jueves, 16 de mayo de 2024

Dos tareas frente al ataque a organizaciones piqueteras: Repudiar y movilizar contra la persecución y abrir un debate en las filas de izquierda

Por Comité Ejecutivo de Convergencia Socialista

El gobierno salió con todo a atacar a varios militantes de izquierda que militan en los movimientos “piqueteros”, entre ellos algunos compañeros del PO. Queda claro, que, más allá de los datos sobre corrupción y manejo clientelar que presentan desde el gobierno, la intención de la gente de Milei es pegarles a los sectores más combativos, aprovechando los flancos débiles que existen en este tipo de organizaciones sociales.

Desde Convergencia Socialista le negamos a este o a cualquier gobierno capitalista el derecho a juzgar y procesar a las organizaciones del pueblo pobre, deben ser los trabajadores quienes se encarguen de controlar y castigar a los elementos corruptos, si es que los hay. Por esta razón, exigimos el cese de las persecuciones y procesamientos judiciales. ¡Quienes tienen que ir presos inmediatamente, son los grandes empresarios que saquean los recursos naturales y sociales y los funcionarios que lo permiten y facilitan!

A partir de esa ubicación, que es de principios, también creemos, que, dentro de las filas de la izquierda, se debe abrir un debate sobre las políticas de los revolucionarios hacia los sectores más pauperizados y el movimiento de desocupados. En ese sentido, somos muy críticos de la orientación “piqueterista”, que han adoptado desde ciertas organizaciones, como el PO, el MST y otros partidos que se reivindican socialistas.

Adjuntamos un par de artículos que escribimos al respecto en 2023, antes de la asunción del gobierno de Milei, notas que pueden servir para abrir este importantísimo debate.

 

Un debate necesario... Nota publicada el 1 de agosto de 2023 

Igual que otras organizaciones stalinistas y populistas, algunos partidos trotskistas -como el PO y el MST- han profundizado su adaptación al régimen, no solo por sus prácticas electoralistas, que son muy parecidas a las del resto de las organizaciones del FITU, IS y PTS, sino debido a su orientación “piqueterista”.

En notas anteriores, señalamos que la independencia de la izquierda frente al Estado es contradictoria, más bien incompatible, con la administración -por parte de organizaciones que pretenden destruirlo- de los cuantiosos recursos que esta herramienta fundamental del Sistema Capitalista destina para contener la explosividad social y proveer de mano de obra barata a los municipios y gobernaciones.

El manejo, directo o indirecto, de estos recursos, coloca a las organizaciones revolucionarias (más allá de sus intenciones) en un lugar que le corresponde al Estado, que a su vez ejerce una fenomenal presión sobre estas. Una presión que, en los hechos, las terminó convirtiendo en instrumentos para la contención de una fracción pauperizada de la población.

Esta dependencia permanente y sistemática, crea objetivamente la necesidad de organizar una capa burocrática, como en cualquier estructura del Estado burgués, que, ubicada en la super estructura “piquetera”, termina decidiendo a quién le corresponde tal o cual política de asistencia social, mediante la decisión de “altas y bajas”, la distribución de mercadería o la organización de cuadrillas para la realización de ciertos trabajos.  

Como marxistas entendemos que la consciencia está relacionada a la existencia, de ahí nuestra comprensión sobre el carácter revolucionario de la clase trabajadora. El sector social productivo, al cual, tanto el patrón como el Estado, le extraen una cuota de plusvalía a partir del trabajo asalariado, algo que no sucede en la mayor parte de aquellos o aquellas que reciben asistencia estatal.

Las organizaciones piqueteras, las de izquierda y las de derecha, todas, absolutamente todas, dependen de esa asistencia, lo que significa que es realmente imposible hablar de una verdadera independencia política, ya que existe una fuerte ligazón económica.  

Esta política, que aleja objetivamente a estos partidos de la clase trabajadora ocupada -que debería ser centro de su preocupación e intervención- es coherente con la definición del último Congreso del PO. Allí se resolvió impulsar un "movimiento popular con banderas socialistas", una formulación que deja explícitamente de lado a la clase obrera, la única que puede llevar al resto de los oprimidos hacia la revolución.  

Los partidos que se reivindican trotskistas, deben tener política hacia todos los oprimidos y oprimidas, pero a partir y desde la clase obrera ocupada, que tiene que tomar como propia la tarea de ganar como aliados a estos sectores, comenzando por solidarizarse con sus justos reclamos.

Lo que no pueden hacer los revolucionarios y las revolucionarias es concentrar la mayor parte de su militancia en esta franja oprimida, porque esa orientación, tal como lo estamos demostrando, impone un grado de adaptación al sistema capitalista -a través de su herramienta principal, el Estado- que condiciona la estrategia socialista.

 

El oportunismo "piqueterista" del PO y el MST nota del 22 de mayo de 2023

En la última semana publicamos una nota y emitimos un programa -que subimos a YouTube y otras redes- sobre la marcada tendencia que existe en el Partido Obrero y el MST, en cuanto a concretar frentes con ciertos sectores de la burguesía, al estilo de los frentes populares que construyó años atrás el estalinismo.

Ambos grupos tienen una larga historia de hechos que corrobora esta caracterización. Nahuel Moreno escribió un texto que describe la estrategia frente populista del PO -Lora reniega del Trotskismo- en el que denuncia al dirigente trotskista boliviano Félix Lora, quien, con el apoyo de Altamira, capituló al gobierno del general Torres, a principios de los 70.   

Desde que rompió con el viejo MAS, el MST, ha tenido una orientación más que consecuente, la de concretar acuerdos con cuanto dirigente burgués se le haya cruzado en el camino, como Luis Juez en Córdoba, Pino Solanas a nivel nacional, o la ex gobernadora de Tierra del Fuego, Fabiana Ríos, en términos de la Provincia de Buenos Aires.   

Estos partidos le pegan al PTS por sus coqueteos con el kirchnerismo, crítica que hemos hecho y continuaremos haciendo desde Convergencia Socialista. Sin embargo, estas actitudes oportunistas están todavía lejos de las trapisondas del PO y el MST, como el acto que acaban de organizar con Grabois, Pérsico y otros funcionarios del gobierno. 

En una nota anterior denunciamos lo grave de esta acción junto a los verdugos del movimiento piquetero, en la cual -más allá de las intenciones- fueron usados para jugar en la interna peronista contra Tolosa Paz. Más allá de esta capitulación, de la que hemos escrito suficiente, queremos detenernos en otra cuestión de fondo, la base social (piquetera) en la que se apoyan, tanto el PO como el MST, y sus implicancias políticas. 

Movimiento piquetero, un cambio sustancial en su composición social   

El movimiento de trabajadores desocupados cobró fuerza a mediados de los 90, en la segunda mitad de esa década, cuando la desocupación generada por las privatizaciones y la desindustrialización -que se arrastraba de mucho antes- llevaron a un sector obrero a combatir estos flagelos con metodologías muy radicalizadas, como los piquetes. 

Así, desocupados de YPF y otras ramas de la industria, recurrieron a duras medidas de acción directa, que en varios casos culminaron en puebladas. Formalmente, ese movimiento continúa existiendo, pero con cambios cualitativos en su composición, que constituyen el aspecto central de sus límites y determinan el carácter de las organizaciones que lo conducen. 

Ante el crecimiento y multiplicación de este tipo de movimientos y luego de haber fracasado con la represión, el Estado se propuso desplegar una política de asistencia social masiva, que terminó siendo administrada por las conducciones piqueteras, varias de las cuales fueron cooptadas por el peronismo. Las de izquierda, aunque no se alinearon al PJ, pagaron un precio muy caro, su dependencia del aparato estatal, que las condiciona políticamente. 

Los primeros piquetes y cortes de rutas fueron protagonizados por sectores obreros que habían quedado desocupados muy poco tiempo antes de los mismos, razón por la cual su reivindicación central era volver a trabajar. Gracias a las primeras grandes luchas -en el marco de una recuperación económica, provocada por la “locomotora china”- muchos de estos compañeros y compañeras recuperaron su lugar en el aparato productivo y de servicios.   

El movimiento de desocupados continuó existiendo, pero paulatinamente fue abandonando la lucha por trabajo genuino, para poner en el centro de sus reclamos, la exigencia de asistencia social por parte del Estado, que es, en definitiva, la política que días atrás unificó a los movimientos de la izquierda con sus pares del oficialismo. 

En estos 20 años, la cantidad de beneficios pagados saltó de 1,6 millones a 12,12 millones, con un aumento del 657,5%, aunque cabe aclarar que una persona puede estar cobrando más de un beneficio, debido a la superposición de planes entre las distintas reparticiones. En el gobierno de Alberto Fernández, la cantidad de planes creció 18,6%, pero el monto más que se duplicó. [1]

Si contemplamos que la crisis que llegó de 2001 culminó a mediados del 2002, con el ajuste que posibilitó la salida de la convertibilidad y dio lugar al ciclo de expansión capitalista impulsado por la venta de soja a China, vemos que el sector que continuó dando cuerpo a las organizaciones sociales, ya no proviene esencialmente de la clase obrera industrial. 

Los movimientos de ahora, están integrados, en su mayoría, por una fracción de la población que no está en condiciones -por edad o por otras razones- de ingresar a una fábrica o un empleo formal. Es decir que ya no constituyen aquello que Marx llamaba sobrepoblación relativa, un ejército de desocupados que presionan sobre los salarios, porque ofrecen "fuerza de trabajo barata". 

Son desocupados estructurales, cuya condición no está determinada por los ciclos de expansión y crisis del capitalismo, a pesar de lo que sostienen organizaciones como el PO, que hacen esto con el único propósito de justificar su política sobre ese sector: Para el movimiento obrero ocupado, el movimiento piquetero representa un límite objetivo al uso del ejército de desocupados para presionar en favor de la baja del salario. [2]

Esta afirmación, desde el punto de vista formal parece acertada, aunque la realidad es absolutamente distinta, como lo demuestra un informe del ministerio de producción, que, apoyado en cifras oficiales, observa un crecimiento salarial incompatible con la existencia de un ejército de reserva del capital. 

El informe, titulado “Dinámica salarial de los sectores productivos, de la convertibilidad al Covid-19”, divide los 26 años de análisis en 6 etapas. La etapa de mayor crecimiento del salario real se da en la llamada “recuperación de la posconvertibilidad”, entre septiembre del 2002 y diciembre del 2011. La actividad económica tuvo un crecimiento acumulado del 73,1% (6,1% anualizado), con un salario real que tuvo una mejora del 68,8% (5,8% anualizado). [3]

Los números dan cuenta de que el verdadero ejército de reserva para la industria, se incorporó al proceso productivo durante el ciclo de expansión post crisis de 2001. Por esto, con sus teorías y postulados, el sector de la izquierda que centra su construcción en el movimiento piquetero, solo busca justificar su alejamiento de la clase obrera y aprovechar las circunstancias para crecer como “aparato” capaz de movilizar a miles.   

Esto no quiere decir que los y las socialistas abandonemos a este sector. Para nada, solo decimos e insistimos, que no puede ser el centro de atención y militancia de los revolucionarios, que tiene que ser dentro de la clase obrera ocupada. Debe ser así, a pesar de que el trabajo “gris” y cotidiano sobre las fábricas y grandes empresas no signifique la posibilidad inmediata de organizar columnas numerosísimas, ni, mucho menos, de obtener y administrar los cuantiosos fondos que se destinan a la asistencia social. 

El Partido Obrero y el sujeto social   

El socialismo moderno, que nace con Marx y Engels, se caracteriza por entender que el proletariado -nacido con la producción capitalista- es la única clase social capaz de poner fin a este modo de producción, ya que en sus condiciones de vida se encuentran las razones por las que puede construir una nueva sociedad, sin explotados ni explotadores. 

Lo esencial de esas condiciones es que produce socialmente, dentro de la cual se encuentran las bases materiales necesarias para superar al capitalismo. Ningún obrero puede fabricar nada individualmente, depende para ello de otros compañeros y compañeras, ese hecho objetivo es el que convierte al proletariado en sujeto revolucionario, como diría Marx “en sí”. Nuestra tarea, ardua por supuesto, es que gane consciencia “para sí”. 

Por lo difícil que es esta militancia, muchas organizaciones y dirigentes socialistas han tratado, a lo largo de la historia, de cortar camino, algunos eligiendo el camino de las acciones audaces descolgadas de la clase trabajadora -guerrillerismo- otros, el parlamentarismo, como el MST y el PO, que a esta desviación le ha agregado la del piqueterismo.   

Suplir a la clase obrera, que puede frenar el proceso productivo, generar un enorme daño al capital, o incluso destruirlo, por un sector de la sociedad cuyas condiciones de existencia son resueltas de manera individual es equivocado. Esto es así, porque a pesar de que el movimiento piquetero marcha de forma colectiva, sus integrantes son, por lo general, cuentapropistas que están alejados de la producción colectiva que caracteriza al proletariado. 

Altamira, el “sujeto social” piquetero y sus alumnos del PO 

La clase trabajadora y la izquierda deben tener tácticas para organizar y ganar a esta porción de la sociedad para sus luchas y para la revolución social, pero, lo que no pueden es ubicarla en un lugar que no le corresponde, como hizo Jorge Altamira, uno de los primeros teóricos del nuevo “sujeto social piquetero”, antes de ser echado del Partido Obrero. 

Altamira, en varias y extensas publicaciones intentó fundamentar su defensa de esta teoría, basándose no en el contenido social de los piqueteros, sino en la forma que utilizaron para luchar en uno de los momentos principales de su existencia. Todo el macaneo izquierdista acerca de ‘cómo terminar con los piqueteros’, simplemente pone al desnudo una superlativa ignorancia de los programas y de la historia obreras y de la lucha de clases, pero por sobre todo una hostilidad, tanto más profunda cuanto que es instintiva, hacia la expresión real que asume la tendencia revolucionaria en el seno de los más explotados y de los más humillados. [4]

Estas afirmaciones contienen varias falsedades, construidas para imponer un posicionamiento político ajeno al marxismo. Una de las falacias es referirse a este sector como "el más explotado", cuando la explotación capitalista sucede exclusivamente en el marco de la producción capitalista, donde tiene lugar la extracción de plusvalía. Altamira asemeja pauperización y explotación, a pesar de que son dos términos absolutamente diferentes. 

Un obrero puede ser altamente explotado, a pesar de ganar un salario muy por arriba de la tasa media, ya que la explotación no está determinada por lo que cobra, sino por la tasa de plusvalía que obtiene el capital. El capitalismo no obtiene plusvalía de los desocupados, salvo en la trasnochada cabeza de algunos teóricos que se dicen marxistas, como Jorge Altamira y quienes, a pesar de haberlo echado de sus filas, continuaron defendiendo sus disparates. 

Como Altamira conoce la teoría de la explotación y la extracción de la plusvalía, para definir al nuevo “sujeto social”, tuvo que hacer una maniobra, reivindicarlo por sus viejos métodos. Para esto buscó encontrar en las organizaciones sociales el germen de las milicias obreras, de las que hablaba Trotsky en el Programa de transición. 

En su intento de elevar el oportunismo al grado de teoría, Altamira terminó alejándose de las elaboraciones de los viejos marxistas. Sus seguidores y los dirigentes de otros grupos que los acompañan, adhieren en general a estos postulados, razón por la cual no resulta extraño que se junten con otros personajes, que, aunque son oficialistas, coinciden en cuanto al método. 

Las organizaciones que conforman el movimiento piquetero actual, más allá de sus definiciones políticas, operan como una extensión del Estado, porque garantizan no solo la organización de la asistencia social, sino también la precarización laboral. Miles son ocupados por las intendencias y otras dependencias, para cumplir el papel que antes cumplía el personal de planta, bajo convenio. 

Si existe una porción piquetera que está siendo explotada es justamente esta. Sin embargo, la lucha por el pase a planta permanente de estos compañeros y compañeras, prácticamente no existe, ni en los movimientos de izquierda, ni en los que conducen Grabois, Pérsico, Alderete, Menéndez y compañía. 

Cuando criticamos a los grupos que se reivindican socialistas por no luchar por trabajo genuino, no es porque no lo planteen, de manera formal, sino porque han dejado de marchar a la cabeza de los grupos piqueteros hacia las fábricas y las empresas para reclamarlo. Tampoco se movilizan para reclamar que cese la precarización de quienes, cobrando planes, están siendo ocupados por los diferentes organismos estatales. 

Como socialistas no nos oponemos a obtener, mediante la lucha, todo tipo de asistencia social por parte del Estado, ya que sirve para capear el hambre y la miseria capitalista. Lo que rechazamos es quedarnos en esas demandas, y, sobre todo, en esa lógica que no apunta más que a atar al sector más empobrecido de la población a ser esclavos de quienes se alternan en la administración del gobierno. 

Una política revolucionaria implica, en primer lugar, vincular a los desocupados con la clase obrera. Esto significa apoyar constantemente sus luchas, y, en ese marco, pelear por la incorporación de miles que no tienen trabajo a la producción efectiva, como lo hizo el movimiento piquetero en su origen. 

[1] La Nación 16/05/2022

[2] Prensa obrera 03/03/2020

[3] Ámbito financiero 15/05/2022

[4] Prensa obrera N858.

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