Por Damián Quevedo
El territorio actual del Estado de Guyana fue parte de
la colonia española luego de la invasión europea a América, cuando los realistas
fundaron la Capitanía General de Venezuela. El Esequibo era parte de esa región
colonial, cuando Venezuela conquistó su independencia, en 1811.
La situación comenzó a complicarse cuando el Reino
Unido firmó un pacto con Holanda, para adquirir alrededor de 51.700 kilómetros
cuadrados al oriente de Venezuela. En pleno apogeo de la doctrina Monroe –“América
para los americanos”- Estados Unidos entró en la disputa, situación que obligó a
las partes a poner en marcha un arbitraje internacional, que, en 1899, entregó
Esequibo a los británicos.
Tres meses antes
de otorgarle la independencia a Guyana en 1966, Reino Unido pacta con Venezuela
el Acuerdo de Ginebra que reconoce el reclamo de Venezuela y que busca
encontrar soluciones satisfactorias para resolver la disputa. Entre 1982 y 1999
ambos países intentaron resolver el diferendo a través del mecanismo de buenos
oficios de la ONU, que nunca arrojó resultados concretos.
Durante el
gobierno de Hugo Chávez el diferendo se archivó, en parte debido a las buenas
relaciones entre el fallecido presidente venezolano y Georgetown. Pero esto
cambió cuando comenzaron a descubrirse decenas de yacimientos de petróleo en
áreas costeras de la zona en disputa en el año 2015[1].
Con el comienzo de la actual crisis internacional, el
gobierno venezolano comenzó a descargar sobre el pueblo el peso de la recesión.
En ese marco, en el cual descendió brutalmente el PIB y colapsó la industria
petrolera, Maduro afrontará un nuevo proceso electoral, que le puede resultar
más difícil de controlar.
Por eso, el dictador venezolano pareciera estar optando
por una vía de escape hacia adelante. Para eso encara una solución al estilo
del ex presidente de facto argentino, Leopoldo Fortunato Galtieri, que tomó las
islas Malvinas para desviar la atención del pueblo. Pero, como siempre sucede, la
historia, cuando se repite, no es más que una farsa de la tragedia precedente.
Guyana, que es
un país escasamente poblado y con elevados índices de pobreza, ha experimentado
una rápida transformación desde que en 2015 Exxon descubrió petróleo en la
región de Esequibo. El país está a punto de superar la producción de petróleo
de Venezuela, que durante mucho tiempo dependió de sus propias reservas, y va
camino de convertirse en el mayor productor de petróleo per cápita del mundo[2].
Maduro está tratando de unir a los venezolanos detrás
de una “causa nacional”, para poner ese debate en el centro de la campaña
electoral y evitar que se discuta sobre la terrible situación económica o el
aplastamiento de las libertades democráticas esenciales por parte de la
dictadura “bolivariana”.
Motivado por el ejemplo de Putin, que invadió Ucrania
para inflamar el espíritu nacionalista gran ruso, el dictador caribeño quiere
valerse de una maniobra parecida para sobrellevar con éxito las elecciones y
negociar con la multinacional Exxon una parte de la renta petrolera que brinda
la región del Esequibo.
Los revolucionarios y las revolucionarias debemos
denunciar esta maniobra y, al mismo tiempo, oponernos a cualquier
enfrentamiento militar entre Venezuela y Guyana, que, beneficiaría a los
grandes poderes imperialistas que lo están fogoneando, Rusia y China, que están
detrás de la dictadura madurista.
Los trabajadores y los pueblos de la región, igual que en el resto del continente, deben unirse contra todas las potencias, Estados Unidos, China, la Unión Europea, Rusia, Japón, etc., de manera de conquistar una segunda y definitiva independencia. Este camino solo puede ser llevado adelante con una revolución obrera y socialista.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario