Por Juan Giglio
Una de las características que unen al PO y al MST -que no
casualmente presentaron una lista para competir en la PASO del FITu- es su profunda
adaptación al aparato estatal, a través de la administración de decenas de
miles de planes sociales. Aunque los revolucionarios debemos actuar en este sector,
para ganarlo como aliado de la clase obrera ocupada, no puede ser el centro de
nuestra construcción.
Hay que vincular a los desocupados con la clase obrera
ocupada, para que apoyen sus luchas y, en ese marco, exijan la incorporación de
una parte de estos a la producción efectiva, como sucedió en los comienzos del
movimiento piquetero. Dejar de lado esta orientación, alienta el abandono de una
de nuestros principios: la construcción del partido revolucionario dentro de la
clase social capaz de liderar la revolución.
Por todo esto, le propusimos al Partido Obrero que fije
fecha y lugar para la realización de un debate público sobre este tema. Esta discusión,
que debe ampliarse al resto de las fuerzas que integran el Frente de Izquierda,
ayudará a calibrar el programa de esta alianza electoral, o, al menos, servirá
para aclarar las diferencias entre las fuerzas que lo integran.
En ese sentido, desde Convergencia Socialista hemos escrito varios artículos, en los que desarrollamos nuestros análisis y orientaciones generales. Uno de estos, el que adjuntamos a continuación, desarrolla algunos elementos que hacen a la caracterización del movimiento piquetero actual, muy distinto del que surgió y cobró fuerza a principios de 2000.
Movimiento piquetero, un cambio en su
composición social
El movimiento de desocupados cobró fuerza a mediados de los
90, en la segunda mitad de esa década, cuando la desocupación generada por las
privatizaciones y la desindustrialización -que se arrastraba de mucho antes-
llevaron a un sector de la clase obrera a combatir con las armas con las que
contaba, fundamentalmente a través de los piquetes.
Así, desocupados de YPF y otras ramas de la industria,
recurrieron a duras medidas de acción directa, que en varios casos culminaron
en puebladas. Formalmente, ese movimiento continúa en la actualidad, aunque con
cambios cualitativos en su composición, que constituyen el aspecto central de
sus límites y determinan el carácter de las organizaciones que lo conducen.
Ante el crecimiento y multiplicación de este tipo de
movimientos y luego de haber fracasado con la represión, el Estado resolvió
impulsar una política de asistencia social masiva, que terminó siendo
administrada por las conducciones piqueteras, algunas directamente fueron
cooptadas por el peronismo. Las de izquierda, que no se alinearon, mantienen
una fuerte dependencia del aparato estatal, que condiciona prácticamente todo
lo que hacen.
Los primeros piquetes y cortes de rutas fueron
protagonizados por sectores obreros que habían quedado desocupados poco tiempo
antes, razón por la cual su reivindicación central era volver a trabajar.
Gracias a las primeras grandes luchas, buena parte de estos compañeros y
compañeras recuperaron su lugar dentro del aparato productivo y de
servicios.
El movimiento de desocupados continuó existiendo, aunque
paulatinamente fue abandonando -en los hechos y más allá de sus consignas- la
lucha por trabajo genuino, para jerarquizar el incremento de la asistencia
social estatal, que es, en definitiva, la política que días atrás unificó a los
movimientos de la izquierda con sus pares del oficialismo.
En estos 20 años, la cantidad de beneficios pagados saltó
de 1,6 millones a 12,12 millones, con un aumento del 657,5%, aunque cabe
aclarar que una persona puede estar cobrando más de un beneficio, debido a la
superposición de planes entre las distintas reparticiones. En el gobierno de
Alberto Fernández, la cantidad de planes creció 18,6%, pero el monto más que se
duplicó [1].
Si contemplamos que la crisis que llegó de 2001 culminó a
mediados del 2002, con el ajuste que posibilitó la salida de la convertibilidad
y dio lugar al ciclo de expansión capitalista impulsado por la venta de soja a
China, vemos que el sector que continuó dando cuerpo a las organizaciones
sociales, ya no proviene esencialmente de la clase obrera industrial.
Los movimientos están integrados, en su mayoría, por una
fracción de la población que no está en condiciones -por edad o por otras
razones- de ingresar a una fábrica o un empleo formal. Es decir que ya no
constituyen aquello que Marx llamaba sobrepoblación relativa, un ejército de
desocupados que presionan sobre los salarios, porque ofrecen "fuerza de
trabajo barata".
Son compañeros y compañeras desocupados estructurales, cuya
condición no está determinada por los ciclos de expansión y crisis del
capitalismo, a pesar de lo que sostienen organizaciones como el PO, que hacen
esto con el único propósito de justificar su política sobre ese sector: Para
el movimiento obrero ocupado, el movimiento piquetero representa un límite
objetivo al uso del ejército de desocupados para presionar en favor de la baja
del salario [2].
Esta afirmación, desde el punto de vista formal parece
acertada, aunque la realidad es absolutamente distinta, como lo demuestra un
informe del ministerio de producción, que, apoyado en cifras oficiales, observa
un crecimiento salarial incompatible con la existencia de un ejército de
reserva del capital.
El informe, titulado “Dinámica salarial de los sectores
productivos, de la convertibilidad al Covid-19”, divide los 26 años de análisis
en 6 etapas. La etapa de mayor crecimiento del salario real se da en la llamada
“recuperación de la posconvertibilidad”, entre septiembre del 2002 y diciembre
del 2011. La actividad económica tuvo un crecimiento acumulado del 73,1% (6,1%
anualizado), con un salario real que tuvo una mejora del 68,8% (5,8%
anualizado) [3].
Los números dan cuenta de que el verdadero ejército de
reserva para la industria, se incorporó al proceso productivo durante el ciclo
de expansión post crisis de 2001. Por esto, con sus teorías y postulados, el
sector de la izquierda que centra su construcción en el movimiento piquetero,
solo busca justificar su alejamiento de la clase obrera y aprovechar las
circunstancias para crecer como “aparato” capaz de movilizar a miles.
Esto no quiere decir que los y las socialistas abandonemos a este sector, para nada, solo decimos que no puede ser el centro de atención de los revolucionarios y las revolucionarias, sino la clase obrera ocupada, aunque el trabajo “gris” y cotidiano sobre la misma no reporte inmediatamente en la organización de columnas numerosísimas, ni en la obtención de los cuantiosos fondos que provienen de este tipo de tareas.
El Partido Obrero y el sujeto social
El socialismo moderno, que nace con Marx y Engels, se
caracteriza por entender que el proletariado -nacido con la producción capitalista-
es la única clase social capaz de poner fin a este modo de producción, ya que
en sus condiciones de vida se encuentran las razones por las que puede
construir una nueva sociedad, sin explotados ni explotadores.
Lo esencial de esas condiciones es que produce socialmente,
dentro de la cual se encuentran las bases materiales necesarias para superar al
capitalismo. Ningún obrero puede fabricar nada individualmente, depende para
ello de otros compañeros y compañeras, ese hecho objetivo es el que convierte
al proletariado en sujeto revolucionario, como diría Marx “en sí”. Nuestra
tarea, ardua por supuesto, es que gane consciencia “para sí”.
Por lo difícil que es esta militancia, muchas organizaciones
y dirigentes socialistas han tratado, a lo largo de la historia, de cortar
camino, algunos eligiendo el camino de las acciones audaces descolgadas de la
clase trabajadora -guerrillerismo- otros, el parlamentarismo, como el MST y el
PO, que a esta desviación le ha agregado la del piqueterismo.
Suplir a la clase obrera, que puede frenar el proceso productivo, generar un enorme daño al capital, o incluso destruirlo, por un sector de la sociedad cuyas condiciones de existencia son resueltas de manera individual es equivocado. Esto es así, porque a pesar de que el movimiento piquetero marcha de forma colectiva, sus integrantes son, por lo general, cuentapropistas que están alejados de la producción colectiva que caracteriza al proletariado.
Altamira, el “sujeto social” piquetero y sus alumnos del
PO
La clase trabajadora y la izquierda deben tener tácticas
para organizar y ganar a esta porción de la sociedad para sus luchas y para la
revolución social, pero, lo que no pueden es ubicarla en un lugar que no le
corresponde, como hizo Jorge Altamira, uno de los primeros teóricos del nuevo
“sujeto social piquetero”, antes de ser echado del Partido Obrero.
Altamira, en varias y extensas publicaciones intentó
fundamentar su defensa de esta teoría, basándose no en el contenido social de
los piqueteros, sino en la forma que utilizaron para luchar en uno de los
momentos principales de su existencia. Todo el macaneo izquierdista acerca
de ‘cómo terminar con los piqueteros’, simplemente pone al desnudo una
superlativa ignorancia de los programas y de la historia obreras y de la lucha
de clases, pero por sobre todo una hostilidad, tanto más profunda cuanto que es
instintiva, hacia la expresión real que asume la tendencia revolucionaria en el
seno de los más explotados y de los más humillados [4].
Estas afirmaciones contienen varias falsedades, construidas
para imponer un posicionamiento político ajeno al marxismo. Una de las falacias
es referirse a este sector como "el más explotado", cuando la
explotación capitalista sucede exclusivamente en el marco de la producción
capitalista, donde tiene lugar la extracción de plusvalía. Altamira asemeja
pauperización y explotación, a pesar de que son dos términos absolutamente
diferentes.
Un obrero puede ser altamente explotado, a pesar de ganar un
salario muy por arriba de la tasa media, ya que la explotación no está
determinada por lo que cobra, sino por la tasa de plusvalía que obtiene el
capital. El capitalismo no obtiene plusvalía de los desocupados, salvo en la
trasnochada cabeza de algunos teóricos que se dicen marxistas, como Jorge
Altamira y quienes, a pesar de haberlo echado de sus filas, continuaron
defendiendo sus disparates.
Como Altamira conoce la teoría de la explotación y la
extracción de la plusvalía, para definir al nuevo “sujeto social”, tuvo que
hacer una maniobra, reivindicarlo por sus viejos métodos. Para esto buscó
encontrar en las organizaciones sociales el germen de las milicias obreras, de
las que hablaba Trotsky en el Programa de transición.
En su intento de elevar el oportunismo al grado de teoría,
Altamira terminó alejándose de las elaboraciones de los viejos marxistas. Sus
seguidores y los dirigentes de otros grupos que los acompañan, adhieren en
general a estos postulados, razón por la cual no resulta extraño que se junten
con otros personajes, que, aunque son oficialistas, coinciden en cuanto al
método.
Las organizaciones que conforman el movimiento piquetero
actual, más allá de sus definiciones políticas, operan como una extensión del
Estado, porque garantizan la organización de la asistencia social y legitiman,
en los hechos, la precarización laboral de miles, que son ocupados por las
intendencias para realizar tareas que antes cumplía el personal de planta, bajo
convenio.
Si existe una porción piquetera que está siendo explotada es
justamente esta. Sin embargo, la lucha por el pase a planta permanente de estos
compañeros y compañeras, prácticamente no existe, ni en los movimientos de
izquierda, ni en los que conducen Grabois, Pérsico, Alderete, Menéndez y
compañía.
[1] La Nación 16/05/2022
[2] Prensa obrera 03/03/2020
[3] Ámbito financiero 15/05/2022
[4] Prensa obrera N858.

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