Cristina Fernández con uno de sus "pollos", el senador peronista "Camao" Espínola, quien junto a otro peronista, Eduardo Kueider, le dio los votos que necesitaba Milei para aprobar la Ley Motosierra en el Senado. El peronismo, además, no hizo nada para frenarla, porque ni movilizó masivamente ni convocó, a través de la CGT, al paro nacional que hacía falta.
Por Juan Giglio
Aunque fue votado en el Senado, el proyecto de Ley “Bases” tiene que volver a su cámara de origen, Diputados, porque fue modificado sustancialmente, ya que era la única manera de que lograra el apoyo de algunos legisladores de la oposición. En ese sentido, fue crucial la colaboración del peronismo, que, de la mano de los senadores "Camau" Espínola y Edgardo Kueider, le dio los votos necesarios a Milei para que pudiera avanzar con la motosierra.
El peronismo, además, jugó un papel desmovilizador significativo, ya que no convocó a movilizar frente al Congreso y boicoteó la posibilidad de que la CGT decretara una medida de lucha acorde a lo que se estaba votando: la huelga general. Por esa razón, las columnas de la burocracia sindical, que marcharon hasta el parlamento, solo para cumplir, se retiraron rápidamente del lugar, dejando a la izquierda prácticamente sola frente al gigantesco e inédito operativo represivo, montado por “Rambo” Bullrich.
Independientemente de todo esto, la aprobación de la ley no significó ningún “triunfo épico” del gobierno, que, siendo extremadamente débil, deberá enfrentar a una resistencia obrera y popular, que, lenta pero sistemáticamente, está desarrollándose y extendiéndose por todo el país. Un proceso de luchas que tiene y tendrá lugar contra el plan de ajuste, que con ley o sin ley continuará implementándose, ya que es lo que reclaman los grandes capitalistas que dirigen, realmente, los destinos del país.
La tarea de la izquierda y las organizaciones combativas más
consecuentes es organizar la resistencia, jugándose a que cada lucha parcial
triunfe y que cada una de estas se unifique a través de medidas de acción directa regionales y
nacionales, que desemboquen en el Argentinazo o Huelga General Activa que reclaman las actuales
circunstancias.
Esto no lo harán los burócratas sindicales, ni los dirigentes políticos del
peronismo y sus aliados, que están jugando el papel de “opositores” solo para la
tribuna, porque en los hechos no hacen más que garantizar la gobernabilidad al servicio de la
recolonización nacional. Por eso, el desafío de los revolucionarios y las
revolucionarias es construir desde las bases la conducción sindical y política que supere
los límites de todos los agentes locales de la burguesía.

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