Por Damián Quevedo
En medio de
una escalada inflacionaria que rememora los peores momentos del país, el
gobierno sigue metido en peleas internas que pueden hacer estallar a la
fracción libertaria. Aunque Milei ganó debido a la crisis de peronistas y
macristas, tuvo que cederle los resortes principales de la gestión a gente ligada
a Macri, con los que conformó un armado político que está sujeto con alfileres.
A cuatro
meses de su asunción, La Libertad Avanza ya sufrió dos levantamientos internos,
una guerra a cielo abierto entre el presidente de la Cámara de Diputados y el
jefe de bloque oficialista, el desplazamiento de este jefe de bloque y,
finalmente, la ruptura de la bancada oficialista. La confirmación llegó el
viernes por la mañana, cuando Oscar Zago oficializó que se correría junto a
otros dos diputados y conformaría un nuevo espacio con el nombre de su partido
originario[1].
Este es un cachetazo
a los planes de Karina Milei, que comenzó a armar un partido propio para tratar
de sostener al gobierno de su hermano con una estructura libertaria. Sin
embargo, su intención se chocó con una realidad, la crisis del régimen, la que catapultó
a Javier Milei y a ella misma a la Rosada, pero que ahora amenaza con desbarrancarlos.
Este
internismo y fragmentación constante no ayudan a estabilizar la situación
económica, que el gobierno trata de remendar con la misma herramienta que
utilizó Massa, el impuesto inflacionario para licuar salarios, jubilaciones y la
deuda social. Esta política es una bomba de tiempo, que, irremediablemente,
explotará cuando se acabe la paciencia obrera y popular.
Según
informó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la inflación de
marzo en Argentina fue del 11% y ya lleva acumulado el 51,6% en lo que va del
año. A pesar de este número, el país volvió a superar al Líbano y a Venezuela y
registró la inflación más alta del mundo en términos anuales, con una brecha
ascendente respecto de sus perseguidos inmediatos[2].
El proceso
inflacionario erosiona el capital político del presidente, que ganó las
elecciones prometiendo el fin de la inflación. Con el parlamento en su contra y
sin poder controlar a la Corte Suprema, Milei tiene que apoyarse en el aparato
represivo y la burocracia sindical, cuyos líderes -a cambio de que les
mantengan sus privilegios de casta- se comprometieron a dejar pasar la
pretendida reforma laboral.
Por esa misma
razón, el paro cegetista, para dentro de muchos días, más que una medida de
lucha, es una herramienta para la contención del movimiento de masas, algo que
Milei necesita como el aire que respira, ya que si la rebelión estalla corre el
peligro de ser echado a patadas, igual o peor que De la Rúa.
Es muy difícil que el gobierno libertario estabilice la situación, porque, por más que cuente con el apoyo de los burócratas y lo defiendan miles de uniformados, la crisis es enorme, mucho peor que la de 2001. Esto es así, porque, a diferencia de esa época, ahora la recesión es global y no hay posibilidad de que una nueva locomotora China -como la que tuvo el kirchnerismo- arrastre un proceso de reactivación económico.
La izquierda debe prepararse, por lo tanto, para
intervenir en un escenario de grandes convulsiones sociales, en el cual, sí o
sí, tiene que presentarse como alternativa, agitando con audacia el programa de
la revolución socialista.
[1] Pagina12 13/04/2024
[2] https://www.ambito.com/economia/argentina-volvio-tener-la-inflacion-mas-alta-del-mundo-supero-venezuela-y-al-libano-n5981098

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