Cristina no volvió para liderar la resistencia, sino para sostener a Milei
Por Damián Quevedo
La reaparición de Cristina Fernández y su mediática pelea con
el presidente ha sido un gran alivio para Milei, porque le permite jugar en el
ámbito que le otorgó el triunfo electoral, la “batalla cultural”, porque es un terreno,
en el que conseguir la victoria es mucho más fácil que en la economía, donde el
líder de la Libertad Avanza no pega una.
Es que Milei trata de hacer equilibrio entre lo que le permitió
ganar las elecciones -la promesa de una liberalización radical de la economía y
la denuncia de “la casta”- junto con aquello que le ayuda a sobrevivir, como el
mantenimiento del cepo cambiario, los aumentos escalonados de tarifas y los
acuerdos para que continúe funcionando el antiguo régimen.
En medio de la peor recesión de los últimos veinte años y
con la evidencia de las promesas incumplidas, tanto para los votantes del
oficialismo -que esperaban la destrucción de la “casta”- como para los grandes capitalistas
-que todavía no cuentan con todas las herramientas económicas que le exigen- Milei
respira, gracias a los servicios prestados por Cristina.
El método libertario es muy viejo pero eficaz, aunque cada
vez más limitado en el tiempo, ya que, desde Galtieri al kirchnerismo, todos
los gobiernos buscaron o inventaron enemigos para cohesionar e ilusionar a una
parte de la sociedad.
Este recurso, explotado hasta el cansancio por el
kirchnerismo, funciona hasta que la realidad demuestra la falacia del relato. Para
Cristina Fernández y Néstor Kirchner ese enemigo fabricado fue Clarín, mientras
que, para Milei, lo constituye “la casta”, representada principalmente por el kirchnerismo,
de ahí la importancia de la reaparición de la “jefa”.
Esta es, en definitiva, una conducta constante dentro del
espacio peronista, que, en la campaña electoral, le aportó a La Libertad Avanza
millones de dólares para su financiación y cientos de candidatos propios, a
través de un acuerdo secreto llevado adelante por Massa. Esta afirmación no es especulativa,
ya que son los propios peronistas los que reconocen el pacto, cuyo objetivo
fue, en principio, debilitar al PRO.
Pero Cristina Fernández, que no “da puntada sin hilo”, salió
al ruedo con otro objetivo complementario, que es el de decirle al establishment
que solo el peronismo podrá garantizar la gobernabilidad en estas
circunstancias, tan críticas para el sistema capitalista, tanto a nivel
nacional como internacional.
Milei es una tragedia para la mayoría del pueblo y un
problema para los grandes capitalistas, cuyo candidato no era él, sino Sergio
Massa. Aunque a los monopolios no les queda otra que ayudar a que el presidente
progrese con la “motosierra”, saben que Cristina tiene razón: ¡El peronismo fue
y continúa siendo el “partido del orden”, como lo ha demostrado en las
situaciones más complicadas para los de arriba!
En ese sentido, la ex presidenta intenta jugar otra ficha para
salvar al régimen. Por eso, no volvió a aparecer para liderar la resistencia, sino
para ordenar al peronismo, asumiendo, que, en un futuro no muy lejano, su
partido estará obligado a jugar el papel contrarrevolucionario que siempre jugó.
El PJ, que carece de liderazgo y es un aparato que funciona de forma vertical, necesita
un jefe o una jefa que lo conduzca.
La realidad, que en definitiva es la lucha de clases, dirá cuánto durará este nuevo relato circense, construido entre Cristina y Milei. Pero, casi seguramente no alcanzará para tapar la terrible situación económica que atraviesa el país y el crecimiento de los niveles de pobreza, que golpean al conjunto de la población, a lo largo y a lo ancho de la Argentina.
