Por Claudio Colombo
Estos días
son más que críticos para el gobierno, porque, luego de haber sufrido una dura
derrota en el Senado -que votó al radical Lousteau como presidente de la
comisión que controlará el funcionamiento de los servicios secretos- la vice
presidenta anunció en público su total y absoluto rechazo al nombramiento del
juez Lijo para integrar la Corte Suprema.
Tan
peleados están los libertarios, que una fracción de estos no tuvo inconvenientes
en dejar correr la candidatura del senador opositor Lousteau para cubrir un
puesto en un área tan sensible, como es la vigilancia de los espías de la SIDE,
una cueva de gangsters en la que se organizan campañas en contra de los políticos
que no le caen bien al gobierno.
Quienes
pretendían hacerse cargo de esa estratégica comisión eran, nada más y nada
menos que Patricia Bullrich y el ministro de defensa, Luis Petri, que están de
punta con la fracción libertaria que encabeza la vice “carapintada”. Anoche,
una de las voceras extraoficiales del gobierno, la diputada Lemoine, se
despachó a gusto contra Villarruel en un programa de TN, a la que acusó de “jugar
para el kirchnerismo”.
Esta lucha
por el manejo de las principales palancas del Estado no es un fenómeno
argentino, sino la expresión nacional y bizarra de la guerra comercial que
involucra a las grandes potencias, Estados Unidos, China, Unión Europea, Rusia
y Japón. Todas pelean entre sí para quedarse con los mercados de sus rivales,
en medio de una situación económica que tiende a convertirse en recesiva.
Como decían
Lenin, cuando los de arriba se dividen, los de abajo tienen más y mejores
posibilidades de luchar con éxito contra el Estado y los capitalistas. Esta realidad
comenzó a expresarse en varios puntos del planeta, como en Medio Oriente, donde
la resistencia del heroico pueblo palestino está poniendo en jaque a uno de los
ejércitos más poderosos del mundo, o, en Bangladesh, cuya primera ministra fue
tumbada por una gran rebelión obrera, popular y estudiantil.
Argentina
va para el mismo lado, porque Milei y todos los políticos patronales, que no
pueden resolver la crisis capitalista en la que están inmersos, están metidos
en una lucha interna fratricida, que los terminará hundiendo. Por eso, mucho
más pronto de lo que piensan los plumíferos de la burguesía, la tendencia
general -hacia nuevas rebeliones- cobrará fuerza entre las masas de este país,
que, no por casualidad, están acostumbradas a explotar de bronca.
Los
revolucionarios y las revolucionarias debemos prepararnos para esta perspectiva,
construyendo un partido o movimiento que unifique a todas las organizaciones o
fracciones dispuestas a construir, desde las bases, el Argentinazo triunfal que
reclaman las actuales circunstancias. ¡Para avanzar en ese sentido, será
necesario romper con el conservadurismo y apatía que caracteriza a buena parte
de la izquierda, que está cada vez más adaptada a un régimen que se derrumba!

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