Por Damián Quevedo
Como venimos señalando en notas anteriores, las sucesivas derrotas de la política guerrerista del Estado de Israel, se inscriben en un contexto general, de ascenso del movimiento de masas, que en las últimas semanas pegó un salto cualitativo, a partir de la movilización de los y las estudiantes de varias universidades en las grandes potencias.
En ese sentido, las acciones universitarias de Alemania, Francia y Estados Unidos, representan un escalón superior en el aislamiento del sionismo, que incluso fue abandonado por los yanquis en el consejo de seguridad de la OTAN. Esta realidad, que agudiza la lucha de clases en el interior de estos países, profundiza la crisis de sus gobiernos, que, en ese marco, se vuelven cada vez más represivos.
El caso del imperialismo norteamericano es emblemático, porque Biden ha decidido atacar con dureza cualquier acto de solidaridad con el pueblo palestino. La policía estadounidense reprime con dureza, no solo a los campamentos y grandes concentraciones solidarias, sino a los profesores que, individualmente, se animan a censurar al genocidio israelí.
La Universidad de Columbia es el epicentro de
unas protestas que se han propagado rápidamente a otras instituciones de
educación superior por todo Estados Unidos y que han registrado más de 1100
detenidos. Las protestas se han registrado en Florida, Texas, California, Nuevo
México, Minnesota, entre otros estados.
Los manifestantes claman por el fin de la guerra en Gaza y de la ocupación israelí en los territorios palestinos. También exigen que la universidad rompa sus vínculos con Israel y quieren el regreso del centenar de estudiantes suspendidos tras una fuerte intervención policial hace unas semanas, cuyas imágenes le dieron la vuelta al mundo[1].
Las movilizaciones contra la guerra en Palestina no sólo son relevantes por su radicalización, sino principalmente porque se han convertido en luchas políticas, que golpean directamente al gobierno yanqui, que se encuentra en problemas inéditos, ya que, por otro lado, se intensifica la guerra comercial que lleva adelante con sus rivales chinos.
Desde la guerra de Vietnam no se veían movilizaciones de estas características. Si bien aquellas eran mucho más masivas, las actuales se producen en un momento mucho más crítico para el imperialismo yanqui que el que atravesaba a fines de los 60. Los revolucionarios debemos apoyar estas batallas democráticas, porque, si avanzan, golpearán fuerte al enemigo de todos los pueblos y servirán para aislar, aún más, al monstruo sionista.

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