Por Damián Quevedo
En medio de conflictos por los despidos en el Estado y con miles de fábricas produciendo a la mitad de su capacidad, volvió a visitar el país una emisaria importante de los yanquis: La jefa del comando sur de Estados Unidos, la generala Laura Richardson, llegó a la Argentina con una intensa agenda de reuniones con funcionarios del Gobierno nacional a fin de fortalecer los lazos bilaterales e impulsar proyectos tendientes a reforzar la seguridad regional[1].
Este desembarco se produjo luego de que el gobierno -con el apoyo de toda la oposición patronal- se decidiera a enviar tropas federales a Rosario. El objetivo de este envío no es acabar con la “delincuencia”, sino cuidar las propiedades e intereses de los empresarios, que exportan toneladas de granos desde los mismos puertos que distribuyen la droga que reciben de Bolivia, Colombia y Paraguay.
Por esa misma razón, Richardson le reclamó a Milei que cumpla con el acuerdo -firmado por Alberto y Cristina- de entregarle el manejo de la navegación del Paraná, que, de concretarse, se llevará adelante con un equipo “técnico”, conformado por ingenieros militares yanquis. ¡Esto significa que principal banda narco del planeta, la DEA, pasaría a controlar y regular el comercio de cocaína y marihuana, que va desde Argentina hacia Europa!
La presencia de tropas -nacionales e internacionales- es un mensaje a los trabajadores y trabajadoras de esa región, donde se concentra buena parte de la industria más desarrollada del país: ¡Milei y los gobernadores, con la ayuda de los yanquis, se preparan para enfrentar las rebeliones obreras que se avecinan contra el plan de ajuste que todos ellos sostienen!
La visita de Richardson, que ya estuvo dos veces en el país durante el mandato del kirchnerismo, está relacionada, además, al avance de los principales competidores de Estados Unidos, los chinos, en momentos en que arrecia la guerra comercial entre ambas potencias.
Nuestro país está metido de lleno en esta guerra, donde cada uno de los sectores en pugna mueva sus piezas para controlar la región. Por eso, no es casual, que, mientras conmemorábamos la gesta de Malvinas, los piratas ingleses -principales aliados de Estados Unidos- hayan decidido fortalecer su base militar en las islas.
A las pocas horas de arribar a Ezeiza, Richardson se juntó con Milei en Ushuaia, quien la recibió diciéndole, que “nuestro país, como pueblo, tiene afinidad con Estados Unidos”. ¡Mentira, la mayoría desconfía de los imperialistas, una desconfianza que, desde la izquierda incentivamos, para que se convierta en odio y movilización antiimperialista!
La única manera de desarrollarnos es rompiendo el yugo de la dependencia. Hay que conquistar la segunda y definitiva independencia nacional, con los yanquis, pero también con el resto de las potencias -China, Unión Europea y demás- que pretenden ganarles a los yanquis para hacer lo mismo que estos: saquear nuestras riquezas y vendernos lo que producen.
¡Se llevan todo, como doscientos años atrás lo hacían los españoles! Sin liberación nacional no podremos industrializar Argentina, que es la base para conseguir la elevación del nivel de vida del pueblo. Así lo entendieron los patriotas, que, para independizarse, echaron a patadas a los virreyes imperiales. Los modernos virreyes se hacen llamar libertarios, peronistas, radicales o macristas.
¡Liberación o Dependencia! Una consigna que tiene que retumbar por las calles de cada una de las provincias y ciudades. Para alcanzarla será necesario una gran revolución social que dé lugar a un gobierno del único sector social que no tiene ningún compromiso con los imperialistas y las grandes patronales: la clase obrera, con la izquierda a la cabeza.

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