Por Juan Giglio
Milei viajó a Estados Unidos para recibir órdenes de sus
jefes imperialistas, las mismas que, meses atrás, recibía Sergio Massa cada vez
que viajaba a las oficinas de los dueños del mundo. Ahora, el presidente
libertario, se trasladó a New York y Washington con un íntimo amigo de Massa,
el embajador yanqui Stanley, que le abrió las puertas para que dialogue con
Bill Clinton y otros jefes del imperio.
Milei les dejó bien en claro a los yanquis que, siguiendo sus
consejos, había abandonado el “Plan Motosierra” para seguir los pasos de sus
antecesores, Alberto, Macri y Cristina: seguir endeudando a la Argentina para financiar
el ajuste contra los salarios y derechos obreros. Por esa razón, el personaje
estrella de la comitiva presidencial fue Luis Caputo, que se reunió con
funcionarios del FMI para pedirles otros 15mil millones de dólares.
Caputo fue el autor del mega endeudamiento macrista de 2018
y de buena parte de la política económica de ese gobierno, que, como todos saben,
fracasó rotundamente. El presidente Milei y su banda -integrada por
funcionarios del PRO, radicales y peronistas- insiste con la receta de Caputo,
que es la misma receta que siguió utilizando Massa y la única que conoce la
mayoría de los dirigentes capitalistas de nuestro país.
Cuando la mayoría de la población saque la conclusión de que
esta política no resolverá ninguna de sus demandas elementales insatisfechas,
tendrán lugar nuevas rebeliones, superiores al Argentinazo de 2001, porque la voluntad
de lucha de la clase trabajadora no solo está intacta, sino que se ha
fortalecido durante estos últimos años de pleno empleo, a través de conflictos
parciales en sus lugares de trabajo.
Allí, en ese proceso de resistencia casi invisible para los
grandes medios, está surgiendo y desarrollándose una camada joven de activistas
que no confía en la podrida burocracia sindical ni en el peronismo. Una buena
parte de esta juventud luchadora votó a Milei, no porque haya “girado hacia la
derecha”, sino porque no quiere saber nada con quienes gobernaron el país en
los últimos años, tanto desde el macrismo como desde el peronismo.
La izquierda debe disputar la dirección, política y
sindical, de estos compañeros y compañeras, que, cuando exploten las luchas
ofensivas desde las bases, se ubicarán a la vanguardia de la resistencia y
buscarán una nueva alternativa, que solo puede llegarles desde el socialismo
revolucionario. Desde Convergencia Socialista, con nuestra militancia cotidiana
en las fábricas, las escuelas y otros lugares de trabajo, estamos tratando de
ayudar a construir esa nueva conducción.

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