La revolución siria, un proceso que desestabiliza a toda la burguesía regional y que debe ser incentivada por los y las socialistas
Las guerras y las revoluciones modifican drásticamente el panorama político, no solo del país en el que tienen lugar, sino de todo el planeta, porque son con una piedra tirada en un estante, cuyas ondas llegan, de una u otra manera, a todas sus orillas. del mundo.
En ese sentido, la caída -como un verdadero castillo de naipes- del dictador Assad y el fin de 50 años de la dictadura alauita, es un suceso que ya cambió la situación política del mundo, cambios que no se detendrán, sino que seguirán aconteciendo, debido a la magnitud del proceso.
Esta realidad obliga y continuará
obligando a todos los partidos, gobiernos y fracciones sociales a ubicarse, de
un lado o del otro del mostrador revolucionario sirio. Eso ocurre con el
principal pasquín del progresismo argentino, Página 12, que ya está llorando
por el derrumbe del tirano, alegando que los vencedores son agentes del imperialismo
yanqui.
Desde los muyahidines, los talibán, Al Qaeda y el ISIS, los "rebeldes" y "luchadores por la libertad", entre otros, nunca ningún Frankenstein creado por Occidente terminó bien, ni siquiera para sus propios intereses[1].
Existen algunos elementos de verdad en esta afirmación, porque, tanto las potencias occidentales como sus rivales, están tratando de influir en el rumbo actual de Siria. Sus representantes pretenden aprovechar un hecho más que concreto: la coalición de milicias que lideró la rebelión es una verdadera “bolsa de gatos”, dentro de la cual hay personajes dispuestos a negociar con el mejor postor.
Sin embargo, esto y las características confesionales del frente guerrillero ganador, no representan -por lo menos por ahora- el problema más importante de la revolución. La característica principal de la misma es que, todo lo sucedido, es el producto directo de la movilización de las masas, que, ahora, con la victoria, se profundizará y marcará la dinámica general.
Considerar, como hacen muchos analistas burgueses, pero también un sector significativo de la izquierda, que lo central de este proceso tiene que ver con la injerencia de tal o cual sector imperialista o la “ideología” jihadista de la conducción guerrillero, es un razonamiento equivocado. Ninguna guerrilla confesional, por más apoyo que reciba del exterior, puede quebrar a un ejército regular -por más endeble que este sea- si no se apoya, para esto, en la movilización de las masas.
Para fundamental de este proceso es, aunque parezca contradictoria, la “desmovilización” del ejército de Bashar, que, mayoritariamente, decidió no enfrentar a la insurgencia. Las tropas, de una u otra manera, votaron “con los pies” el apoyo a los rebeldes, porque, en definitiva, estos uniformados sufrieron y continúan sufriendo la fabulosa presión de todo el pueblo sirio, el que vive dentro de sus fronteras y el que tuvo que exilarse.
La victoria de los rebeldes incentivará la movilización, y, por la tanto, esta presión revolucionaria de la clase trabajadora y el pueblo, que, lejos de querer la construcción de un “califato”, pretenden reconquistar aquella libertad que tuvieron durante los primeros años de la revolución, aplastada a sangre y fuego por Bashar, los aviones rusos y las milicias enviadas por Irán.
Todo esto, que es esencialmente progresivo, incentivará la reapertura de un nuevo período rebelde en la zona más “caliente” del planeta, Medio Oriente. Esta ola seguramente se extenderá hacia todo el mundo, como sucedió con la Primavera Árabe, probablemente de manera más intensa, lo cual creará grandes oportunidades para quienes defienden las banderas del socialismo revolucionario.


Comentarios
Publicar un comentario