Por Juan Giglio
El arranque de la fase dos del plan económico del Gobierno
fue recibido con desconfianza por parte del mercado, que reaccionó con alzas de
los dólares alternativos, suba del riesgo país y caídas de bonos y acciones. En
el primer día hábil después de la conferencia de prensa que ofrecieron el
viernes pasado el ministro Luis Caputo y el presidente del Banco Central
Santiago Bausili, los dólares paralelos rompieron el techo de los 1.400 pesos y
marcaron las mayores cotizaciones nominales alcanzadas hasta ahora. (Clarín, 2
de julio)
Como dijo, tiempo atrás, el propio Milei, el dólar paralelo
es el que mejor expresa los humores del “mercado”, que no es otra cosa que el
conjunto de grandes monopolios, principalmente extranjeros, que dominan la
economía nacional. Por eso, a pocas horas del anuncio -por parte del ministro
de economía y el jefe del Banco Central- del nuevo capítulo del plan económico,
los dueños del país reaccionaron demostrando sus dudas y cuestionamientos para
con Milei y sus secuaces.
El mercado se quedó con gusto a poco y reaccionó con subas
de los dólares y caídas de los activos. Las acciones de los bancos argentinos que
cotizan en Nueva York se hundieron hasta 9% y arrastraron a la
baja a todos el panel de ADR. También en Buenos Aires la bolsa se vio afectada,
con el Merval cediendo 1%. (Clarín, 2 de julio)
Lo que está sucediendo no solo tiene que ver con los deseos
devaluacionistas o anti “cepo” de los exportadores de granos y otros grupos
empresariales. También está relacionado a lo que acontece en Corrientes, donde a
Patricia Bullrich le volvió a “salir el tiro por la culata”, ya que tuvo que
volver a Buenos Aires después de haber fracasado con el intento de volver con
un “trofeo”: encontrar a Loan, vivo o en la “panza de algún cocodrilo”.
Bullrich tuvo, antes que en Corrientes, un traspié
importante, fue el rechazo, por parte de la jueza Servini de Cubría, de procesar a
los presos de la movilización contra el Plan Bases, como “sediciosos”. La magistrada, además, liberó a la mayoría de estos. Los “mercados” registran estas cuestiones, ya que coinciden con que es necesario amedrentar
y reprimir al movimiento de masas para que pase el ajuste, algo que ni Bullrich ni Milei pueden garantizar con eficacia.
La “desconfianza” de los empresarios tiene que ver
con que se han dado cuenta de que este gobierno no está en condiciones de
llevar adelante lo que les prometió: una gestión capaz de doblegar y regimentar al poderoso movimiento obrero argentino,
que, cuando explote -azuzado por la caída de su calidad de vida y las
rebeliones provinciales- protagonizará nuevos Argentinazos, seguramente más
radicalizados que el de 2001.
La izquierda, en vez de ir a la cola del peronismo o actuar
de “contragolpe”, debe asumir un papel de vanguardia, con tácticas audaces, dirigidas hacia el conjunto de la clase obrera y el pueblo, que,
cuando acabe con las expectativas o ilusiones con el actual gobierno, buscará una
salida más radicalizada que las que, hasta ahora, les ofreció el peronismo, que
dejó de ser su conducción política y sindical.

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