Hace algunas décadas, el entonces ministro del interior de Carlos Menem, José Luis Manzano, se hizo famoso entre otras cosas, por la frase “yo robo para la corona”, con la que trató de justificar el enorme grado de corrupción que existía en el gobierno del “riojano más famoso”.
En ese sentido, uno de los ejemplos más emblemáticos de ese período, fue el soborno a varios diputados para imponer la reforma laboral. Hugo Moyano, dijo, que, para lograr esos cambios legislativos anti obreros, el gobierno menemista recurrió al método “Banelco”.
Sin embargo, la corrupción no fue propiedad exclusiva del menemismo, sino de todos los gobiernos capitalistas, como el kirchnerismo, que, entre otros hechos de corrupción conocidos, tuvo y tiene a López -el de los bolsos- Amado Boudou y la propia Cristina, sólo por citar algunos ejemplos.
Ahora
la liebre le saltó al gobierno libertario, el mismo que iba “contra la casta”,
ya que uno de los senadores que se pasó a sus filas, Edgardo Kueider (imagen), fue
detenido en la frontera de Paraguay con más de doscientos mil dólares sin
declarar y que tampoco está en condiciones de justificar.
Lo de Kueider no es casual, ya que la “Banelco” libertaria viene siendo utilizada para comprar voluntades legislativas, de manera de lograr los votos que el gobierno no tiene, ya que sus bancadas legislativas son minoritarias.
Estas prácticas no son anomalías ni excepciones a la regla, sino algo totalmente habitual entre los políticos y funcionarios capitalistas, que, para no defenderían los intereses de las patronales más acomodadas sin contar con la posibilidad de “meter la mano en la lata”. ¡Esta verdadera patente de corso que tienen los agentes burgueses, es, de alguna manera, la grasa que hace funcionar el régimen político!
La única manera de barrer con las bandas de delincuentes que nos gobiernan o se postulan para hacerlo, es mediante una revolución obrera y popular que acabe con este sistema social injusto, en el que una pequeña minoría se enriquece gracias al trabajo de millones, por otro, más justo y humano.
Para avanzar en ese sentido, será necesario expropiar a los grandes capitalistas y poner a funcionar sus empresas bajo el control de sus trabajadores y un gobierno de representantes obreros, que cobren el mismo sueldo que sus compañeros de trabajo y puedan ser removidos cada vez que las bases lo decidan en sus asambleas democráticas. ¡Esto es la democracia directa, la de la clase obrera y el pueblo pobre, el verdadero socialismo!

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