Por Juan Giglio
El peronismo sabe mentir, porque toda su vida gobernó engañando
a los trabajadores, diciéndoles que podrían vivir bien dentro de un capitalismo "humano", gestionado por líderes populistas. Sus dirigentes pudieron sostener esta gran farza, cuando las vacas gordas o el viento de cola chino les permitieron otorgar ciertas concesiones, insignificantes si se las compara con las
fabulosas ganancias que se embolsaron las grandes empresas gracias a la gestión "progre".
Pero, si en épocas de bonanza esto les resultó
relativamente sencillo, ahora, cuando casi no hay nada para repartir, el peronismo se vio obligado a perfeccionar su máquina de vender humo. Para
eso, Massa y Cristina inventaron un personaje, al que le prestaron candidatos,
fiscales y mucha publicidad, Milei, que le quitó millones de votos al macrismo. Además, el libertario sirve para que los modernos sacerdotes del progresismo agiten
catástrofes que azotarán al pueblo si no vota por la continuidad.
La jugada es arriesgada, porque el Frankestein que crearon,
o ayudaron a crecer, podría ganar y enterrar a sus creadores. Sin embargo,
hasta ahora les fue bárbaro con su monstruito, ya que pudieron ganar la
segunda vuelta de la mano del
ejecutor de un plan de ajuste brutal. ¡De ganar el ballotage, la jugada habrá resultado genial
para el populismo, que está tratando de resucitar entre los estertores de su
agonía!
Lo dramático del caso es que, esta maniobra, pergeñada
para engañar al pueblo, haya resultado efectiva para buena parte de la izquierda. Como IS, que resolvió apoyar sin tapujos a Massa, o el PO y
el PTS, que aunque anunciaron que rechazan a los dos candidatos, se niegan a
motorizar una gran campaña de agitación pública -por el voto en Blanco, Nulo o la abstención- en contra Massa y Milei.
Lamentablemente esta izquierda sucumbió a los artilugios de
estos modernos émulos de Circe, la bruja que encantó a Ulises desviándolo de su
largo viaje de regreso a Itaca. Sus dirigentes no comprenden que el enemigo de clase, junto con la represión, recurre sistemáticamente a otra poderosa herramienta, a través de la cual sostiene su dominio: el arte del engaño, inventado hace miles de años por los sacerdotes que explicaban el origen divino de los faraones.
Del mismo modo que estos brujos reciclados invocaban a las fuerzas ocultas para generar el terror entre sus súbditos, sus modernos imitadores -ante la falta de recursos materiales para ejercer el populismo- recurren a representaciones simbólicas que tocan las fibras más sensibles de una sociedad que no quiere volver al pasado dictatorial.
En este sentido, aunque el fantasma del fascismo no haya podido obnubilar a los sectores obreros más explotados del país, sí pudo hacerlo con esta parte de la izquierda. Es una desgracia para la revolución social, porque cuando estos desposeídos se rebelen contra el ajuste, creerán que los que hoy por hoy convocan a votar al ajustador Sergio Massa, forman parte de su tropa.
Milei no saca los pies del plato, porque no lo dejan los capitalistas que pretende representar
Por Damián Quevedo
En una entrevista con el periodista Jaime Bayly, el
candidato de Macri afirmó que rompería relaciones con Brasil, por el carácter “comunista
y corrupto” de Lula. No es necesario aclarar que el presidente de Brasil no es
comunista, aunque si corrupto, como todos los dirigentes políticos patronales.
La cuestión de fondo es que, más allá del histrionismo
de Milei, sus delirios metafísicos y su verborragia reaccionaria, al igual que
lo hizo su actual jefe Mauricio Macri, en caso de llegar a la presidencia hará finalmente
lo que los capitalistas locales y el imperialismo le ordene.
Ni los grandes burgueses argentinos, ni las
multinacionales que hacen negocios con Brasil, de cuya industria provienen -en
gran parte- los insumos para la producción en este país, están dispuestos a
perder a uno de sus principales mercados, junto con China, por un capricho
libertario.
En materia de
importaciones, le compró a China (4.830 millones de dólares), Estados Unidos
(2.700 millones de dólares), Rusia (1.020 millones de dólares), Alemania (1.020
millones de dólares) y Argentina (984 millones de dólares).
Pero en el
sentido inverso el vínculo es muy trascendente para la Argentina. Esto se debe
a que Brasil es el principal receptor de las exportaciones argentinas con el
17% en los primeros nueve meses del 2023, según las cifras del Instituto
Nacional de Estadística y Censos (Indec). El segundo fue Estados Unidos con el
8%, seguido por China con una cifra similar y luego Chile con el 7%.
En materia de
importaciones a la Argentina, también Brasil ocupa el primer lugar con el 24%
desde enero, seguido por China con el 19%, Estados Unidos 12% y Paraguay con 5
por ciento[1].
Tampoco estas multinacionales están dispuestas a
terminar con el régimen actual, ya que es el sistema institucional que les
permitió, desde la caída de la dictadura, ejercer eficazmente su dominio.
Además, no apuestan, al menos por ahora, por ese cambio, porque saben que sería
resistido por la clase trabajadora y el pueblo, que no aceptarán mansamente
perder las libertades democráticas existentes.
Una cuestión elemental para el marxismo, es que el
Estado, sus instituciones y los partidos que lo administran o intentan hacerlo,
representan los intereses de los capitalistas, que los utilizan como
herramientas propias. Los gobiernos patronales, más allá de los discursos y
formas, son simples administradores de los negocios de los empresarios más
poderosos.
Es por esta razón elemental, que los gobernantes no
hacen lo que quieren o lo que prometen al movimiento de masas, sino lo que sus
patrones les ordenan. Algunos sectores de la izquierda se confunden, porque
caracterizan a Milei solamente por lo que dice, o más bien por lo que ha dicho,
porque desde que cayó en las garras de Macri, modificó bastante su discurso.
En ese sentido, se equivocan profundamente al
caracterizar que un gobierno de la Libertad Avanza, tendría características
fascistas o aplicaría un ajuste mucho peor que el de otro eventual gobierno
peronista. Esta caracterización es, en el fondo, una capitulación a la lógica
del progresismo, que es opuesta al punto de vista del socialismo.
La crisis en Argentina es una de las más profundas en
décadas, la clase obrera, más temprano que tarde comenzará a moverse para
recuperar salarios. Cuando esto ocurra, tendrá lugar en medio de un proceso
fenomenal de politización, ligado a las discusiones electorales, que elevará
las luchas al plano político como nunca antes.
Si la izquierda queda pegada al peronismo -eso es lo
que está sucediendo objetivamente- no estará en condiciones de aprovechar este
contexto para disputar la conciencia de los trabajadores, ya que no aparecerá
como una opción total y absolutamente diferente a lo que, hoy por hoy,
representa Unión por la Patria.
[1] https://www.infobae.com/economia/2023/11/09/argentina-brasil-una-relacion-bilateral-que-se-consolido-en-las-ultimas-decadas-en-medio-de-vaivenes-politicos/
El Pollo Sobrero, que llamó a Milei fascista, convoca a votar por Massa ¡Se equivoca!
Por Claudio Colombo
Juan Giglio
El Pollo Sobrero, dirigente ferroviario y de Izquierda Socialista, declaró -en una entrevista con Jorge Fontevechia- que Milei es un fascista que pretende cambiar el actual régimen democrático burgués. ¡No es así, camarada, el libertario puede tener ideas más que reaccionarias, no lo dudamos, pero algo está claro, no quiere gobernar en base otro sistema institucional que no sea el actual, que es el que defiende el conjunto de la burguesía y su aliado más reciente, Mauricio Macri!
Además, la única manera de cambiar este régimen, por otro de carácter fascista, sería contar con una fuerza social dispuesta a concretar este cambio -de manera violenta- como sucedió en la época de Hitler y Mussolini, cuando sectores de masas -pequeña burguesía, desclasados y una parte de la clase obrera- se movilizaron contra la democracia parlamentaria, los sindicatos y los partidos de izquierda, con métodos de guerra civil.
Si este fenómeno existiera, la izquierda, en vez de convocar a votar a Massa, tendría que impulsar la organización de brigadas obreras y populares de autodefensa, porque a esta política no se la discute, se la aplasta con la movilización. ¿Entonces, cuál es la razón por la cual los compañeros y compañeras de IS optan por Massa, sino la presión del aparato peronista, que puso en marcha una fenomenal campaña de propaganda para presentarse como la alternativa “democrática” frente a un supuesto avance de la reacción?
En las actuales circunstancias es necesario, como nunca, que la izquierda se presente como una opción clara que trace rayas con las dos variantes del capitalismo, ya que se aproximan combates obreros decisivos. Para ganar su dirección, o al menos de una parte significativa de estas luchas, la izquierda no puede desdibujarse y quedar pegada al Peronismo. ¡Debe hacer todo lo contrario, de lo contrario, terminará hundiéndose junto al cadáver maloliente del PJ, que está atravesando la peor crisis de su larga historia de traiciones y represión contra los y las de abajo!

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