Por Juan Giglio
El discurso
de Milei, anunciando un acuerdo con el FMI, del cual todavía se sabe poco, fue
patético. En primer lugar, porque brillaron por su ausencia aquellos
militantes, simpatizantes y votantes libertarios, que, un año atrás, llenaron
las adyacencias del Congreso, caída de la popularidad que también se expresó en
un bajísimo rating televisivo.
La
movilización de apoyo a las ideas libertarias fue cambiada por un despliegue
fenomenal de fuerzas represivas, que saturaron la zona varias cuadras alrededor.
Sin embargo, esta demostración multitudinaria de uniformados no pudo frenar la
bronca, que se expresó en decenas de cacerolazos que tuvieron lugar en
diferentes barrios de la ciudad.
Más allá de los pocos o muchos votos que Milei pueda llegar a conseguir en las elecciones de medio término, su gestión está siendo cuestionada por amplios sectores de la población, que, motosierra mediante, están sufriendo las consecuencias de un ajuste inédito. Este cuestionamiento alcanza a varias fracciones capitalistas, perjudicadas por la apertura de las importaciones y la falta de incentivos.
Los
burgueses, estos y los que se benefician con la motosierra, están
preocupados por las consecuencias, nacionales e internacionales, de la
Cripto-estafa, ya que los medios más importantes del mundo han tomado el tema,
acusando a Milei y su entorno de corruptos. Los de arriba se horrorizan, porque
lo que está sucediendo atenta contra el funcionamiento de un régimen, que, para colmo de males, no tiene ninguna opción sólida de recambio.
En ese marco comenzaron a desarrollarse algunas luchas obreras, que, más allá de que todavía son pocas, muestran el camino. Una de estas es la gran huelga de la Granja Tres Arroyos, de Entre Ríos en defensa de los puestos de trabajo, un conflicto que se está convirtiendo en una gran pueblada, como la que acaba de explotar en Río Cuarto, Córdoba, repudiando al gobierno aliado de Milei.
Como dijimos en varias notas, este gobierno, que es muy débil, camina hacia el precipicio, situación que debe ser aprovechado por los trabajadores y el pueblo para ganar las calles e ir a fondo contra el ajuste y los ajustadores. ¡Maduran las condiciones para que la clase obrera salde cuentas con este gobierno de una manera expeditiva, la izquierda debe ponerse al frente de este proceso y jugarse a conducirlo con una política revolucionaria!

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