sobreendeudamiento tarde o temprano colapsa. Sin embargo, el fondo está en una encrucijada, ya que sabe que liberar más préstamos es una apuesta perdida, pero, al mismo tiempo, que no puede permitir que Argentina entre en default, ya que sería catastrófico para la economía mundial, debido al efecto dominó que provocaría.
¿Qué hay detrás de los préstamos?
Las exigencias del FMI comenzaron a blanquearse luego de que la mayoría de los integrantes del Congreso, es decir todos los partidos patronales, aceptaron las condiciones del fondo, sin conocerlas, aunque imaginándoselas, ya que el organismo financiero imperialista tiene, desde siempre, algunos objetivos estratégicos bien claros.
Estas reformas estructurales, entre las que están la reforma jubilatoria y laboral, se combinan con un pedido importantísimo de los yanquis en el marco de la guerra comercial, que es la ruptura de relaciones con el principal rival de los Estados Unidos, el imperialismo chino.
Por esto último, viajó a Buenos Aires el secretario del tesoro de EE.UU., algo así como un ministro de economía de esa potencia, quien, después de reunirse con Caputo y Milei, declaró que, además de apoyar el plan de ajuste, le pidió al gobierno argentino que acabe con los préstamos en yuanes convertibles a dólares que provienen de China.
Bessent aclaró que sí preocupa a Estados Unidos la presencia china en América Latina: “Lo que queremos evitar en todo caso es lo que ocurre con el continente africano, donde China firmó acuerdos disfrazados de ayuda. Así tomaron derechos sobre minerales, cargaron de deuda los balances de esos países. Tienen acuerdos de peaje, lo que garantiza que las futuras generaciones sean más pobres y sin recursos. Y no queremos que eso pase con américa en América Latina“[2].
Detrás de la euforia del gobierno se esconde una fenomenal crisis en curso, con devaluación, profundización del impuesto inflacionario -con el consecuente aplastamiento del poder adquisitivo del conjunto- y un freno más brutal de la economía. Los libertarios están bailando sobre el Titanic, lo que significa que el barco comandado por Milei termina, irremediablemente, en naufragio.

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