miércoles, 21 de agosto de 2024

Explotó la interna del oficialismo, dividido entre fracciones que responden al presidente Javier Milei y a su vice, Victoria Villarruel

Por Claudio Colombo 

Estos días son más que críticos para el gobierno, porque, luego de haber sufrido una dura derrota en el Senado -que votó al radical Lousteau como presidente de la comisión que controlará el funcionamiento de los servicios secretos- la vice presidenta anunció en público su total y absoluto rechazo al nombramiento del juez Lijo para integrar la Corte Suprema.

Tan peleados están los libertarios, que una fracción de estos no tuvo inconvenientes en dejar correr la candidatura del senador opositor Lousteau para cubrir un puesto en un área tan sensible, como es la vigilancia de los espías de la SIDE, una cueva de gangsters en la que se organizan campañas en contra de los políticos que no le caen bien al gobierno.

Quienes pretendían hacerse cargo de esa estratégica comisión eran, nada más y nada menos que Patricia Bullrich y el ministro de defensa, Luis Petri, que están de punta con la fracción libertaria que encabeza la vice “carapintada”. Anoche, una de las voceras extraoficiales del gobierno, la diputada Lemoine, se despachó a gusto contra Villarruel en un programa de TN, a la que acusó de “jugar para el kirchnerismo”.

Esta lucha por el manejo de las principales palancas del Estado no es un fenómeno argentino, sino la expresión nacional y bizarra de la guerra comercial que involucra a las grandes potencias, Estados Unidos, China, Unión Europea, Rusia y Japón. Todas pelean entre sí para quedarse con los mercados de sus rivales, en medio de una situación económica que tiende a convertirse en recesiva.

Como decían Lenin, cuando los de arriba se dividen, los de abajo tienen más y mejores posibilidades de luchar con éxito contra el Estado y los capitalistas. Esta realidad comenzó a expresarse en varios puntos del planeta, como en Medio Oriente, donde la resistencia del heroico pueblo palestino está poniendo en jaque a uno de los ejércitos más poderosos del mundo, o, en Bangladesh, cuya primera ministra fue tumbada por una gran rebelión obrera, popular y estudiantil.

Argentina va para el mismo lado, porque Milei y todos los políticos patronales, que no pueden resolver la crisis capitalista en la que están inmersos, están metidos en una lucha interna fratricida, que los terminará hundiendo. Por eso, mucho más pronto de lo que piensan los plumíferos de la burguesía, la tendencia general -hacia nuevas rebeliones- cobrará fuerza entre las masas de este país, que, no por casualidad, están acostumbradas a explotar de bronca.  

Los revolucionarios y las revolucionarias debemos prepararnos para esta perspectiva, construyendo un partido o movimiento que unifique a todas las organizaciones o fracciones dispuestas a construir, desde las bases, el Argentinazo triunfal que reclaman las actuales circunstancias. ¡Para avanzar en ese sentido, será necesario romper con el conservadurismo y apatía que caracteriza a buena parte de la izquierda, que está cada vez más adaptada a un régimen que se derrumba!


 

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