Por Damián Quevedo
Desde que asumió, el gobierno libertario no deja de sufrir traspiés y derrotas, lo que demuestra que es un gobierno muy débil, debilidad que tiene que ver, no solo por sus características -inexperiencia, minoría en las cámaras, internas salvajes, etc.- sino también por la debacle económica, que viene de mucha antes.
Esta realidad generó la explosión de grandes problemas
políticos, que tuvieron y continúan teniendo lugar en el seno de los dos
poderes en los que se mueven los libertarios, ejecutivo y legislativo. Por esta
razón, a las leyes sin promulgar, se le suma el desmembramiento casi continuo
de personajes que abandonan el barco después de haber protagonizado duras
peleas internas.
Gabinete,
dividido. Bloque de la Cámara de Diputados, partido. Bancadas en la Legislatura
bonerense, fracturadas. Liga de gobernadores "dialoguistas", sin
Pacto de Mayo y con la ley bases atada con alambres de cara a la sesión del 12
de junio en el Senado. Javier
Milei
enfrenta un complicado escenario político interno tras su gira por San Francisco con magnates de la
tecnología en medio de la cada vez
más delicada situación de Sandra
Pettovello en
el Gobierno, por el escándalo
de los alimentos[1].
El escándalo de corrupción en torno al ministerio de Capital Humano, es, utilizando una metáfora boxística, un gancho al hígado para Milei, ya que derrumba uno de los pilares del relato libertario, la lucha contra la corrupción, que ya dejó de ser un problema de los “zurdos”.
Este culebrón está haciendo temblar a una de las pocas funcionarias que parecía inamovible, Sandra Petovello, que barajó presentar la renuncia varias veces en esta semana. La amiga de Milei está cada vez más salpicada por la retención de toneladas de alimentos y el desvío de fondos para garantizar el pago de sobresueldos a varios de sus subordinados directos.
Arrinconada,
la ministra Pettovello admitió el escándalo y ordenó que se repartiera la
comida. Pero, además, buscó un chivo expiatorio donde descargar la
responsabilidad. Por eso renunció Pablo de la Torre, el secretario de Niñez. En
estas horas, la guerra sorda entre Pettovello y De la Torre tiene ribetes
brutales. Ella lo denunció ante la Oficina Anticorrupción. Su credibilidad está
dañada, pero busca desviar la atención: lo que cualquier miembro de la casta
hubiera hecho si lo descubrían con las manos en la masa[2].
De esa manera se están derrumbando los dos grandes pilares del relato gubernamental: por un lado, que el ajuste sería sobre la política y, por el otro, que los “anarco capitalistas” no meten la mano en la lata, como la “casta”. En realidad, los libertarios obra aún peor que sus predecesores, porque lo hacen en la etapa de mayor decadencia del régimen político en su conjunto.
Con este panorama, el gobierno nacional puede hundirse
solo y ser desplazado por otro partido patronal, a través de un proceso de recambio
electoral relativamente ordenado. También puede ser arrasado por una nueva
rebelión obrera, que, de producirse, debería ser liderada por la izquierda
revolucionaria, única manera de conquistar los cambios políticos y económicos que
resuelvan las demandas insatisfechas de la mayoría.

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