Por Damián Quevedo
Según indica un informe de la revista Forbes, tres fondos de inversión están interesados en contratar al actual ministro de economía y reciente candidato presidencial Sergio Massa, entre los cuales está Greylock.
El Renaissance Fund, una nueva iniciativa de Greylock Capital Management, un fondo de cobertura de mercados emergentes con sede en Stamford, Connecticut, ha expresado un interés particular en Massa. Según una fuente cercana al asunto, el exministro podría unirse a este proyecto, que se centrará en inversiones en América Latina, excluyendo a Argentina por razones éticas”, indicó[1].
Este fondo de inversión, que es esencialmente capital financiero, participó en el canje de deuda de Argentina entre 2005 y 2020. Esto quiere decir, que es uno de los famosos “fondos buitre”, cuyo capital vuela rápidamente de una rama a otra de la producción. Por eso, estos capitales hoy pueden estar metidos con la industria del software y mañana mismo en bonos de deuda de países semicoloniales o cualquier otro sector que les otorgue grandes ganancias de manera casi inmediata.
No casualmente, el jefe de este grupo había declarado, durante la campaña electoral en Argentina, que Sergio Massa era la mejor opción para el mercado, ya que “el peronismo es el que puede garantizar las reformas fiscales necesarias”.
Esta definición confirma nuestra caracterización de que los grandes capitalistas esperaban un triunfo del peronismo. Por eso mismo, Macri, que entiende de negocios, está tratando de ordenar al gobierno de los libertarios, junto con varios peronistas, para garantizar la gobernabilidad y la continuidad del ajuste.
La caracterización del papel servil del peronismo -hacia el gran
capital financiero- es de suma importancia para quienes militamos en las filas
de la izquierda, porque si no la comprendemos corremos el riesgo de capitularle
al relato “nacional y popular” que caracteriza a este partido, hábil como
ninguno en practicar el engaño.
Hay que seguir trazando rayas con el PJ y todas sus variantes, de manera de poner en pie una nueva conducción política y sindical de la clase trabajadora, que tenga como principal bandera la independencia de cualquiera opción burguesa. Una nueva dirección que impulse la movilización, con la perspectiva de construir, desde abajo, la revolución social que hace falta para cambiar todo -al servicio de los y las de abajo- de una vez y para siempre.

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