Por Damián Quevedo
Las peleas internas en los principales partidos patronales no tienen fin. Por esa razón, la oposición -que antes lideraba Mauricio Macri- no solo está fraccionada en varios sectores, sino que no puede frenar la huida de candidatos. Queda claro, que tarde o temprano, la fractura del espacio es casi un hecho.
El expresidente Mauricio Macri le apuntó al jefe
de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, por su intención de sumar al
actual mandatario cordobés, Juan Schiaretti, al armado opositor. Macri dejó
varias frases que ponen en duda la unidad de Juntos por el Cambio a casi una
semana del límite para inscribir alianzas electorales de cara a las elecciones
nacionales[1].
El frente opositor, que se perfilaba en las encuestas como ganador en la elección presidencial, está al borde partirse en varios pedazos y perder todo el caudal electoral que lo ubicaba adelante en las encuestas. Las cosas no son diferentes para el peronismo, que va camino a las PASO como un condenado hacia el cadalso.
La mayoría de los dirigentes del Frente Renovador considera que realizar unas PASO sería “una catástrofe” para el oficialismo porque terminaría en una primaria “de enanos con 4 puntos”. “Vamos a terminar en unas PASO de menos de 20 puntos para el Frente de Todos[2]. Sergio Massa, luego de su viaje a China, reiteró su pedido de unidad, cuestionando la política de Scioli y Alberto Fernández, que impulsan la competencia interna.
Cristina, Máximo y compañía tuvieron poco tiempo para disfrutar la crisis de Juntos por el Cambio, ya que Massa no solo pide unidad, sino que amenaza con romper si no lo imponen como candidato “único” del espacio. Así lo expresó su vocera, la presidenta de la Cámara de Diputados Cecilia Moreau: La presidenta de Diputados afirmó que el ministro de Economía "sostiene la estabilidad" mientras "otros juegan a la interna con soldaditos de cartón" (Ámbito, 6 de junio)
Como dijimos ayer, refiriéndonos al quiebre macrista, cuando la torta se achica no hay porciones suficientes para todos los capitalistas, a los que no les queda otra que pelearse entre sí para mantener sus negocios. Esa crisis afecta a sus representantes políticos, que en vez de unirse y “consensuar” tratan de derrotarse mutuamente, de manera de conservar o ganar el control del aparato estatal.
Esta fragmentación hará que pueda ganar cualquiera de los candidatos en pugna, incluso Javier Milei, lo cual daría lugar al gobierno más débil de la historia argentina, algo parecido a lo que sucedió con Pedro Castillo en Perú, cuyo mandato duró un suspiro.
Lo más preocupante, para los capitalistas nacionales y extranjeros, es que con las actuales perspectivas económicas -que apuntan hacia una recesión mayor- y con un nuevo y raquítico gobierno, el derrumbe del régimen está a la vuelta de la esquina, entendiendo a este como al conjunto de instituciones -ejecutivas, legislativas y judiciales- que sostienen el dominio capitalista desde que cayó la dictadura.
En medio de estas s disputas, los
trabajadores continuamos sufriendo el plan de ajuste, que unifica a todas las
bandas burguesas. Tenemos que decir ¡Basta! aprovechando las elecciones para
castigarlos con la izquierda. Y preparando la rebelión social, el nuevo Argentinazo,
que salde cuentas con todos estos gangsters e imponga una salida de fondo, el gobierno
revolucionario de los trabajadores.

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