Por Damián Quevedo
El escándalo que estalló en el ministerio de capital humano, comenzó con el acopio de alimentos que debían ser destinados a comedores y destapó una olla con mucha más presión, en la que se cocinaban sobresueldos, contratos truchos y empleados fantasmas. Todo esto estaba bajo la dirección de Sandra Pettovello, la amiga y protegida del presidente Milei.
Estos hechos ya pasaron al
poder judicial y son parte de un proceso que puede abrir las puertas de un
entramado aún más desfavorable para el gobierno. La denuncia señala que los fondos destinados para los contratos
"ascenderían a los $1.000 millones con un desembolso de $645 millones
autorizados por el secretario de Niñez, Adolescencia y Familia del Ministerio
de Pettovello y que, en enero, se habrían girado otros $395 millones”. El área
mencionada estaba en manos del desplazado De la Torre[1].
El gobierno se atrincheró con la ministra, pero eso no evitó que recibiera un golpe contundente sobre su capital político, consistente en la promesa de eliminar la corrupción detrás de la asistencia social del Estado. No es el primer indicio de corrupción en el gobierno libertario, que tiene como ministro de economía a un pirata financiero de renombre internacional.
Sin embargo, el problema de fondo va más allá de los personajes particulares y su conducta, ya que la corrupción y los negocios ilegales atraviesan a todos los gobiernos, el peronismo puede hacer una cátedra sobre el tema. Esto no se debe a una cuestión de cultura política o de ideologías, es un aspecto estructural en el funcionamiento de las instituciones del Estado capitalista.
Quienes manejan el Estado y se encargan de administrar los negocios e intereses de los grandes capitalistas, generalmente representan a una determinada fracción empresarial, con la que hacen negocios. Más allá de esta cuestión, estos personajes deben velar por los intereses de la burguesía en su conjunto, garantizando que continúe intacta la fuente de sus riquezas, que es la explotación de la clase obrera.
Los partidos patronales, desde los que se pintan de progresistas hasta los que se definen abiertamente derechistas, no defienden a los capitalistas por convicción política, sino porque implica participar, directa o indirectamente, en sus negocios. Por eso, cuando el mercado está en declive, como ahora, tratan de sacarle todo el jugo al que siempre les da de comer, el Estado y su fenomenal caja.
El capitalismo es la base material de la corrupción, razón por la cual, bajo este sistema que condena a millones de personas a la miseria, no puede existir honestidad entre quienes lo defienden. Para acabar con este flagelo hay que destruir al sistema, de conjunto, mediante una revolución social que permita la existencia de otra sociedad, más justa y humana, el Socialismo.
[1] Ámbito financiero 02/06/2024

No hay comentarios.:
Publicar un comentario