Por Hernán Centeno
Este 10 de diciembre se cumplieron 40 años desde que asumió
el primer presidente elegido mediante el voto popular -Ricardo Alfonsín- luego
de la caída de la última dictadura militar, producida por un proceso de
movilizaciones obreras y populares que obligó a la burguesía a reinstalar el
régimen “democrático”.
El objetivo de los capitalistas fue, sin lugar a dudas, el
de mantener en pie el Sistema Capitalista semicolonial, con una de las
herramientas institucionales que más les han servido, a lo largo de la
historia, para ejercer su dominio sobre el conjunto de la sociedad.
La reinstalación de este viejo y eficiente andamiaje
institucional fue, además, una gran victoria para el movimiento de masas, ya
que no es lo mismo organizar las luchas o las peleas políticas en el actual
contexto -con ciertas libertades, como el derecho a reunión o a la protesta-
que en medio de una dictadura militar, que obliga a los luchadores y las
luchadoras a actuar en la clandestinidad.
En ese sentido, los revolucionarios y las revolucionarias no
dudamos: ¡Cuando un régimen democrático burgués corre el riesgo de ser
reemplazado por una dictadura militar, nos ponemos al frente de la movilización
para defenderlo! Sin embargo, nuestro objetivo estratégico no es este,
sino la conquista del poder por parte de los trabajadores y el pueblo para
construir el sistema más democrático de todos: el Socialismo.
La “democracia burguesa” funciona para que los
representantes de los verdaderos dueños del país -los monopolios- debatan entre
sí y resuelvan dentro de la Cámara de Diputados y Senadores, los planes que mejor
les cuadran para garantizar lo único que les interesa: la continuidad del
proceso de explotación de la mayoría de la población, los trabajadores y
trabajadoras.
Aunque, como socialistas, podemos y debemos aprovechar este
mecanismo -haciendo campañas y metiendo algunos legisladores en el congreso- son
los grandes patrones los que mejor utilizan a la democracia burguesa. Son ellos,
los únicos capaces de realizar las costosísimas campañas electorales,
valiéndose de todos los recursos con que cuentan, como el manejo de los medios
de difusión o el aparato represivo para presionar o amedrentar a los/as
votantes.
Debido a la crisis cada vez más profunda del Sistema
Capitalista global y a la radicalización de la resistencia obrera, a los
patrones se les hace cada vez más difícil gobernar mediante este gran engaño
"democrático". Por eso, cada vez más recurren a la principal
herramienta que tienen para defender sus intereses -la represión- a través de
sus fuerzas “oficiales”-policía, gendarmería, prefectura, etc.- o las bandas
parapoliciales.
La democracia de los capitalistas no es otra cosa que la
dictadura del capital, razón más que suficiente para que los/as de abajo
luchemos por otro sistema, donde gobiernen las masas de manera directa y
discutiendo todo en organismos de base -como las asambleas populares- para que
a ningún gobierno se le ocurra traicionar la voluntad de la mayoría.
Ese mecanismo es muy parecido al que rigió durante los
primeros años de la Revolución Rusa, a través de los soviets, que actuaban como
grandes asambleas obreras, de soldados y campesinos. Sólo a través de la
democracia directa, se podrá debatir y resolver lo que verdaderamente necesita
la mayoría del pueblo.
Sólo allí y sin ninguna distorsión
"parlamentaria", los trabajadores y el pueblo podrán votar las
medidas que cuestionen el poder e interese de los grandes saqueadores de las
riquezas naturales, para ponerlas al servicio de las mayorías y distribuir su
producción de manera equitativa. Sólo apoyándose en ese método, se podrá
impartir justicia, castigando a los que durante años lucraron explotando a
millones.
La situación de crisis capitalista, que se expresa en la pérdida
de poder de los viejos partidos capitalistas y la asunción de un “outsider”,
Milei, puso nuevamente en el tapete la necesidad de acabar con este Sistema
Capitalista, de manera de construir una nueva sociedad, sin explotados ni
explotadores, el Socialismo.
Los revolucionarios y las revolucionarias consecuentes
debemos unirnos para impulsar con todo esta perspectiva en cada uno de los
conflictos y movilizaciones, mostrándole al movimiento de masas que la
satisfacción de sus reclamos más elementales está directamente relacionada a que
conquisten el poder e impongan el régimen de la democracia directa, el de las
asambleas obreras y populares.

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