Con los escraches a militantes libertarios comenzaron a sonar los tambores que anuncian el escarmiento obrero y popular
Por Damián Quevedo y Claudio Colombo
Un conocido provocador libertario, que hace las veces de youtuber, fue corrido y golpeado inmediatamente después de que varios manifestantes lo detectaran en la concentración contra el veto universitario en el Congreso.
Aunque no es la primera vez que este tipo de personajes es echado por la fuerza de una manifestación, el hecho suscitó un gran debate mediático. Varios representantes del stablishmen, como Miguel Pichetto, manifestaron su enorme preocupación por la creciente ola de escraches organizados en contra de “militantes” de La Libertad Avanza.
A esta expresión del malestar social, se le suma otro acontecimiento, que, para los defensores del régimen, constituye un desafío constante y sistemático a las autoridades: la conducta de buena parte de la clase trabajadora, que, para no abonar los cada vez más caros boletos de trenes o subtes, se dedica a saltar los molinetes.
Por esto último, la ministra de seguridad -Patricia Bullrich-
acaba de anunciar el refuerzo de las medidas de seguridad en las terminales de
transporte público, para lo cual ordenó el envío de mayor cantidad de efectivos de la policía federal armados con pistolas
Taser de última generación.
Desde este jueves, la Policía Federal Argentina (PFA) comenzó a usar pistolas Taser en estaciones de tren y terminales de ómnibus. La medida ya había sido anunciada en mayo pasado, cuando la ministra de Seguridad presentó el armamento no letal en la Escuela de Cadetes “Juan Ángel Pirker”[1].
Las reacciones contra personajes ligados al gobierno y la evasión en las estaciones de trenes y subtes, marcan la dinámica de la situación social, que tiende a radicalizarse, un proceso incipiente que busca nuevos canales de contención y de organización, que la izquierda revolucionaria debe ayudar a construir, impulsando la construcción de asambleas de base y mecanismos de autodefensa.
La asamblea es el organismo en el que las masas debatirán y resolverán cómo enfrentar a los ajustadores y con qué programa político y económico deberán hacerlo. Allí, los revolucionarios y las revolucionarias tendrán que agitar la estrategia socialista, el gobierno obrero y popular que acabe con el capitalismo y todos sus males.
Las herramientas de autodefensa serán necesarias para proteger las luchas y todas
las expresiones de la democracia directa, que serán atacadas con saña por las
fuerzas represivas, oficiales y paraestatales. Cuando estos organismos revolucionarios crezcan, se extiendan y fortalezcan se convertirán en el poder alternativo capaz de reemplazar
al de los capitalistas.
