martes, 4 de julio de 2023

La rebelión jujeña condiciona los planes del FMI, el gobierno y la oposición patronal ¡La izquierda debe jugarse a capitalizar la bronca!


Por Juan Giglio

Lejos quedaron las expectativas de estabilidad puestas sobre las espaldas del superministro Sergio Massa, cuando asumiera el cargo de “súper ministro”. No mucho después de su llegada a la cartera económica, se sucedieron corridas cambiarias, un mayor freno de la economía y, sobre todo, una escalada inflacionaria que remite a los peores momentos del país. 

Tras haber viajado varias veces a Washington y Pekín, donde recibió préstamos para calmar las aguas, Massa cambió su postura de candidato a la de capitán de un barco que se hunde irremediablemente. “No nos entra un quilombo más, necesitamos orden político para que haya orden económico”. En otras palabras: si no puede arreglar la economía, ahora es culpa de la política. [1]

El candidato de la embajada yanqui y de Cristina, salió a exigir que se congele la interna del peronismo, con la expectativa de lograr cierta paz en la economía. Sin embargo, la lista de “unidad” no frenó la crisis. Esta no tiene manera de resolverse -en favor de los capitalistas- sin un aplastamiento brutal de la clase trabajadora, algo que el oficialismo y el resto de los actuales candidatos a presidente no están en condiciones de lograr.

La situación es gravísima, no solo por los números altísimos de inflación -similares a los del 2002 luego del derrumbe de la convertibilidad- sino porque el intento de imponer condiciones contrarrevolucionarias ejemplificadoras, llevado adelante en Jujuy de la mano de Morales y el PJ, fracasó rotundamente, debido a la rebelión obrera y popular que tiene lugar en la provincia norteña.

Esta realidad ha sido tomada en cuenta por el FMI, que decidió mantener su política de “no apretar demasiado” para que el régimen garantice el cambio de gobierno en las próximas elecciones. La debilidad de Massa -y la de cualquier gobierno que lo suceda- es también reflejo de la debilidad yanqui y del dólar, cuyo valor, a pesar de las subas de la FED (banco central de EE.UU.) sigue cayendo en el mundo.

Lo sucedido en San Luis, San Juan y Chaco es un duro golpe para el oficialismo, que puede perder su bastión más precioso, la gobernación de Buenos Aires. Las Primarias Abiertas Simultáneas Obligatorias, en este clima político y económico, podrían causar el efecto de una bomba atómica sobre la desvencijada estructura del peronismo y sobre el resto de los partidos patronales, que no están mejor que el oficialismo.

Aunque los trabajadores no estén pensando en candidaturas o internas, echarán mano a las elecciones para castigar al gobierno y al régimen, situación que se comienza a advertir a través de la marcada ausencia a votar y del aumento de los votos en blanco. La clase obrera percibe que ninguna de las opciones tradicionales la sacará de la crisis, una realidad que la izquierda debe aprovechar para posicionarse como herramienta de castigo.

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