Por Damián Quevedo
A los 90 años
falleció el filósofo y activista italiano Toni Negri, un militante de la
izquierda italiana de los años 60 y 70, ligado, en ese período, a tendencias foquistas
o guerrilleristas. Participó de la vida
política de su país desde la juventud en agrupaciones heterodoxas: católicas,
socialistas y marxistas.
A finales de los años 1970 se lo acusó de
integrar el grupo terrorista de extrema izquierda Brigadas Rojas y de haber
participado en el secuestro y asesinato del primer
ministro de Italia Aldo Moro en 1978 (fue absuelto de este y de otros cargos
de asesinato), que conmocionó a Italia.
Fue detenido en 1979, acusado entonces de ser
“moralmente responsable” de atentados terroristas, y recuperó su libertad en
1983 gracias a la inmunidad parlamentaria al ser electo diputado. Se exilió en
Francia y en Italia se lo condenó en rebeldía a treinta años de prisión[1].
Negri, luego de la caída de la ex URSS, cobró popularidad e influencia en sectores progresistas y de izquierda, como filósofo del post marxismo, ya que llegó a conclusiones parecidas a las del ultraliberal Francis Fukuyama, quien afirmó que el fin del estalinismo representaba el fracaso del marxismo. De esa manera, el filósofo italiano representó el ala izquierda del ataque contra las ideas socialistas.
Para eso, Negri caracterizó que la humanidad había comenzado a atravesar una nueva época histórica, en la cual, las clases sociales -sobre todo la clase obrera- no jugaría más un papel central en la lucha contra el capitalismo. Para él, esa pelea tendría que ser llevada adelante por la “multitud”, en un contexto en el cual, habría dejado de existir el imperialismo clásico.
En oposición a esta categoría fundamental del marxismo, desarrollada de manera consecuente por Lenin, Negri hablaba de un imperio global sin contradicciones entre potencias y, por lo tanto, sin lugar ni condiciones para nuevas guerras, como por ejemplo, la que hoy está incubándose entre Estados Unidos y China.
Este análisis, que podía parecer solo una cuestión teórica, circunscrita a los claustros académicos, cobraba una importancia crucial y se transformaba en una verdadera canallada, ya que Negri lo desarrollaba justo cuando el imperialismo yanqui, con todo su poderío militar a cuestas, bombardeaba y arrasaba Irak, marcándoles el terreno a las otras potencias.
En América Latina las teorías antimarxistas de Negri fueron adoptadas por dirigentes de diferentes organizaciones, como el zapatismo mexicano, el MST -Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra- de Brasil y buena parte de los grupos piqueteros de la Argentina. También tuvo un émulo boliviano, Álvaro García Linera, otro furibundo antimarxista, que maquilló estas posiciones con consignas indigenistas.
Las rebeliones obreras
se encargaron de sepultar a este nefasto personaje y sobre todo a sus ideas,
mucho antes de que falleciera. Ante la crisis capitalista y la perspectiva de
guerras y revoluciones, los trabajadores debemos buscar la mayor claridad
política y programática, saldando cuentas con estos renegados, que como otros
farsantes de otras épocas, no han hecho más que trabajar para el capitalismo,
en la época en que es necesario sepultarlo.
[1] La Nación 16/12/2023

No hay comentarios.:
Publicar un comentario