Por Juan Giglio
El cacerolazo del 20 de diciembre demostró que la mayoría de los trabajadores y el pueblo -haya o no votado a Milei- no tolerará un ajuste como el que pretende imponer el presidente y que la crisis del régimen político es la más profunda de nuestra historia. Señal de esto último son las tremendas contradicciones y peleas entre el macrismo y los libertarios, el gobierno y los gobernadores, los dirigentes opositores y el gobierno, en las filas de la oposición, la burocracia y las cámaras patronales. ¡Todo es un verdadero despelote!
Como decía Lenin, estas crisis en las alturas son aprovechadas por el movimiento de masas, que sale a pelear de manera ofensiva. Los cacerolazos multitudinarios son un síntoma más que elocuente de esta dinámica, que crecerá, se extenderá y radicalizará empujada por el aumento exorbitante de los precios y las tarifas otras consecuencias nefastas de la motosierra liberal.
La clase trabajadora se prepara para librar combates que modificarán sustancialmente el mapa político nacional y regional. Rápidamente cambiarán las relaciones de fuerza entre las clases, siendo estas cada vez más favorables a los y las de abajo. Estamos en los prolegómenos de una situación revolucionaria inédita, en la cual los trabajadores no solo saldarán cuentas con los de arriba, sino que tendrán otra oportunidad de cumplir con su mandato histórico: hacerse dueños del poder, sin el cual no habrá ningún avance social.
La izquierda debe interpretar correctamente esta realidad, y, en ese marco, desplegar el programa que colabore con el avance revolucionario del sujeto histórico capaz de dar vuelta todo y construir una nueva sociedad. Para avanzar en ese sentido, hay que poner en pie miles de organismos democráticos de base -asambleas, coordinadoras locales, etc.- y un Centro Coordinador de la Resistencia, que voten las medidas de acción directa y el Programa Obrero alternativo que oriente a la rebelión.
En esos espacios habrá que hacer lo que no quiere ni hará la burocracia sindical, que, en vez de llamar al Paro Nacional, hará una marcha a tribunales para reclamarle a los jueces que tumben el DNU de Milei, una decisión digna de esta gente, que no movió un dedo frente a los cuatro años de ajuste y entrega de Alberto, Cristina y Massa.
Hoy, como nunca, la realidad nacional reclama la concreción de una Huelga General Activa que se plantee la derrota del Plan de Ajuste y la imposición de una salida democrática, donde todo el pueblo discuta y decida qué modelo de país hace falta para salir de la crisis: el actual, que es el que le ofrecen todas las fracciones de los capitalistas, Milei, Macri, Massa, Cristina y compañía, o el revolucionario, propuesto por los y las socialistas.
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