lunes, 10 de julio de 2023

Gasoducto Néstor Kirchner, o la profundización del modelo dependiente de primarización económica


Por Damián Quevedo

El flamante candidato de Unión por la Patria y actual ministro de economía, participó este domingo en el acto de inauguración del gasoducto Néstor Kirchner. En este evento se mostró a todo el kirchnerismo “unido” para sostener a su candidato presidencial, comenzando por Cristina. 

El gasoducto fue presentado como la gran tabla de salvación para la crisis económica. Se espera con este gran emprendimiento, el Estado ahorre miles de millones de dólares en importaciones de gas y que, además, tenga ingresos extra en exportaciones del líquido combustible. Esta es la expectativa del gobierno o por lo menos lo que sostienen públicamente. 

El quantum de ese ahorro y la posterior ganancia por exportaciones dependerá de cuándo efectivamente empiece a fluir el gas, cuánto tiempo lleven la segunda etapa del GPNK (entre Salliqueló y San Jerónimo, Santa Fe, para llevar gas al norte y exportar a Brasil) y obras complementarias, como la instalación de dos compresoras (se estima que para 2024) y la “reversión” del Gasoducto del Noreste Argentino (GNEA, obra anunciada en noviembre de 2003, iniciada en 2008 y nunca del todo completada), que de pensada para importar gas de Bolivia pasará a funcionar en sentido inverso, llevando gas de Vaca Muerta, la “joya energética” argentina[1]. 

El transporte de gas desde Vaca Muerta puede en determinadas condiciones, significar un ahorro de gastos para el Estado, aunque está muy lejos de ser una salida a la crisis económica. Depende en principio de la rentabilidad de la producción de ese yacimiento, que más allá de la propaganda que pueda hacer el gobierno sobre esta, está atada a los precios internacionales. 

Vaca Muerta tiene otro problema, es el hecho de estar basada en una producción no convencional -la técnica del fracking- que requiere de una inversión de capital mucho mayor que la que se utiliza en la mayoría de las perforaciones. Esta cuestión incrementa el costo de producción de manera exponencial, tanto, que en otras regiones del mundo, el fracking resultó inviable. 

Sin embargo, el problema central radica en que, tanto el oficialismo como la oposición no rompen con la política de profundizar la primarización de la economía nacional, produciendo y exportando materias primas o commodities, como en este caso es el gas. La explotación de este recurso, no es otra cosa que una variante del país agroexportador, en el que se cambia una materia prima por otra.   

Cuando Argentina tuvo su primer boom exportador -exportando toneladas de trigo y maíz al mundo- los ingleses, que lucraban con este comercio y no querían que el país se convirtiera en potencia industrial, hicieron algo parecido: construyeron miles de kilómetros de vías para llevar los granos a los grandes puertos. 

Contrariando todos sus discursos y proclamas, que hablan de diversificación de la producción y de valor agregado, el plan de todos los partidos patronales es que Argentina continúe siendo un país productor de materias primas. Esta realidad, más allá de la importancia -relativa- que tendría la provisión de gas un poco más barato, nos aleja de cualquier posibilidad, no solo de desarrollo, sino también de salida a la crisis. 

El verdadero progreso y desarrollo solo puede llegar de la mano de un gobierno obrero, nacido de una revolución que ponga fin a la dependencia económica y política e impulse un verdadero proceso de industrialización. No hay manera de fortalecer la moneda nacional y aumentar el poder adquisitivo de los salarios, sin encarar romper con el FMI y las grandes potencias, que lo impiden.


[1] Infobae 09/07/2023

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