Por Juan Giglio
El gobierno de Javier Milei continúa disparándose en los
pies. Después del enriedo de Davos y el criptogate, decidió nombrar por decreto al Juez Lijo, cuyo nombramiento formal fue boicoteado por
el Senado y es rechazado por buena parte del stablishment. Más allá de que todo esto aún no ha tenido un impacto directo en las
encuestas, se acumulan hecho, que, a la larga, colaborarán con el hundimiento de los
libertarios.
El Javier Milei está dispuesto a hacer lo que Mauricio
Macri no pudo. Nombrar a dos jueces “en comisión” en la Corte Suprema, como el
líder del PRO quiso hacer con Carlos Rosenkrantz y Horacio Rosatti, está dentro
de las hazañas que el libertario pretende anotar en su haber. Cuando todavía
crepitan las brasas del criptogate que lo tiene como máximo acusado de una
estafa millonaria, el Presidente anunció que firmó un decreto para nombrar al
académico Manuel García Mansilla y al juez federal Ariel Lijo como los nuevos
integrantes del máximo tribunal. En la Casa Rosada no desechan la idea de
conseguir en algún momento del año el aval del Senado. (Página 12, 26 de
febrero)
Lo más peligroso, para el gobierno, es que todo lo
acontecido resintió su relación con los capitalistas más poderosos, que, aunque
lo siguen apoyando, comienzan a verlo como un problema. Esta situación se expresó en
los comentarios y editoriales de los principales medios informativos del planeta,
que pusieron el centro la cuestión de la “cripto estafa” y responsabilizaron de
la misma tanto a Milei como a su hermana.
Para colmo de males, el presidente acaba de dar un giro de
180 grados en su política internacional, que lo desprestigia aún más. Javier
Milei se alineó vergonzosamente detrás del imperialismo yanqui, luego de que Trump
anunciara su intención de pactar con Putin para descuartizar Ucrania, permitiendo
que Rusia se quede con los territorios ocupados y los monopolios yanquis con la producción de minerales raros.
Según cuenta la leyenda, el comediante Groucho Marx habría
dicho "Éstos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros",
frase que le cuadra al presidente libertario, quien, para actuar como su ídolo, Carlos Menem, cultiva la teoría de las “relaciones carnales”. Sin
embargo, las cosas no se le presentan como antes, ya que el contexto no es el mismo que el de esa época. Engels, el socio político y teórico del otro Marx, Carlos, dijo al
respecto, que “La historia se repite, una vez como tragedia y la otra como farsa”.
Más temprano que tarde esta farsa se convertirá en tragedia para los liberales, que deberán enfrentarse a la clase trabajadora argentina, la más experimentada del continente en cuanto a saldar cuentas con gobiernos de distintos colores. Por esta razón, la izquierda debe prepararse para liderar la rebelión obrera, con un programa que plantee la necesidad de acabar en serio con la verdadera casta, la burguesía -nacional y extranjera- que es la causa de todos los males que sufre nuestro país.

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