El presidente argentino se presenta como el más devoto seguidor de Donald Trump y demuestra su fervor por la bandera de barras y estrellas con viajes constantes a EEUU. Para actuar en sintonía con los dictados del imperio -aunque de manera mucho más exagerada y bizarra- Milei ordenó, entre otras cosas, el cierre de la frontera con Bolivia y la salida de la OMS.
Pero, ni estos gestos o los encendidos discursos homofóbicos de Milei conmoverán a Trump, que no intervino en el FMI para ayudar a la Argentina, como soñaba nuestro presidente e impuso un aumento arancelario que perjudicará a la Argentina.
El
anuncio de Trump sobre la imposición de aranceles del 25% a las importaciones
de acero y aluminio plantea nuevas dificultades "más que
significativas" para la industria metalúrgica argentina, en particular
para empresas como Aluar y las empresas del Grupo Techint como Tenaris y
Ternium, "que son actores clave en la exportación de estos metales".
Empresas como Aluar, que destina alrededor del 65% de su producción de aluminio primario a la exportación, podrían enfrentar una baja considerable en la demanda de sus productos debido al incremento de precios resultante de los aranceles. "En consecuencia, se podría dar una baja importante en la producción local, lo que podría tener consecuencias directas en el empleo y en la cadena de valor asociada a estas industrias"[1].
La crisis mundial y la pelea por los mercados entre las grandes potencias, no solo llevará a mayores niveles de explotación de la clase obrera, sino que eliminará a un sector de los capitalistas que no podrán sostenerse en la contienda económica.
Este proceso no es producto de la decisión del presidente yanqui, más allá de que este lo acelere, es propio del desarrollo capitalista, la anarquía en la producción y la competencia entre potencias. Estos hechos provocan la desaparición de las fracciones menos desarrolladas de la burguesía y aceleran el proceso de concentración del capital, con cada vez menos ricos que se hacen dueños de todo.
Esta disputa por los mercados no es para cualquiera, sino solo para los grandes capitalistas que manejan las potencias imperialistas. Eso implica que las industrias provenientes de los países semicoloniales, por más grandes que sean, no tienen chances de competir.
El quiebre y cierre de empresas en Argentina
empujará a la clase obrera a la lucha, que, por la profundidad de la crisis, será
mucho más radicalizada que las anteriores. Esta perspectiva brindará nuevas
oportunidades para la izquierda revolucionaria, porque el programa socialista
es el único que puede responder a las demandas -cada vez más insatisfechas- de
la clase obrera.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario