Por Damián Quevedo
En medio de crecientes internas dentro del gobierno
nacional, se acelera el desgaste político de Milei, no solo entre sus votantes,
sino también dentro del sector que pretende representar, los grandes capitalistas.
Cada vez más lejos quedaron las promesas de
dolarización y, sobre todo, de estabilidad; Milei acaba de declarar que la
inflación de un 30% mensual será un logro. ¡Queda claro que el gobierno mismo
reconoce que no puede hacer nada (salvo ajustar) para salir de la crisis!
El salto de
precios de diciembre a niveles de casi 30 por ciento mensual y cifras que
podrían estar en niveles similares para los primeros meses de este año empiezan
a generar un malestar cada vez más marcado en la sociedad. Con esto, el ritmo
de desgaste del gobierno de Javier Milei resulta impactante.
Los últimos
días comenzaron a acumularse noticias que despiertan alarmas en todas las
direcciones y el mercado muestra algunas de las señales más evidentes de la
tensión. El riesgo país se encuentra otra vez por encima de los 2000 puntos,
los dólares financieros volvieron a mostrar una importante volatilidad diaria,
la cotización del contado con liquidación se mueve rumbo a alcanzar sus picos
históricos y la brecha cambiaria comienza nuevamente a ampliarse[1].
Este panorama aleja la posibilidad de seguir pidiendo
prestamos, que es, como siempre ha sido, la única política de “Estado” de los
últimos gobiernos capitalistas de la Argentina. El endeudamiento y la
aplicación del impuesto inflacionario para licuar salarios, son, en ese marco,
los pilares de la política del libertario y sus secuaces.
Sin embargo, aunque esto suceda y Milei trate de dar
muestras de completa y profunda subordinación a los poderes internacionales, los
representantes de estos y del gran capital nacional le están retirando el apoyo.
Por eso, ya le han dicho, repitiendo el slogan de la Libertad Avanza, que “no
hay plata” para prestarle al país.
En ese contexto, el gobierno nacional tomó decisiones políticas
no demasiado felices, como la de congraciarse con el sionismo, en momentos en
que Netanyahu está más aislado que nunca debido a los crímenes de guerra que
continúa perpetrando en Gaza y Cisjordania. Además, Milei tensó las relaciones
con el imperialismo chino, que es uno de los principales acreedores del Estado
nacional.
“Peluca” intenta repetir las políticas del “riojano
más famoso”, Carlos Menem, que se jactaba por haber mantenido “relaciones
carnales” con los yanquis. Pero, su pretendido sucesor, nunca entendió que este
es otro momento histórico, total y absolutamente distinto al de los 90, cuando
Cavallo cosechaba aplausos con la Convertibilidad.
Ahora, el capitalismo está atravesando una de las
peores crisis de su historia, situación de la que no escapan las grandes
potencias, como si sucedió en el período menemista. Esa situación hizo que
estas actuaran como la locomotora de la recuperación, parcial, del capitalismo,
aunque, en definitiva, no hizo más que demorar la crisis, que finalmente
explotó.
Los trabajadores y el pueblo están haciendo la
experiencia con el actual gobierno, de manera mucho más rápida que durante el
menemato. Eso hará, que muy pronto exploten grandes luchas contra el ajuste, como
lo empezaron a insinuar los cacerolazos y las dos movilizaciones contra el
gobierno, la de la izquierda y la de la CGT.
La izquierda y las organizaciones combativas consecuentes
deben ayudar a organizar y centralizar estas peleas, impulsando asambleas
obreras y populares, en torno a los cacerolazos, los piquetes y las huelgas. La
tarea principal será, en ese sentido, pone en pie un Centro Coordinador de la Resistencia,
que construya el Argentinazo y vote un Programa Obrero -antiimperialista y
anticapitalista- para que, una vez derrotado el ajuste, exista una alternativa
al servicio de los y las de abajo.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario