Por Damán Quevedo
Las internas de los dos principales partidos patronales amenazan con acelerar o hacer explotar la crisis económica, que se profundiza a pesar del alivio parcial producido por el “Dólar Soja III” y otros parches. En definitiva, las razones que empujan al país hacia una catástrofe son, por un lado la ausencia de verdes y, por el otro, el peso brutal de la deuda externa.
Luego de la gira asiática de Massa, y a
pesar del nuevo préstamo chino, las arcas públicas siguen en rojo. El súper
ministro tiene que volver a Washington para pedir más dólares, a ver si con estos
consigue llegar vivo a las elecciones. Sin embargo, el FMI postergó la reunión y
apretó el acelerador, debido a la desconfianza que tienen los yanquis en cuanto
a la relación de Argentina con sus rivales chinos.
En el corto plazo, no pareciera haber tampoco
demasiadas señales de que el Fondo Monetario Internacional (FMI) vaya a darle
al ministro Sergio Massa el salvavidas que pidió para llegar a las elecciones
sin devaluar (o sin ajustar todavía más el cepo cambiario). El viaje que estaba
previsto que realizara el equipo económico la semana que viene a Washington ya
entró en terreno potencial.
Nadie cree que vaya a haber una solución en los
próximos días. Y no sólo por los avances de la Argentina con China, que según
empieza a trascender, podría salirse con la suya en alguna de las inversiones
estratégicas que tenía en mente en el país –como el puerto en Tierra del
Fuego–, y que Washington venía observando con cautela[1].
El gobierno nacional se puso en el medio del campo de batalla entre China y EE.UU., donde recibe tiros de ambos lados. Los acuerdos con China están sujetos a que Argentina cumpla el acuerdo con el FMI, pero a la vez, el Fondo y sobre todo el gobierno estadounidense, están empezando a cambiar la actitud paciente que tuvieron hasta ahora para con Massa, a raíz del acercamiento a Beijing.
La jugada del gobierno, al buscar asistencia económica en las dos potencias que están en guerra -por ahora comercial- fue un acto de desesperación más que un movimiento estratégico. Ahora, la creciente tensión entre las dos grandes potencias que disputan los mercados mundiales, puede tensar aún más la economía Argentina, que hoy no está en condiciones de sostenerse sin endeudamiento.
Si el gobierno de Biden no libera otra tanda de dólares para estirar los plazos de los próximos pagos, estaremos al borde de un “Rodrigazo” -la crisis que estalló en 1975 bajo el gobierno de Isabelita- pero con peores consecuencias, debido a la situación de la economía mundial y, como dijimos al principio, a la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que condiciona todo.
La clase obrera, que comenzó a librar algunos combates importantes, como la gran huelga docente de Salta, debe comenzar a coordinar estos conflictos y a construir una nueva dirección, política y sindical, que le permita enfrentar con éxito al ajuste y los ajustadores. Es que, pase lo que pase en las alturas, la política de todos los grupos patronales, por más que se peleen entre sí, no es otra que lograr que la crisis la paguen los laburantes, con salarios a la baja y liquidación de las conquistas laborales.
La izquierda, especialmente aquella que se organiza alrededor del FITu, debe utilizar la campaña electoral para impulsar esta dinámica, única manera de convertirse en la conducción revolucionaria de la clase obrera y el pueblo pobre, que reclaman las actuales circunstancias. Desde Convergencia Socialista participaremos en las elecciones, apoyando a la fórmula encabezada por Myriam Bregman, con ese propósito.

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