Por Damián Quevedo
La dictadura venezolana abrió la posibilidad de
explotar los recursos naturales de la zona de Esequibo -que hoy forma parte de Guyana-
a las multinacionales europeas, indias y chinas. Esto sucedió luego del
referendo “vinculante”, en el que el 95% de los votantes aprobó la anexión de
esa zona por parte del Estado bolivariano, aunque la participación fue de
apenas la mitad del padrón electoral.
La puja por el control de esa riquísima región se
reavivó luego de que la petrolera estadounidense Exxon descubriera enormes
reservas de petróleo, justo con el cese de las sanciones impuestas por el
gobierno yanqui para las inversiones en el país caribeño.
El presidente
de Petroleros de Venezuela, Pedro Tellechea, ha dado la bienvenida al capital
internacional. Además de Repsol y Eni, que llevan tiempo trabajando con
Venezuela en proyectos gasíferos, la francesa Maurel and Prom ha anunciado que
retoma sus operaciones en el Lago de Maracaibo.
China
Petroleum e Indian Oil ya adelantan trabajo con Miraflores. Se conversa con
Trinidad sobre la explotación conjunta del campus Dragon, a cargo de Shell.
Mitsubishi quiere reasumir el proyecto petroquímico de Metanol de Oriente,
Metor. Caracas ha confirmado los proyectos conjuntos petroleros y gasíferos con
la colombiana Ecopetrol. Se habla también de
Petrobras y la india Reliance[1].
Se especula también con el retorno de Halliburton, la
multinacional yanqui que fue socia del chavismo durante décadas y cerró sus
negocios en Venezuela en el 2021. La carrera por el acceso a los recursos del
Esequibo comenzó oficialmente después del plebiscito, Nicolás Maduro apuesta a
salir de la crisis mediante la reactivación de la explotación petrolera y,
sobre todo, con la llegada de capitales.
El presidente
de Venezuela, Nicolás Maduro, ordenó este martes a la estatal petrolera PDVSA
conceder licencias para la explotación de recursos en la región del Esequibo,
la zona que se disputa con Guyana y en la que Georgetown ha autorizado operar a
petroleras extranjeras y locales[2].
Esta competencia entre las multinacionales petroleras
se produce en medio de una profunda crisis del capitalismo y en un momento en
el cual, el imperialismo norteamericano está ocupado con las guerras en Ucrania
y Gaza. Esta situación podría ayudar a que ingresen capitales con los que el
régimen de Maduro tiene más afinidad, como la multinacional rusa Gasprom.
Ahora, el siguiente paso de Maduro será darle forma
“legal” a la anexión, razón por la cual envió al parlamento un proyecto de ley
para establecer el nuevo Estado de Guyana Esequibo. Como es sabido, la
legislación será también una formalidad, si el gobierno no puede ejercer poder
en la región, para eso tendrá que recurrir al ejército, que es el pilar del
régimen de Maduro y una institución participe de todos los negociados del
chavismo con las grandes multinacionales petroleras.
Maduro y sus secuaces se están embarcando en una
aventura guerrerista, que, de explotar, creará conflictos con los países
vecinos y entre sectores imperialistas. Quien pagará los platos rotos de esta
situación será, como siempre, el pueblo venezolano, que poco ganará con los
negocios petroleros, ya que será utilizado como mano de obra barata y carne de cañón.
Los trabajadores y el pueblo de Venezuela y Guyana deben unirse contra sus respectivos gobiernos y para echar al imperialismo de la región, poniéndose de acuerdo en utilizar los fabulosos recursos que allí existen para su propio beneficio y el de los pueblos hermanos. Eso se conquistará con una revolución, que se proponga concretar el sueño de Simón Bolívar, la Patria Grande, que, para ser cierta, deberá ser Socialista.

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